La medida comenzó a regir este lunes y modificó por completo la postal del emblemático monumento. Menos gente, mayor control y opiniones divididas entre turistas y comerciantes locales.
Quienes este lunes quisieron cumplir con la tradicional costumbre de arrojar una moneda a la Fontana di Trevi, en Roma, Italia, debieron pagar, por primera vez, una entrada de dos euros. El emblemático monumento romano, el segundo más visitado de la ciudad después del Coliseo y hasta ahora de acceso libre, estrenó su sistema de ticket pago en medio de expectativas, polémicas y reacciones encontradas.
Tras varios anuncios y debates, la medida entró finalmente en vigencia y transformó el escenario habitual frente a la fuente barroca inaugurada en 1762 por el arquitecto Nicola Salvi, en el punto final del histórico acueducto que cruza tres vías, origen de su nombre.
Durante la primera jornada, el cambio fue evidente. Pasadas las dos de la tarde, en una jornada soleada pero fría, ya no se observaban las clásicas multitudes agolpadas alrededor de la cuenca. En su lugar, un panorama mucho más ordenado, con un acceso delimitado y controlado.
Al menos una veintena de empleados municipales, identificados como “stewards” con pecheras azules con la inscripción Fontana di Trevi, supervisaban el recorrido: ingreso por el sector derecho del monumento y salida por la izquierda, separados por vallas metálicas. Solo quienes habían abonado el ticket podían acercarse a la fuente y lanzar la tradicional moneda.
Mientras tanto, numerosos turistas optaron por no pagar la entrada y observar el monumento desde mayor distancia. Aunque pudieron tomar fotos y selfies, no tuvieron acceso a la cuenca ni a las escalinatas, ni tampoco a cumplir el ritual que, según la tradición, asegura el regreso a la “ciudad eterna”.
Cómo funciona el sistema de entradas
El ticket es obligatorio para quienes deseen acceder al área de observación de la Fontana entre las 9 y las 22 horas, con último ingreso a las 21. Puede adquirirse de manera online o en una boletería instalada bajo una carpa blanca sobre Via della Stamperia, siempre con tarjeta de crédito. Según el sitio oficial, también es posible comprarlo en museos o puntos de información autorizados.
“Por ahora todo fluyó con tranquilidad. Los turistas extranjeros están acostumbrados a pagar por los monumentos y dos euros no es una suma elevada”, señaló Franco, uno de los stewards. No obstante, advirtió que el verdadero impacto se verá durante el fin de semana, cuando suele incrementarse el flujo turístico.
Críticas de comerciantes y comparación con otros monumentos
La medida despertó un fuerte rechazo entre algunos comerciantes de la zona. Mary, dueña de la histórica zapatería Angelo, ubicada frente a la Fontana, se mostró indignada. “Esto no tiene sentido. La Fontana está al aire libre, no es un museo cerrado. Es una vergüenza”, afirmó.
Según su percepción, el cobro redujo notablemente la circulación de turistas. “Dicen que entraron 3000 personas, pero desde que abrí no vi ni 300. La gente prefiere no pagar”, sostuvo.
El antecedente más cercano es el del Panteón de Roma, que en 2023 comenzó a cobrar una entrada de 5 euros, decisión que también generó debate pero terminó consolidándose.
Por ahora, el estreno del ticket en la Fontana di Trevi dejó una postal inédita: menos multitudes, más orden y una ciudad que vuelve a discutir cómo equilibrar la conservación de su patrimonio con el turismo masivo.