REDACCIÓN ELONCE
El Festival Nacional de Jineteada y Folclore volvió a unir historia y futuro en Diamante. Las Voces de Montiel celebran 47 años de trayectoria ante su gente, mientras que el joven artista Valentín Fernández cumplió el sueño de debutar en el escenario mayor. Sus testimonios.
Las Voces de Montiel celebraron 47 años de trayectoria en el Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante, en una noche cargada de emoción, memoria e identidad entrerriana, que también tuvo como protagonista al joven artista Valentín Fernández, quien cumplió el sueño de debutar en el escenario mayor ante su gente. El tradicional festival volvió a convertirse así en un punto de encuentro entre generaciones, donde la historia viva del folclore provincial convivió con las nuevas voces que comienzan a proyectarse.
El escenario de Diamante, considerado uno de los más emblemáticos del folclore entrerriano y argentino, fue testigo de un nuevo reencuentro entre Las Voces de Montiel y su público. El grupo, nacido en 1979, regresó al festival que los vio crecer y consolidarse, reafirmando un vínculo que se mantiene intacto a lo largo de casi cinco décadas.
Casi medio siglo de música entrerriana
La historia de Las Voces de Montiel comenzó hace casi 50 años con los hermanos diamantinenses Jorge “El Cumpita”, Eduardo “Coco” y Víctor Acosta. Desde sus inicios, el conjunto se propuso un objetivo claro: revalorizar la música entrerriana y llevarla a los principales escenarios del país, defendiendo la identidad litoraleña con un estilo propio y profundamente arraigado a la región.
Ese camino los llevó a recorrer festivales de enorme relevancia, como Cosquín y Jesús María, además de innumerables escenarios en Entre Ríos y otras provincias. Sin embargo, Diamante siempre ocupó un lugar especial en su historia. Volver a cantar ante su gente, en el marco del Festival Nacional de Jineteada y Folclore, significó una experiencia atravesada por la emoción y el sentido de pertenencia.
Con el paso del tiempo, Las Voces de Montiel dejaron de ser solo un grupo musical para transformarse en una verdadera familia artística. A la formación original se sumaron los sobrinos Alejandro y Sergio Acosta —hijos de Jorge “El Cumpita” Acosta— y Chari Acosta Crick, hija de Víctor, lo que permitió una renovación generacional que mantuvo viva la esencia del conjunto.
“Diamante una vez más nos dijo que sí”
En diálogo con Elonce, Víctor Acosta expresó la emoción que le generó el recibimiento del público. “Estoy grande ya y me recontra emocioné de este recibimiento de la gente y así que Diamante una vez más nos dijo que sí”, relató, conmovido por la respuesta del público que colmó el predio.
El músico también destacó la importancia de la continuidad del grupo a lo largo del tiempo. “Este año estamos, con mi hermano estamos cumpliendo con las Voces de Montiel 47 años y después se incorporaron ellos nuestros hijos y bueno y nos han dado una renovación tan importante que podemos seguir vigente con las Voces de Montiel para cantarle a Ríos”, afirmó, poniendo en valor la incorporación de las nuevas generaciones.
Víctor Acosta subrayó, además, la responsabilidad que implica presentarse en el Festival de Diamante. “Siempre renovado los nervios, siempre son renovadas las responsabilidades, preparamos un repertorio exclusivamente para este escenario”, explicó. En ese sentido, valoró el rol del festival como espacio de proyección para los artistas emergentes: “Siempre dan oportunidad a la gente joven para que se pueda expresar y se pueda renovar la música, porque van a ser los que van a defender después nuestra música”.
Cantar en el pueblo, una emoción distinta
Alejandro Acosta también destacó el significado especial que tiene presentarse en la ciudad que los vio crecer. “Cantar en tu pueblo tiene algo muy especial, ¿viste? Porque, gracias a Dios, hemos andado por un montón de lugares, pero cada vez que tenemos que estar acá, cantarla a nuestra gente, a la gente que vemos todos los días, tiene algo muy especial”, expresó.
