Emma Zippan fue diagnosticada con una enfermedad cardíaca severa cuando tenía cuatro meses. Su vida dependía de un trasplante de corazón que finalmente llegó gracias a una familia donante. Su mamá recordó la lucha por salvarla y destacó la importancia de la donación pediátrica.
Emma Zippan recibió un trasplante de corazón hace cuatro años y hoy puede jugar, realizar actividad física y asistir a la escuela, después de haber atravesado una enfermedad cardíaca severa que puso en riesgo su vida cuando apenas tenía cuatro meses. Su historia, que comenzó con un diagnóstico inesperado y continuó con una compleja intervención quirúrgica, se convirtió en un mensaje de concientización sobre la importancia de la donación pediátrica de órganos.
Al cumplirse un nuevo aniversario de la operación, su madre, Natalia Jara, recordó los momentos más difíciles que atravesó la familia desde Misiones hasta Buenos Aires, donde finalmente se concretó el trasplante. La mujer destacó a Misiones online que la recuperación de su hija fue posible gracias a la decisión solidaria de otra familia que, en medio de una pérdida, aceptó donar los órganos de su bebé.
“Nosotros conmemoramos a nuestro ángel donante; hoy es un día para conmemorar a esa familia que dijo sí a regalar vida”, expresó Natalia, al recordar el gesto que permitió que Emma tuviera una nueva oportunidad.
El diagnóstico que cambió la vida de Emma a los cuatro meses
La historia comenzó cuando Emma tenía apenas cuatro meses de vida. Hasta entonces, su familia no imaginaba que enfrentaría una enfermedad cardíaca que requeriría una intervención de alta complejidad.
“A Emmita le diagnosticaron a los cuatro meses una miocardiopatía dilatada severa, que tiene que ver con una infección que afecta al corazón”, recordó su mamá.
El cuadro evolucionó rápidamente y el estado de salud de la bebé se deterioró hasta el punto de que los médicos determinaron que necesitaba un nuevo corazón para sobrevivir.
“Cuando le dieron el diagnóstico, fue tan rápido el deterioro de su salud que necesitó sí o sí un trasplante para poder seguir viviendo”, explicó Natalia.
La niña permaneció internada durante 40 días en el Hospital de Pediatría de Misiones, mientras los profesionales intentaban estabilizarla para que pudiera ser trasladada a un centro de mayor complejidad.
“Fueron momentos muy difíciles, muy duros. Emmita estuvo internada 40 días acá en el Hospital de Pediatría hasta que finalmente la derivaron a Buenos Aires”, relató.
La espera de un corazón y la incertidumbre de la familia
Una vez en Buenos Aires, comenzó otra etapa decisiva: la búsqueda de un corazón compatible que pudiera salvarle la vida.
La situación era especialmente compleja porque Emma necesitaba un órgano de tamaño adecuado para su cuerpo, lo que reducía las posibilidades de encontrar un donante.
Natalia recordó que los profesionales médicos les advirtieron que no podían anticipar cuánto tiempo deberían esperar.
“Cuando llegamos con ella en su estado tan delicado a Buenos Aires nos dijeron: ‘¿Están preparados para esperar no sabemos cuánto tiempo?’”, contó.
La madre explicó que, en los casos pediátricos, la donación representa una decisión particularmente difícil para las familias, ya que se produce en medio de la pérdida de un hijo.
“Depende de la voluntad de una familia en un momento de terrible dolor”, sostuvo, y recordó que Emma necesitaba el corazón de otro bebé.
La espera estuvo atravesada por la incertidumbre y por la necesidad de mantener estable a la pequeña hasta que apareciera un órgano compatible.
Una cirugía de seis horas que le dio una nueva oportunidad
Finalmente, llegó la noticia que la familia esperaba: había un corazón disponible para Emma y podía realizarse el trasplante.
Sin embargo, el anuncio también estuvo acompañado por el temor ante una intervención quirúrgica de gran complejidad y un período posterior de recuperación que requeriría cuidados intensivos.
“Es una mezcla de emociones cuando te dicen que llegó el órgano para tu hija. Es miedo e incertidumbre porque la cirugía de Emma duró seis horas”, recordó Natalia.
La operación representó un momento decisivo después de semanas de internación y de un deterioro que había comprometido seriamente la salud de la niña.
Antes del trasplante, Emma necesitaba asistencia respiratoria y recibía distintos tratamientos para sostener sus funciones vitales.
“Las primeras semanas son muy críticas porque ellos cuando llegan al trasplante llegan con mucha medicación. Emmita estaba con respirador antes del trasplante, entonces es difícil todo el proceso”, explicó su madre.
La recuperación demandó atención médica y controles permanentes, pero con el paso del tiempo Emma logró superar aquella etapa y comenzar una nueva vida.
Cómo es la vida de Emma cuatro años después del trasplante
Actualmente, Emma disfruta de actividades propias de su infancia. Puede jugar, ir al parque, realizar ejercicio y participar de la vida escolar, aunque continúa bajo seguimiento médico.
“Emma puede hacer una vida totalmente normal, hace actividades físicas, va al parque”, expresó Natalia, al describir la recuperación de su hija.
La niña necesita tomar medicación de manera permanente para evitar que su organismo rechace el corazón trasplantado. Este tratamiento también requiere precauciones adicionales frente a posibles infecciones.
“Toma medicación inmunosupresora, que es la que hace que su cuerpito reciba ese corazón y no lo rechace. Por eso en esas cuestiones tenemos mucho cuidado, porque le baja las defensas”, detalló.
Más allá de estos cuidados, la familia destacó que Emma pudo recuperar una rutina cotidiana y disfrutar de experiencias que parecían lejanas durante los momentos más críticos de su enfermedad.
El mensaje de la familia sobre la donación pediátrica
La experiencia de Emma llevó a su familia a promover conversaciones sobre la donación de órganos, especialmente cuando se trata de pacientes pediátricos.
Natalia consideró que es importante abordar el tema dentro de los hogares, para que las familias puedan reflexionar sobre una decisión que puede representar una oportunidad de vida para otros niños.
“Hablamos de pensarnos como una sociedad donante donde la donación sea parte de nuestra vida, para darle la oportunidad a otros chicos que están sufriendo”, manifestó.
La madre remarcó que detrás de cada trasplante existe también una familia donante que atravesó una situación de profundo dolor y tomó una decisión solidaria.
Por ese motivo, cada aniversario de la intervención tiene un significado especial para Emma y sus seres queridos. No se trata solamente de recordar la operación que le salvó la vida, sino también de rendir homenaje al bebé donante y a su familia.
“Hoy es un día para conmemorar a esa familia que dijo sí a regalar vida”, reiteró Natalia.
Cuatro años después del trasplante, la historia de Emma muestra cómo la donación de órganos puede transformar el futuro de un niño. Mientras ella continúa creciendo, jugando y aprendiendo, su familia mantiene vivo el agradecimiento hacia quienes hicieron posible esa nueva oportunidad.