REDACCIÓN ELONCE
Daniel Olivo, colombófilo de Paraná, contó a Elonce cómo es el mundo de las palomas mensajeras, una pasión heredada de su padre que reúne a unos 80 aficionados en Entre Ríos. “No te vas a hacer rico siendo colombófilo. Es algo que llevás en el corazón”, resumió.
La colombofilia continúa vigente en Entre Ríos gracias a la pasión de decenas de aficionados que dedican su vida al cuidado, cría y entrenamiento de palomas mensajeras. En Paraná, Daniel Olivo mantiene viva una tradición familiar que heredó de su padre y que hoy lo encuentra al frente de un palomar con 150 aves destinadas a la competencia y reproducción.
“El colombófilo es una persona que se dedica al cuidado y adiestramiento de palomas mensajeras”, explicó Olivo a Elonce; y relató cómo comenzó en la actividad a los 18 años, acompañando a su padre en las competencias.
Actualmente, en Paraná existen alrededor de 20 colombófilos y, sumando otras localidades como Crespo, Nogoyá, Chajarí y Concepción del Uruguay, la provincia reúne cerca de 80 apasionados por esta disciplina.
Un deporte que combina pasión y entrenamiento
Olivo explicó a Elonce que en su palomar, ubicado sobre calle Lebensohn, posee unas 100 palomas destinadas a competir y otras 50 reproductoras. Cada año deben incorporar nuevos ejemplares debido a las pérdidas naturales que se producen durante las competencias.
La actividad se organiza mediante competencias nacionales. Cada sábado, los colombófilos llevan sus aves a una asociación ubicada en Paraná, donde las palomas son registradas mediante un sistema computarizado antes de ser trasladadas por camiones especiales hacia distintos puntos del país.
“La virtud que tiene la paloma es reconocer el lugar donde ella nació y vuelve siempre ahí; con esa condición y con la salud de la paloma, vuela por voluntad propia y, así como un atleta corre, la paloma vuela”, refirió.
Luego, el domingo por la mañana, miles de palomas son liberadas simultáneamente y cada una regresa a su palomar de origen. “No se sabe exactamente cómo se orientan, pero salen dirigidas hacia su casa”, relató el aficionado.
“Si están bien entrenadas, las palomas vuelan de 10 a 12 horas, lo que les da la hora luz. Y algunas también vuelan de noche”, sumó.
Cómo se mide una carrera de palomas
Las competencias se desarrollan bajo un sistema de velocidad y tiempo, que es informado a una base de datos en Pergamino. Cada paloma lleva un chip en una de sus patas y, al regresar al palomar, queda registrada la hora exacta de llegada.
Además, las aves cuentan con un anillo identificatorio colocado a los siete días de vida, equivalente a un “DNI” que permite conocer su origen y propietario.
El colombófilo destacó que el cuidado de las aves es central en la disciplina y remarcó que no existe maltrato animal. “La paloma vuelve por bienestar, por cariño y por estar con su pareja y sus hijos”, sostuvo al valorar que "la paloma tiene una familia en cada palomar".
La historia de las palomas mensajeras en Argentina
La colombofilia tuvo un importante rol histórico como sistema de comunicación militar. Según relató Olivo, existía incluso la figura del “soldado colombófilo”, encargado de enviar mensajes mediante las aves durante operaciones militares.
En Argentina, la actividad llegó de la mano de inmigrantes belgas que arribaron al país para trabajar en los ferrocarriles de Zárate y trajeron consigo sus palomas mensajeras.
Actualmente, el único palomar militar que permanece en funcionamiento está en Campo de Mayo y es mantenido por la Federación Colombófila Argentina.
La preocupación por la Ley Hojarasca
Durante la entrevista con El Despertador, Olivo también expresó inquietud por los alcances de la denominada “Ley Hojarasca”, debido a interpretaciones que podrían afectar el marco legal de la colombofilia.
“Uno de los artículos de la ley dice que el gobierno se debe hacer cargo de la creación, cuidado y control de las palomas. Pero no es así, sino que por el contrario la Federación Colombófila Argentina la que regula todo lo que es la matriculación de palomas, los censos de Senasa y, en la actualidad, está controlando y cuidando el palomar de Campo de Mayo, que es el único icono que nos queda en el Ejército Argentino”, apuntó.
“La Federación se encarga de la alimentación, los controles y el cuidado de las palomas”, afirmó. Además, señaló que la actividad genera trabajo indirecto a través de empresas de transporte, alimentación, veterinarias y laboratorios especializados.
Una pasión que se transmite de generación en generación
Olivo reconoció que la actividad perdió nuevos adeptos con el paso del tiempo y atribuyó parte de ello al avance de las pantallas y los cambios culturales.
Sin embargo, aseguró que la pasión continúa viva entre quienes crecieron vinculados a las palomas mensajeras. “No te vas a hacer rico siendo colombófilo. Es algo que llevás en el corazón”, resumió.
Este año, además, la Federación Colombófila Argentina celebrará su centenario con una gran competencia nacional que reunirá a miles de palomas de todo el país en Marcos Paz.