REDACCIÓN ELONCE
Desde el vivero de especies nativas "El Chañar", en Oro Verde, docentes e investigadores promueven la conservación del monte nativo, la educación ambiental y la producción de árboles autóctonos para fortalecer la biodiversidad.
El vivero de especies nativas “El Chañar” se convirtió en un espacio de educación ambiental, conservación e investigación dentro de la Facultad de Ciencia y Tecnología de UADER, en Oro Verde. Los docentes Alfredo Grimaux y Cristian Hergenreder explicaron el trabajo que realizaban junto a la Reserva Natural Protegida Escuela Alberdi durante una entrevista con Moviendo el Avispero, por Elonce Radio & Stream FM 98.7.
La iniciativa había surgido a partir de una convocatoria de proyectos sustentables presentada en 2021. Tras ser seleccionada, permitió construir un vivero mediante el trabajo colaborativo de docentes, estudiantes y personal de la institución universitaria.
“Los fondos se constituyeron en el armado de este vivero que fue totalmente colaborativo con docentes, alumnos y personal de maestranza de la facultad”, explicó Hergenreder. Desde entonces, el espacio se integró a los proyectos de extensión y a las visitas guiadas realizadas en la reserva.
Un espacio para conocer la biodiversidad
El vivero contaba con una muestra de semillas de distintas especies nativas, utilizadas como herramienta para acercar a niños, jóvenes y adultos al conocimiento del monte entrerriano. Las recorridas estaban orientadas a instituciones escolares de todos los niveles y también a integrantes de la comunidad.
“Hacemos visitas guiadas en la reserva de la escuela Alberdi y también dentro del vivero y aquí principalmente enfocada a lo que es la educación ambiental”, señaló Hergenreder.
El trabajo aborda las características del monte nativo, la selva en galería y las diferentes problemáticas ambientales que afectaban a esos ecosistemas.
Además, los docentes incentivan a los estudiantes a investigar posibles formas de intervenir, colaborar y proteger los ambientes naturales.
La adaptación de las especies nativas
Grimaux destacó que los árboles autóctonos están mejor preparados para atravesar períodos de sequía, exceso de lluvias y variaciones de temperatura. Esa adaptación les permite sobrevivir a condiciones que podían resultar adversas para especies introducidas.
“Las especies nativas son las especies mejor adaptadas para soportar o atravesar cualquier situación climática, situaciones de temporadas o años de exceso de lluvia, años muy secos”, afirmó.
El docente recordó la extensa sequía registrada durante 2020, 2021 y 2022. Luego de ese período, los investigadores observaron un comportamiento particular en los algarrobos y otras especies nativas, que produjeron una cantidad inusual de semillas.
Una respuesta frente a la sequía
“Al final de sequía, el verano 2022, tuvimos una cosecha de vainas o de semilla de especies nativas, especialmente algarrobo, el triple de lo que cosechamos anualmente”, relató Grimaux.
El fenómeno podía interpretarse como un mecanismo de compensación natural. Ante condiciones ambientales críticas, los árboles habrían incrementado su producción de semillas para garantizar la continuidad de la especie y asegurar nuevas generaciones.
Los algarrobos, integrantes de la familia de las fabáceas, eran fundamentales para sostener el paisaje del Espinal entrerriano. Se trataba de árboles de crecimiento lento, en muchos casos espinosos, adaptados a terrenos altos y sectores secos.
Monte seco y selva en galería
La Reserva Escuela Alberdi reunía diferentes ambientes. Por un lado, presentaba sectores de monte seco característicos del Espinal y, por otro, áreas húmedas asociadas a vertientes y escurrimientos naturales.
En esas zonas crecían especies como canelo, curupí, jacarandá y guayabo negro, vinculadas con suelos de mayor humedad. Esa diversidad permitía estudiar en un mismo recorrido distintas formaciones vegetales de la provincia.
Sin embargo, los docentes advirtieron que muchas especies nativas habían perdido territorio durante las últimas décadas. Entre las principales causas mencionaron el avance de la frontera agrícola y la expansión de plantas exóticas invasoras.
El avance de las especies invasoras
“Primero lo que tiene que ver con la expansión de la frontera agrícola y después con la competencia que empieza a aparecer con especies exóticas invasoras”, explicó Hergenreder.
Entre las especies problemáticas mencionó al ligustro y la acacia negra, introducidas originalmente por motivos ornamentales o comerciales. Con el paso del tiempo, esas plantas lograron dispersarse en áreas naturales y comenzaron a desplazar a los árboles autóctonos.
“Son especies que el hombre ha introducido con otros fines comerciales, ornamentales, pero que se supieron dispersar en nuestros ambientes naturales y desplazan a la especie nativa”, detalló.
Un cambio en el arbolado urbano
Los docentes destacaron que durante los últimos años aumentó el interés por incorporar árboles autóctonos en plazas, parques, calles y espacios educativos. La facultad había desarrollado actividades con municipios, comunas y escuelas de Paraná, San Benito, Colonia Ensayo y Aldea Santa María.
