REDACCIÓN ELONCE
Un especialista en adolescencia analizó el hecho ocurrido en una escuela y advirtió sobre el impacto del bullying, el acceso a armas y la falta de políticas públicas para prevenir situaciones de violencia. "No hay consecuencias para la inconducta", sentenció a Elonce.
La violencia escolar y el bullying en adolescentes fueron puestos en debate tras el hecho ocurrido en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un alumno de tercer año, de 15 años, ingresó armado y disparó contra sus compañeros, provocando la muerte de un estudiante de 13 años y dejando a otros dos menores heridos.
A partir de este caso, el psicólogo especializado en adolescencias, Santiago Resett, explicó a Elonce que estos episodios violentos suelen estar asociados a múltiples factores. “No es el bullying la única causa, pero puede ser un detonante o desencadenante”, señaló.
En ese sentido, indicó que el acoso escolar puede generar consecuencias emocionales profundas. “El bullying puede causar depresión, desesperanza y la idea de que no hay salida, no hay futuro”, afirmó.
Factores que pueden influir
El especialista remarcó que estos hechos no responden a una única causa, sino a la combinación de distintos elementos. Entre ellos mencionó el acceso a armas, el consumo problemático de sustancias, conflictos familiares y posibles problemáticas psicológicas previas.
“Si un adolescente no tiene acceso a un arma, esto no ocurre”, sostuvo, al tiempo que subrayó la importancia del control en el entorno familiar.

Además, señaló que el aislamiento y la acumulación de conflictos pueden derivar en decisiones extremas. “Sumado todo esto puede llevar a que, cansado y desesperado, el adolescente actúe de esta manera”, explicó.
Señales de alerta en adolescentes
En la oportunidad, el profesional advirtió sobre la necesidad de detectar cambios en el comportamiento. “Hay que prestar atención a la tristeza, el aislamiento, problemas de sueño o de alimentación”, indicó.
También mencionó la importancia de atender expresiones vinculadas a la muerte o al deseo de desaparecer. “Cuando un adolescente dice ‘quiero que todo termine’, hay que preguntar a qué se refiere”, sostuvo.
En ese marco, cuestionó la idea de que los adolescentes expresan espontáneamente sus problemas. “Se piensa que si es algo grave lo van a contar, pero no siempre sucede así”, explicó.
Falta de políticas públicas y rol de los adultos
Resett planteó que existe una ausencia de políticas públicas claras para abordar el bullying. “No hay una política nacional o provincial que indique cómo trabajar estos casos”, afirmó al apuntar, además, a la falta de estadísticas vinculadas a la problemática.
Además, señaló limitaciones en el ámbito escolar. “Los docentes muchas veces dicen que no pueden hacer mucho, porque no hay herramientas ni reglas claras”, indicó.
En ese sentido, destacó la necesidad de establecer reprimendas frente a situaciones de acoso, tanto para los adolescentes como para sus padres. “Tiene que haber reglas claras y sanciones para quienes agreden”, expresó al cuestionar "la falta de consecuencias para la inconducta". De hecho, apuntó a la falta de "amonestaciones y la no repitencia".
El especialista concluyó que la prevención requiere intervención temprana y trabajo conjunto entre familias, escuelas y el Estado para evitar que estos episodios se repitan.