REDACCIÓN ELONCE
La tradicional caravana de la Virgen del Rosario recorrió Paraná durante más de siete horas y unió parroquias y barrios en una jornada de profunda devoción. Flores, aplausos, lágrimas, pedidos y agradecimientos marcaron un recorrido que Elonce acompañó desde la salida hasta el regreso a la Catedral.
La caravana de la Virgen del Rosario recorrió Paraná durante más de siete horas este miércoles 7 de octubre y convirtió la celebración de la patrona de la ciudad en una sucesión de encuentros atravesados por la fe.
Desde las 10, cuando la imagen salió de la Catedral Metropolitana, hasta pasadas las 17, vecinos de diferentes barrios se acercaron a parroquias, veredas y calles para saludarla, entregar flores, rezar y compartir historias personales con Elonce.
La escena cambió de barrio en barrio, pero mantuvo elementos comunes durante toda la jornada: campanas que anunciaban la llegada, pétalos arrojados al paso de la imagen, globos, rosarios, pañuelos, niños que esperaban junto a sus familias y adultos mayores que salían de sus casas para verla pasar. Algunos agradecieron; otros pidieron por salud, trabajo, paz o por un familiar. Muchos hicieron ambas cosas.
Elonce acompañó la caravana desde sus primeros minutos y registró el recorrido de la patrona por las comunidades. Antes de partir, el padre Javier Velicogna había sintetizado el sentido de la jornada: “María va a repartir bendiciones de parte de Dios, de Jesús, para todas las comunidades”. Y agregó: “Si nos vamos acercando a María, María nos va a llevar a Jesús”.
De la Catedral a los barrios: comenzó un recorrido cargado de emoción
Pasadas las 10, la Virgen dejó la Catedral acompañada por sirenas, vehículos, bicicletas y fieles. La primera parada fue la parroquia Nuestra Señora del Carmen y desde allí comenzó un extenso itinerario que atravesó numerosos sectores de la capital entrerriana.
La imagen visitó comunidades desde Bajada Grande hasta San Agustín y continuó durante toda la tarde hasta completar el circuito previsto.
Una de las mujeres que acompañó la partida explicó a Elonce que participaba, como cada año, con la misma emoción. “Se agradece y siempre se pide un poquito más por salud, por trabajo, por nuestra familia”, contó antes de sumarse al recorrido.
El paso por Bajada Grande tuvo un significado particular. Allí, en la parroquia Inmaculado Corazón de María, los vecinos comenzaron a rezar el Rosario antes de que llegara la imagen.
La vinculación de ese sector con la patrona remite además a los orígenes religiosos de Paraná: la primitiva población se nucleó alrededor de una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario en la antigua Bajada del Paraná.
Bajada Grande: “La Virgen siempre nos trae esperanza”
Flores en las manos, cantos y oraciones marcaron la espera. “Esperamos el paso de la Virgen, que siempre nos trae esperanza. El cristiano tiene fe y la expresa de esta manera”, contó uno de los fieles. Otro explicó el sentido de rezar antes de recibirla: “Nos preparamos espiritualmente para este momento tan simbólico”.
El padre Tito Albornoz destacó a Elonce el vínculo de la comunidad con María. “La imagen de la Virgen del Rosario es tan llegada a nuestros fieles, tan querida. Qué mejor que recibir a la madre con flores, con cariño, con amor”, expresó. Y recordó que Bajada Grande también mantiene la tradición de llevar a la Virgen por el río durante la fiesta náutica.
Entre los pedidos hubo uno que trascendió las necesidades personales. El sacerdote expresó el deseo de “unidad, diálogo y paz” para Argentina. Mientras tanto, Noa, una de las vecinas que aguardaba acompañada por un niño, resumió el sentimiento que se repetiría durante el día: “Se pide, se agradece también, pero siempre agradecida”.
San Agustín: flores, agua para bendecir y una promesa cumplida
La caravana avanzó hacia San Agustín y la parroquia Cristo Peregrino se llenó de vecinos. Había flores, rosarios y recipientes con agua para bendecir. “Esperando a nuestra madre, que derrame sus bendiciones en su día, con mucha salud, mucho trabajo, paz y amor”, expresó una mujer a Elonce.
Cuando le preguntaron qué significaba la Virgen para ella, no necesitó una explicación extensa: “Todo. Corazón, bendición, todo”. Otra vecina llegó pese a tener un pie enyesado. No quiso faltar porque, según contó, tenía un motivo concreto: “Como todos los años, agradeciendo por todos los milagros que ha hecho en la familia”.