“Ahí hay una un cambio de paradigma que va desde jardines y parques exclusivamente hechos de nativas o construidos con especies nativas. Históricamente, se trabajó con especies exóticas”, expresó Hergenreder.
La propuesta no se limitaba a plantar árboles, sino que buscaba que los estudiantes comprendieran sus nombres, características, funciones y relaciones con la fauna. Las especies nativas atraían aves, insectos y otros organismos vinculados con el ecosistema regional.
El asombro de los estudiantes
Durante las visitas, los niños observan semillas con formas, tamaños y texturas que muchas veces habían visto previamente sin conocer su origen. La muestra funciona como un primer acercamiento a la biodiversidad.
“Muchas veces tienen registro de que algo vieron, algo de esto, pero nunca supieron sus nombres, ni los vulgares, menos su nombre científico”, indicó Grimaux.
El docente aseguró que el desafío consiste en recuperar la capacidad de observar. “La mirada tiene que ser sentirnos como niños para descubrir cosas nuevas”, sostuvo. Los educadores actúan como un puente entre el conocimiento científico y la curiosidad de los visitantes.
Cómo se recolectaron las semillas
La mayoría de las semillas son obtenidas dentro de la reserva o en ambientes naturales cercanos. También reciben donaciones y recolectaban ejemplares durante viajes o visitas a otras zonas.
El período principal de cosecha se extiende desde la mitad del verano hasta abril o comienzos de mayo. Los investigadores deben controlar el grado de maduración de las vainas y recogerlas poco después de su caída para evitar que fueran atacadas por hongos.
“Esas vainas hay que recogerlas lo más pronto posible de su estado de madurez o del árbol o del piso, pero no más de dos o tres días de caída”, explicó Grimaux.
El sonido que indicaba madurez
Una de las formas de reconocer una vaina madura es escuchar el sonido de las semillas en su interior. Al secarse, reducen su tamaño y quedan sueltas dentro de la estructura.
“Una forma sencilla de reconocerla es mover la mano y escuchar si emite un sonido similar al de un cascabel o una campanilla”, detalló el docente.
Ese recurso es enseñado a los estudiantes durante las visitas. Además, los investigadores aclararon que los árboles no producen la misma cantidad de semillas todos los años, ya que atraviesan períodos de descanso biológico.
Qué árbol plantar en casa
Hergenreder recomendó priorizar especies nativas al momento de plantar un árbol en patios, parques o espacios públicos. Aunque algunas podían crecer más lentamente, ofrecían mayores posibilidades de adaptación y supervivencia.
“Cuando elegimos una especie nativa, vamos a encontrarnos con que esa especie está mucho mejor adaptada a nuestro ecosistema, nuestro régimen de lluvia, de temperatura, nuestro suelo”, afirmó.
También explicó que un algarrobo genera un vínculo más amplio con aves, insectos y otras especies que un árbol exótico. Para comenzar a germinar en el hogar, aconsejó elegir semillas de ceibo, timbó o espinillo.
Un algarrobo de unos 800 años
Durante el recorrido, los docentes mostraron un algarrobo cuyo tronco medía aproximadamente 1,20 metros de diámetro. A partir de distintas estimaciones, calcularon que el ejemplar podía tener alrededor de 800 años.
El dato permitió dimensionar el valor histórico y ambiental de la reserva. Según explicaron durante la entrevista, cuando Cristóbal Colón llegó a América, ese árbol ya tendría unos 300 años de vida.
La experiencia finaliza con dos carteles que invitan a los visitantes a reflexionar: uno dice “hacer lo posible” y el otro, “lo posible”. La consigna busca que cada persona analice cuánto está dispuesta a involucrarse en el cuidado del ambiente.
Una reserva como aula abierta
“Buscamos hacer un momento de reflexión con los visitantes, los chicos, la comunidad”, explicó Hergenreder.
Grimaux sostuvo que conocer la flora y sus relaciones exige un compromiso permanente. “Este espacio del vivero, de la reserva es una aula abierta, una aula de intercambio de conocimiento, un aula de flujo de conocimiento”, manifestó.
Los docentes señalaron que el crecimiento urbano de Oro Verde y de las localidades ubicadas al sur de Paraná ha colocado a la reserva en una posición cada vez más central. Por esa razón, consideraron que la demanda de información y educación ambiental seguiría aumentando.
El legado para las nuevas generaciones
Hergenreder expresó que el objetivo es integrar la reserva con distintas disciplinas, como biología, arte, informática, gestión ambiental, química, matemática y criminalística. Cada área podía encontrar una forma de vincularse con la conservación.
“Todos tenemos la posibilidad de encontrar, en nuestro ambiente natural, la manera de vincularnos y pensar qué podemos aportar, qué granito de arena estamos sumando”, afirmó.
Por último, Grimaux destacó el crecimiento de los estudiantes que han participado en los proyectos y luego continuaron su formación profesional. “Me considero satisfecho. Para la facultad es muy importante haber visto el crecimiento profesional de nuestros alumnos, que comenzaron como estudiantes, fueron becarios, se recibieron, siguen especializándose y hoy están transmitiendo un mensaje. Con eso ya sentimos que estamos dejando algo”, concluyó.