El músico hizo referencia al fuerte simbolismo del predio donde se desarrolla el festival. “Si vos entraste hoy al predio, hay estatuas, una de ellas de mi papá, mi hermano, que fue el fundador del grupo, entonces todo el contexto se da para que sea una noche emocionante realmente”, señaló, remarcando el peso de la historia y la memoria colectiva.
Por su parte, Eduardo “Coco” Acosta reflexionó sobre la vigencia del Festival Nacional de Jineteada y Folclore a lo largo del tiempo. “La gente de acá lo siente suyo, llega la fiesta y ya se vienen preparando todo el año para venir y concurrir y no falla. Diamante no falla”, sostuvo.
Incluso frente a condiciones climáticas adversas, destacó la presencia del público: “Estaba el tiempo feo, lloviznaba, la gente está presente”.
Con casi medio siglo de historia, Las Voces de Montiel volvieron a demostrar que su música sigue viva, sostenida por la memoria, la familia y el acompañamiento incondicional de su gente.
Valentín Fernández y el sueño cumplido
La misma noche que celebró la trayectoria de Las Voces de Montiel también abrió espacio para las nuevas generaciones. El Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante volvió a mostrarse como una vidriera para artistas jóvenes, y uno de ellos fue Valentín Fernández, quien debutó en el escenario mayor con apenas 20 años.
El joven músico diamantino formó parte de la grilla del festival y vivió una de las noches más importantes de su carrera artística. En diálogo con Elonce, expresó su emoción por cantar ante su gente. “Estoy muy feliz, cumpliendo un sueño. El sueño de estar en el festival, y qué más lindo que con mi gente y en mi ciudad. Pero además, en un escenario con tanta trayectoria y que tantos grandes artistas han pisado”, manifestó.
Fernández remarcó que cumplir ese objetivo fue profundamente movilizante. “El hecho de que haya podido cumplir este sueño, me pone muy feliz”, agregó a Elonce, todavía impactado por la experiencia.
Una meta presente desde la infancia
El debut en el Festival de Diamante no fue un hecho casual en la vida del joven artista. Según contó, ese escenario estuvo siempre presente como una meta clara desde que comenzó a cantar. “Tengo 20 años, arranqué con 10 en 2015, y siempre que me preguntaban ¿a dónde querés cantar?: Siempre decía el Festival de Diamante. Que hoy se cumpla es muy fuerte”, relató.
La presentación se dio en una grilla que combinó figuras consagradas y nuevas voces, una característica que distingue al festival y lo convierte en un espacio clave para la proyección del folclore. En ese contexto, Valentín Fernández vivió su actuación con una intensidad difícil de describir. “Es una energía impresionante, la adrenalina del momento es hermosa, va a ser una noche que nunca me voy a olvidar”, afirmó a Elonce.
Formación, identidad y compromiso con el litoral
Además de su actividad artística, Valentín Fernández se encuentra cursando el profesorado de música en Paraná, una formación que complementa su desarrollo como cantante. “Estoy estudiando el profesorado de música en Paraná, así que va de la mano con lo que estoy haciendo”, explicó.
El joven destacó que los estudios le brindaron herramientas fundamentales que aplica en su carrera. “El profesorado me ha brindado muchas herramientas que pongo a prueba en esto, por ejemplo, al momento de la selección de las canciones”, señaló. Esa búsqueda, dijo, responde a una convicción profunda: “Siempre levantando en alto la música litoral”, afirmó a Elonce.
Fernández remarcó que su elección artística está íntimamente ligada a la identidad local. “Yo creo que hay que mantener vivo esta parte de Diamante, algo que lo caracteriza, que es la tradición del litoral, por eso me dedico a esto”, sostuvo, reafirmando su compromiso con el folclore entrerriano.
Un festival que une generaciones
La convivencia en una misma noche de artistas con casi medio siglo de trayectoria y jóvenes que recién comienzan a recorrer su camino resume el espíritu del Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante. Las Voces de Montiel, con su historia y su legado, y Valentín Fernández, con sus sueños y proyecciones, representaron dos caras de una misma tradición que se renueva sin perder sus raíces.
El festival volvió a demostrar que la música entrerriana sigue viva, sostenida por quienes la construyeron durante décadas y por quienes hoy toman la posta para proyectarla hacia el futuro.
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