“Es un momento muy emocionante y gracias a Dios pude venir a agradecer como todos los años”, agregó. A pocos metros, otra mujer describió la relación con la patrona desde una perspectiva maternal: “Ella siempre nos acompaña y nunca nos abandona como hijos, nunca nos abandona”.
Una beba y una historia de agradecimiento
En San Juan Bautista, las campanas anticiparon la llegada. Los vecinos habían preparado flores y globos y hasta un grupo de chicos colaboró inflando un centenar de globos para recibir a la imagen. Cuando apareció la caravana, los pétalos comenzaron a caer sobre el recorrido.
“Emociona ver la llegada de la Virgen al barrio. La Virgen es como una segunda mamá que nos protege todos los días”, contó una vecina. Otros fieles llevaron flores de sus propios jardines y hubo quienes se acercaron específicamente para pedir por personas enfermas.
Pero una de las escenas más significativas tuvo como protagonista a una beba de apenas un mes, cuyo nombre fue elegido en homenaje a la Virgen. Su familia había atravesado dificultades durante el embarazo y había realizado un pedido especial. “Le pedí con orgullo tener la nena para cerrar el ciclo”, relató su mamá. Al verla allí, en brazos de su familia, el agradecimiento fue directo: “Agradecer a la Virgen sobre todo, son milagros”.
Santa Ana: “Todo para mamá María”
Después de pasar por Nuestra Señora de la Piedad y Sagrado Corazón de Jesús, la imagen llegó a Santa Ana. Allí la comunidad había esperado durante más de una hora y preparó pétalos, papelitos y globos junto a niños y jóvenes de la Infancia y Adolescencia Misionera.
“Es un momento de emoción, de santificación para nuestro barrio, para toda la comunidad”, señaló un vecino. Una mujer que atravesaba problemas de salud contó por qué necesitaba estar presente: “La esperaba porque ando con problemas de salud y le pido a ella que me responda”.
Velicogna observaba cómo, parada tras parada, se repetían las muestras de cariño. “Recibe flores, intenciones, rosarios, pañuelos. La verdad que se ve la fe en Jesús y en María”, afirmó.
El padre Jorge Bonín agregó: “Esa madre que nos regaló Jesús está siempre apoyándonos en toda situación de nuestra vida”. Una joven condensó el esfuerzo de quienes decoraron la parroquia: “Todo para mamá María”.
Cada parroquia, como una cuenta del Rosario
En Santa Lucía, las campanas volvieron a anunciar la proximidad de la caravana. Había azucenas, imágenes religiosas y agua para bendecir. Una mujer que integra esa comunidad desde hacía cuatro décadas expresó: “Agradecida a Dios por mi comunidad, por mi familia y estoy muy feliz”.
El párroco Javier Murador encontró una imagen para explicar el recorrido completo: “Cada parroquia que visitan es como una cuenta del Ave María del Rosario, uniéndonos bajo la advocación de la Virgen del Rosario a todas las parroquias de la ciudad”.
Para el sacerdote, la caravana también permitía que la patrona llegara a quienes, por edad, salud o diferentes dificultades, no podían concurrir a la celebración central. “Es una gran bendición que la madre pase por la casa de sus hijos”, sostuvo, antes de formular su deseo para la ciudad: “Que el manto de la Virgen nos cubra a todos y nos sintamos hermanos de verdad”.
“Ella está acá, es la madre de todos nosotros”
En Santo Domingo Savio volvieron a escucharse bocinas y campanadas. Un hombre que había participado de todas las ediciones de la caravana intentó poner en palabras la escena: “Es algo que no se puede explicar con palabras. Ella está acá, es la madre de todos nosotros”.
Una mujer celebró la posibilidad de “saludar a nuestra madre del cielo, que sale a recorrer y a bendecir tantas familias”. Otra transformó su oración en un pedido colectivo: “Que nos dé mucho amor y mucha unión a los argentinos”.
La misma combinación de emoción y necesidades concretas apareció más adelante, en San José Obrero. “Tenemos que pedir por la paz del mundo, por la gente que no tiene trabajo”, manifestó entre lágrimas una mujer. Otra vecina llegó acompañada por su nieta y afirmó: “Vengo a agradecer y a pedir, siempre hay algo para pedir. Y la Virgen te responde”.
