REDACCIÓN ELONCE
El sector arrocero atravesó uno de sus momentos más complejos por los elevados costos de producción y la caída del precio del cereal. César Villón alertó sobre el impacto económico y social que tendría la reducción de hectáreas en la provincia.
El sector arrocero entrerriano atravesó una situación crítica por el aumento de los costos de producción, el elevado consumo de combustible que requería el riego y la fuerte caída del precio de venta del cereal. El ingeniero agrónomo y productor César Villón explicó el panorama durante una entrevista con el programa "Moviendo el Avispero", que se emitió por Elonce Radio & Stream FM 98.7.
Villón, perteneciente a una familia vinculada históricamente con la producción arrocera, aseguró que el escenario no tenía antecedentes recientes por su gravedad. “Hemos vivido altos y bajos en la actividad, pero alto y bajo como situación extrema como esta, la verdad que nunca la hemos vivido”, afirmó al describir el presente de una de las principales economías regionales de Entre Ríos.
Según explicó, la problemática podía medirse a partir de la cantidad de kilos que debía cosechar un productor para cubrir los gastos y obtener alguna rentabilidad. Aunque algunos insumos, como los fertilizantes y la urea, habían comenzado a normalizar sus valores, los costos vinculados con la energía continuaban siendo determinantes para la actividad.
El elevado costo del riego
Uno de los factores que más incidía en la ecuación económica era el combustible necesario para extraer agua de las napas profundas. “Nosotros para poder regar una hectárea de arroz gastamos alrededor de 450-500 litros de gasoil únicamente en el concepto de riego de extracción de aguas profundas para ponérselo al cultivo”, detalló Villón.
El productor recordó que el arroz necesitaba alrededor de 100 días con el suelo inundado o saturado de agua. Esa característica demandaba una inversión permanente en energía, especialmente en los establecimientos que utilizaban bombas impulsadas con gasoil, modalidad predominante en varias zonas productivas de la provincia.
Villón explicó que actualmente se necesitaban más de 10.000 kilos por hectárea para cubrir los costos. “Hoy en realidad estamos pasando los 10.000 kg de arroz, la media la media de la provincia 7000 y algo. En general nosotros los productores sacamos alrededor de 8500”, indicó.
Rendimientos que no alcanzaron
Durante la campaña anterior, algunos establecimientos habían logrado promedios cercanos a los 10.000 kilos por hectárea. Sin embargo, el productor advirtió que esos resultados excepcionales difícilmente se repitieran y que, incluso alcanzándolos, la rentabilidad continuaba siendo limitada por el contexto económico.
“El año anterior, el año pasado sacamos promedio 10.000 kg, pero, en el mejor de los casos, son situaciones que no se van a lograr rendimientos que puedan cubrir los costos y que pueda quedar un una renta positiva”, sostuvo.
Villón destacó que el arroz entrerriano contaba con tecnología, semillas adaptadas y conocimientos desarrollados durante décadas por productores, técnicos, investigadores, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y la Fundación Proarroz. “Hacemos un muy buen cultivo, pero hoy las macro medidas económicas nos han sacado de la cancha de juego”, resumió.
Temor por la caída del área sembrada
Las entidades del sector estimaron que podían dejar de sembrarse entre 15.000 y 20.000 hectáreas en la próxima campaña. La reducción tendría consecuencias directas en San Salvador, Villaguay, Colón, Villa Elisa, General Campos, Villa Clara, Concordia y otras localidades vinculadas con la producción y la industrialización del cereal.
Villón remarcó que, a diferencia de otros cultivos extensivos, el arroz generaba valor agregado en las comunidades donde era producido. Una vez cosechado, el cereal era trasladado a secaderos, plantas de acondicionamiento y molinos, lo que sostenía empleos industriales, comerciales, profesionales y de servicios.
“Todo el arroz, a diferencia de los cultivos tradicionales como la soja, el trigo, el maíz, deja valor agregado”, afirmó. A continuación, añadió que la actividad “genera una fuente de trabajo y una economía que derrama este riqueza porque derrama trabajo, genera trabajo”.
El impacto sobre San Salvador
El entrevistado indicó que San Salvador contaba con unas 8.000 hectáreas y Villaguay con aproximadamente 12.000, en su mayoría abastecidas mediante pozos profundos. Por esa razón, la zona quedaba especialmente expuesta al incremento del precio del gasoil.
Las tierras que dejaran de destinarse al arroz podían pasar a cultivos tradicionales, como soja o maíz, o bien a la ganadería. Sin embargo, Villón aclaró que reconvertir una empresa arrocera hacia la actividad ganadera resultaba especialmente complejo por la infraestructura, el capital y los tiempos necesarios.
“Dejar de sembrar arroz es una gran tragedia, diría yo, para la zona por el impacto económico y social que tiene”, expresó. Pese a la preocupación, manifestó que los productores mantenían expectativas de que la caída del área fuera menor a la proyectada.
Precios internacionales y falta de competitividad
Otro de los problemas era la caída del precio internacional del arroz. Villón explicó que la reducción del valor del cereal se combinó con costos internos que no acompañaron las bajas registradas en el mercado mundial.
“Argentina sigue siendo cara para producir, para tener un kiosco, para tener un transporte en la calle y para ser agricultor, para hacer lo que sea”, manifestó. Además, consideró que las actividades productivas estaban atravesadas por una carga impositiva y burocrática que dificultaba la competencia con otros países.
El productor comparó la situación argentina con Uruguay, donde los costos portuarios y logísticos eran inferiores. “En el Uruguay se carga un barco con costos mucho más inferiores que los nuestros”, afirmó. Según señaló, el país vecino había logrado comercializar gran parte de su producción, mientras que Argentina enfrentaba mayores dificultades para vender a valores rentables.
El pedido de financiamiento
Frente a este escenario, el sector solicitó líneas crediticias que permitieran conservar el arroz en los galpones y evitar la venta inmediata después de la cosecha, momento en el que la elevada oferta tendía a deprimir los precios.
“La caja de ahorro que tiene el agricultor es su cosecha”, explicó Villón. Los productores necesitaban vender el cereal para afrontar servicios, insumos e inversiones, por lo que el financiamiento podía brindarles margen para esperar una recuperación de los valores.
Las entidades habían mantenido reuniones con representantes del Banco Nación y del Gobierno de Entre Ríos a través del Fondo de Entre Ríos. “Tratar de buscar financiamientos que aún no lo hemos obtenido para poder hacer eso, resistir con nuestro cereal en el galpón y venderlo más adelante”, manifestó.
La expectativa por la Fiesta Nacional del Arroz
Villón recordó que durante noviembre se realizaría una nueva edición de la Fiesta Nacional del Arroz en San Salvador. El productor expresó que el desafío no solo consistía en organizar un evento destacado, sino también en llegar a esa fecha con una superficie sembrada que garantizara la continuidad de la actividad.
“Pretendemos estar a la altura en todos los sentidos, en presentar una buena fiesta, pero también en tener como respaldo la mayor cantidad de hectáreas sembradas”, indicó.
Finalmente, destacó que la producción sostenía a los molinos, la industria metalmecánica, los prestadores de servicios y los profesionales vinculados con el cultivo. “Seguimos trabajando desde la entidad para poder lograr y seguir subsistiendo como productores”, concluyó.