REDACCIÓN ELONCE
El Paraná se mantiene alrededor de los tres metros y sin una crecida significativa, pero vecinos de Puerto Sánchez permanecen atentos ante posibles variaciones. Mariana Ríos explicó a Elonce cómo se preparan y advirtió por los riesgos para pescadores y viviendas.
Los vecinos de Puerto Sánchez permanecen atentos ante posibles crecidas del río Paraná y a las consecuencias que podrían generar las lluvias y tormentas durante los próximos meses. Mariana Ríos, referente del barrio de Paraná, explicó a Elonce que el nivel se encontraba alrededor de los tres metros y que, hasta el momento, no se había registrado un aumento significativo.
“El río todavía está en una altura media. Se ha mantenido fluctuante durante estas últimas dos semanas, con lo cual todavía da un margen de tiempo para poder ver cómo se afronta la crecida”, señaló Ríos.
La referente indicó que la preocupación no estaba relacionada únicamente con el nivel del Paraná, sino también con las condiciones meteorológicas que podrían presentarse. Las lluvias abundantes, tormentas fuertes y ráfagas representan dificultades adicionales para las familias que viven junto al río y, especialmente, para quienes dependen de la pesca.
Los riesgos para los pescadores
Ríos explicó que cuando aumenta el caudal, el río arrastra ramas, residuos y otros elementos que pueden dañar las herramientas utilizadas diariamente por los trabajadores.
“Al pescador lo afecta porque va trabajando con muchas dificultades. El río, cuando crece, arrastra mugre y eso le va rompiendo los espineles y las mallas”, detalló.
A ese escenario se suma la posibilidad de desprendimientos en las barrancas y la caída de árboles ubicados sobre las costas de las islas. “Cuando va creciendo el río surgen algunos peligros. Pueden desprenderse las barrancas o romperse las costas y los árboles pueden caer al río y romper herramientas”, explicó.
Las tormentas también constituyen un riesgo. “No solamente es la crecida del río, sino también las tormentas, los vientos fuertes y el granizo. Eso complica al pescador tanto por el trabajo en las islas y en el río como en la costa”, afirmó.
Preocupación por árboles y viviendas
En Puerto Sánchez también existen árboles de gran porte y antigüedad ubicados en sectores próximos a las viviendas, por lo que los vecinos permanecen atentos ante períodos de lluvias intensas.
“Hay árboles en las barrancas que están peligrando. Si se carga mucho de agua la copa, pueden caer. Hay eucaliptus altísimos y añejos y, si se rompe un gajo o cae un árbol, puede afectar las casas que están abajo”, indicó Ríos.
La referente sostuvo que una combinación de abundantes precipitaciones, viento y aumento del río podría generar inconvenientes tanto en las viviendas como en las actividades productivas.
“Son complicaciones que a los pescadores les generan muchas dificultades para trabajar en el río y en las islas, pero también pueden generar problemas en las viviendas de Puerto Sánchez”, agregó.
La creciente también modifica la pesca
El aumento del río, sin embargo, puede generar mejores condiciones para la aparición de determinadas especies de peces.
“A río revuelto, ganancia de pescador. Los pescadores ven que anda el pescado y salen a buscarlo porque tienen la posibilidad de encontrar algunas especies que en otros momentos no pueden pescar”, comentó.
Ríos señaló que durante los últimos días se observaron buenos ejemplares, aunque insistió en que la actividad implica riesgos cuando el río arrastra elementos o las tormentas sorprenden a los trabajadores en las islas.
“Estos días se han visto lindos ejemplares de algunas especies que en otros momentos no se habían visto”, destacó.
El recuerdo de las grandes crecientes
Puerto Sánchez tiene antecedentes de importantes inundaciones. Ríos recordó especialmente las crecidas de 1998 y 2016, cuando el Paraná alcanzó niveles superiores a los seis metros y amenazó con superar la altura de la calle.
“Hemos tratado siempre de salvar la calle, que no se corte y que el agua no supere su nivel. En las crecientes grandes de 6,30 o 6,50 metros nos tocó trabajar colocando bolsas y rellenando algunos espacios con escombros y tierra”, recordó.
También mencionó la prolongada creciente de 1982-1983, aunque aclaró que en aquel momento la configuración del barrio era diferente. “Afectó muchísimo a las primeras viviendas que están sobre la calle”, sostuvo.
Cómo se preparan los vecinos
Con el paso de los años, algunos habitantes realizaron modificaciones para disminuir los riesgos frente a nuevas crecidas.
“Algunos vecinos lograron rellenar los terrenos y levantar viviendas que estaban bajo el nivel de la calle, pero hay otros que no”, explicó Ríos.
También advirtió sobre sectores del terraplén que consideró vulnerables y planteó la necesidad de observarlos preventivamente ante un eventual aumento del nivel del agua o lluvias intensas.
Frente a ese escenario, pidió a los habitantes del barrio mantener la precaución. “Que estén atentos, que no se dejen estar por la altura del río. Si bien hoy está en una altura media, esto es impredecible”, afirmó.
“Hay que prever”
Ríos recomendó adoptar medidas preventivas sin esperar a que el agua alcance niveles críticos.
“No hay que dejarse estar. Hay que prever e ir viendo de qué manera se puede levantar el terreno, la casa o los muebles para que, llegado el caso, no se sufran complicaciones mayores”, manifestó a Elonce.
Finalmente, aclaró que no existía hasta el momento una fecha certera para un eventual pico de crecida y sostuvo que la evolución dependerá de múltiples factores.
“No hay un informe certero ni concreto sobre cuándo sería el pico. Todavía hay que esperar y ver cómo se va presentando”, concluyó Ríos.