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Espectáculos Relatará su experiencia en el monasterio de Nogoyá

Exmonja de Paraná que compartió convento con la joven que inspiró “Cautiva” prepara un libro

Evelyn Garay convivió durante tres años en el convento de Nogoyá con Silvia Albarenque, cuya historia inspiró “Cautiva”. La exreligiosa, oriunda de Paraná y actualmente, radicada en España, escribe un libro en el que contará su experiencia y las prácticas que aseguró haber atravesado.

7 de Octubre de 2026
Evelyn Garay vive hace cuatro años en España.
Evelyn Garay vive hace cuatro años en España. Foto: (Redes).

Evelyn Garay convivió durante tres años en el convento de Nogoyá con Silvia Albarenque, cuya historia inspiró “Cautiva”. La exreligiosa, oriunda de Paraná y actualmente, radicada en España, escribe un libro en el que contará su experiencia y las prácticas que aseguró haber atravesado.

Una exmonja que compartió convento con la joven que inspiró “Cautiva” está escribiendo un libro para contar su propia experiencia dentro del Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá. Se trata de la oriunda de Paraná, Evelyn Garay, quien convivió durante tres años con Silvia Albarenque y actualmente reside en Valencia, España.

 

Garay ingresó al monasterio cuando tenía 19 años y adoptó allí el nombre religioso de Mariana del Espíritu Santo. Más de dos décadas después, decidió reconstruir aquella etapa y las circunstancias personales que la llevaron a abrazar la vida religiosa.

 

Su historia quedó vinculada con la de Albarenque, cuya experiencia sirvió de inspiración para la serie “Cautiva”, estrenada en Flow en septiembre de 2026. El convento de Nogoyá quedó años después en el centro de una causa judicial que terminó con la condena a tres años de prisión efectiva de la priora Luisa Toledo por privación ilegítima de la libertad.

 

La tragedia familiar que la acercó a la religión

 

La decisión de Garay de ingresar al convento estuvo precedida por un hecho que marcó profundamente su juventud. Su hermano, de 18 años, murió después de que la pared de su habitación se derrumbara debido al desprendimiento de una barranca en el barrio Bajada Grande de Paraná.

 

En medio del duelo, encontró refugio en la religión. Una frase pronunciada por un sacerdote durante el funeral quedó especialmente presente y terminó influyendo en la decisión que tomaría posteriormente. “Si mi hermano que ha fallecido creo que tiene vida eterna, entonces también siento que tengo vocación religiosa. Iré por las buenas o por las malas”, recordó.

 

Con esa convicción ingresó como postulante al monasterio de Nogoyá. Según reconstruyó, allí comenzó un régimen de aislamiento y obediencia bajo reglas estrictas que, desde su perspectiva actual, apuntaban a eliminar progresivamente los rasgos individuales de quienes integraban la comunidad.

Una de las pocas imágenes que Evelyn pudo rescatar del convento de Nogoyá.
Una de las pocas imágenes que Evelyn pudo rescatar del convento de Nogoyá.

 

“No tenés que cuestionar”

 

Al recordar la dinámica cotidiana dentro del convento, Garay describió un sistema en el que las órdenes debían cumplirse sin cuestionamientos. “Si te dicen doble para la derecha, después para la izquierda, después para la derecha, estás en el mismo lugar. No tenés que cuestionar”, ejemplificó.

 

Según relató, las religiosas permanecían prácticamente aisladas del mundo exterior y las restricciones alcanzaban incluso los vínculos familiares. El contacto físico durante las visitas también estaba limitado por las reglas internas.

 

Garay recordó un episodio ocurrido durante la conducción de la madre María de los Ángeles. Según contó, las autoridades le exigieron escribirle a su propia madre después de que esta concurriera a una visita con el cabello teñido de rubio. Debía pedirle que volviera a llevarlo oscuro bajo el argumento de que aquella apariencia no agradaba a Dios.

Las prácticas de mortificación física

 

La exreligiosa también describió prácticas de mortificación corporal que, según su testimonio, comenzaron después de la toma de hábitos. Entre ellas mencionó la utilización de la denominada “disciplina” y del cilicio.

 

Garay describió el cilicio como un elemento de alambre con puntas que se colocaba alrededor de las piernas y podía provocar lesiones y sangrado. También aseguró que se realizaban flagelaciones mientras las religiosas recitaban salmos en la oscuridad.

 

Al reconstruir cómo vivía aquellas situaciones, expresó: “Te sentís vacío, te sentís confundido, sentís que no has aprendido nada de la religión o que no entendés realmente qué es la espiritualidad”. Y recordó el interrogante que comenzó a plantearse: “¿Por qué razón tenés que ejercer esa violencia sobre vos mismo?”.

“Tenés que entregar el dolor”

 

De acuerdo con su relato, frente al sufrimiento físico o los cuestionamientos internos, las respuestas que recibían remitían permanentemente al sacrificio religioso. “Tenés que entregar el dolor, entregar el dolor, entregar el dolor, unirlo a Jesús crucificado”, recordó sobre una de las consignas que se repetían.

 

La experiencia terminó modificando su relación con la religión y derivó posteriormente en su alejamiento de la vida conventual y de la fe que la había llevado hasta Nogoyá. Ahora, radicada en España, comenzó a poner por escrito los recuerdos de aquella etapa.

 

El libro buscará presentar su propia perspectiva sobre lo vivido dentro del monasterio, incluyendo los años en los que compartió el claustro con Silvia Albarenque. Su relato sumará así otra mirada sobre una historia que trascendió los límites de Nogoyá, llegó a los tribunales y, más de dos décadas después, volvió a despertar interés a partir de la serie “Cautiva”.

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