“El paso de una madre que nos abraza”
El padre Sergio Hayy, de San José Obrero, definió la visita desde la imagen de una madre que llega al encuentro de sus hijos. “Su paso es un paso de una madre que nos abraza, nos da su cariño, su ternura”, señaló a Elonce.
En San Francisco de Borja, la imagen fue recibida con aplausos, pañuelos blancos y amarillos y flores. Allí también aparecieron pedidos de salud y trabajo. Una mujer que atravesaba una enfermedad expresó una de las frases más fuertes de la jornada: “La fe me está manteniendo viva. Siento mucha paz, estoy muy agradecida”.
Los niños participaron en cada parada. Una pequeña de ocho años explicó con sencillez por qué había ido a recibir a la patrona: “La quiero mucho”. La frase se sumó a decenas de testimonios que, desde distintas edades y realidades, compartieron un mismo tono de cercanía con la imagen.
Fátima y San Juan Bosco: “La fe mueve montañas”
La tarde avanzaba y la caravana llegó a Nuestra Señora de Fátima. Otra vez sonaron las campanas. “Mucho amor por la Virgen y mucha fe”, explicó una mujer que pidió por la salud de sus hijos y nietos.
“La fe mueve montañas”, resumió otra fiel. Y agregó un pedido que volvió a exceder las situaciones particulares: “Que nuestra madre, la Virgen María, nos traiga paz, bendiciones para el pueblo argentino y nuestra ciudad”. Otra vecina pidió “paz, trabajo para todo el mundo”.
En San Juan Bosco, la imagen de María Auxiliadora fue llevada hasta las puertas del templo para recibir a la Virgen del Rosario. Allí, una mujer contó que había realizado una promesa luego de atravesar dificultades de salud junto a su hermana. “Decidí que si ella salía bien iba a venir este año, y vine”, relató.
El regreso después de más de siete horas
Después de atravesar parroquias, avenidas y calles interiores durante más de siete horas, la caravana entró en su tramo final. El recorrido contempló también las comunidades de Nuestra Señora de Pompeya, Virgen de la Medalla Milagrosa, Santa Rafaela María, el Seminario Arquidiocesano, Nuestra Señora de la Esperanza, San Cayetano, San Roque y Santa Teresita, hasta finalizar en San Miguel.
Desde allí estaba prevista originalmente una procesión hasta la Catedral Metropolitana. Sin embargo, el Arzobispado había dispuesto suspender ese tramo a pie debido a la alerta por tormentas que regía para Entre Ríos. La celebración continuó en la Catedral, donde la misa patronal había sido fijada para las 17.30 y encabezada por el arzobispo de Paraná, monseñor Raúl Martín.
Así concluyó una jornada en la que la imagen volvió al punto desde el cual había partido por la mañana, después de atravesar gran parte de Paraná. Entre la primera sirena frente a la Catedral y el cierre de la recorrida quedaron cientos de escenas: una mujer con el pie enyesado que salió a agradecer, una beba cuyo nombre recuerda a la Virgen, niños con flores, personas enfermas que llegaron para cumplir promesas y vecinos que simplemente aguardaron en una vereda para verla pasar.
Una tradición vinculada con los orígenes de Paraná
La celebración no es solamente una expresión religiosa contemporánea. La historia de Nuestra Señora del Rosario está vinculada con los propios orígenes de Paraná. Los primeros pobladores se agruparon alrededor de una humilde capilla dedicada a esa advocación en la antigua Bajada del Paraná y, en 1730, se creó allí una parroquia.
Casi un siglo después, el 1º de enero de 1825, la Virgen del Rosario fue elegida patrona de Paraná mediante un plebiscito popular en el que también fueron propuestos San Miguel Arcángel y Santa Rosa de Lima. En 1944, monseñor Guilland consagró la diócesis a Nuestra Señora del Rosario y posteriormente monseñor Adolfo Tortolo realizó la coronación solemne de la patrona.
Dos siglos después de aquella elección, la devoción volvió a expresarse en las calles. No hubo una única historia detrás de las personas que esperaron a la Virgen: hubo pedidos por enfermedades, agradecimientos por recuperaciones, plegarias por el trabajo, las familias y el país. Pero una frase escuchada durante el recorrido terminó condensando buena parte de lo vivido: “Se pide y se agradece”. Durante más de siete horas, Paraná volvió a hacerlo junto a su patrona.