REDACCIÓN ELONCE
Un temporal obligó a suspender el cierre artístico, pero Los Majestuosos del Chamamé improvisaron una presentación íntima bajo la lluvia y emocionaron al público que resistió hasta el final. En diálogo con Elonce, el grupo destacó su historia, el vínculo con la gente y el valor simbólico del escenar
El Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante vivió un cierre tan inesperado como cargado de simbolismo, cuando una intensa lluvia obligó a suspender la programación oficial, pero no logró apagar la música ni el espíritu popular.
El folclore y la tradición quedaron reflejados desde el primer minuto de una noche, que terminó escribiendo una de sus páginas más recordadas.
Las últimas dos montas de la Final de Criadores se desarrollaron bajo un fuerte temporal en el campo Lisardo Gieco. Mientras los jinetes completaban sus actuaciones entre barro, relámpagos y aplausos, del otro lado del predio Los Majestuosos del Chamamé se preparaban para subir al escenario.
Sin embargo, el empeoramiento de las condiciones climáticas obligó a la televisación y a los responsables técnicos a interrumpir la actividad artística.
Como medida preventiva, y ante el riesgo que implicaba la tormenta, la organización recomendó dar por finalizado el festival. El escenario quedó en silencio, las luces se apagaron y gran parte del público comenzó a retirarse. Pero no todos.
Chamamé a pulmón y sin amplificación
Un pequeño grupo de personas decidió quedarse, desafiando la lluvia persistente. Fue entonces cuando ocurrió el gesto que transformó una suspensión forzada en un cierre épico. Sin amplificadores ni micrófonos, y guiados apenas por la luz de algunos celulares, Los Majestuosos del Chamamé se acercaron a las gradas y comenzaron a tocar a pulmón.
Bajo un cielo atravesado por relámpagos y con la lluvia cayendo en abundancia, el chamamé volvió a sonar en su forma más pura. No hubo estridencias ni despliegues técnicos: solo música, cercanía y emoción compartida. Así, el grupo cerró la última noche del festival con una postal que condensó el sentido profundo de la celebración de la tradición.
“Venimos con un repertorio bien arriba”
Minutos antes de ese desenlace inesperado, los integrantes del conjunto habían dialogado con Elonce sobre sus expectativas y el presente del grupo. “Estamos felices de estar acá en este festival”, señalaron.
Con más de 32 años de trayectoria, Los Majestuosos del Chamamé atravesaban un momento de fuerte actividad. “El grupo tiene más de 32 años, pero desde hace un año y medio venimos con un repertorio muy para arriba, para que la gente baile y se divierta, con los viejos éxitos y las canciones nuevas”, relataron a Elonce.
Las expectativas eran altas desde temprano. “Había mucha gente preguntando a qué hora tocaban Los Majestuosos. Ya falta poquito, ya estamos listos para subir al escenario”, contaron a Elonce sin imaginar que ese escenario quedaría, finalmente, a oscuras.
El escenario como lugar de entrenamiento
Consultados sobre la preparación para cada show, respondieron con una definición que resume su identidad: “El entrenamiento lo hacemos arriba del escenario”. Si bien reconocieron que no hay una rutina estricta previa, destacaron el trabajo colectivo. “Compartimos muchos viajes y muchos momentos, y por suerte, el conjunto está trabajando muy bien, así que estamos bastante entrenados igual”, explicaron.
Ese rodaje constante se refleja en el vínculo con el público, uno de los pilares del grupo. “Recibimos el cariño del público, el apoyo. Nos contagian la energía y somos eso: transmitimos en la bailanta lo que nos nace del corazón”, afirmaron a Elonce.
Canciones infaltables y humor compartido
Al momento de hablar del repertorio, surgieron los clásicos. “Métele plomo, Tapecito", para nosotros es la canción insignia, el himno majestuoso, así que es infaltable”, señalaron entre risas. El clima relajado de la charla dejó ver no solo la experiencia musical, sino también el costado humano de una formación que mantiene su esencia a lo largo del tiempo.
Un fenómeno que recorrió el país
Los Majestuosos del Chamamé destacaron el presente que atraviesan, con giras constantes dentro y fuera del país. “La verdad que estamos felices, porque estamos recorriendo todo el país y también países limítrofes, llevando este estilo que fue precursor en muchas cuestiones”, explicaron.
En ese camino, remarcaron la importancia del repertorio propio. “Siempre buscamos tener entre un 70 y 80 por ciento de canciones de Los Majestuosos en cada escenario, y a la vez hacer algunos covers. En su momento, ese estilo fue criticado y hoy suena en todo el país, con muchos grupos que siguieron esa línea”, destacaron al dialogar con Elonce.
El valor simbólico del festival
El Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante tuvo, además, un significado especial para la historia del grupo. “Este escenario significa mucho, principalmente por Aníbal, que no está más físicamente con nosotros, pero su vibra y su espíritu, están más vivos que nunca”, expresaron con emoción.
Recordaron que Aníbal había actuado allí poco antes de la pandemia y que existe un registro muy valioso de aquel momento. “Para él era muy especial este escenario”, subrayaron a Elonce.
Para algunos integrantes actuales, incluso, fue una experiencia inédita: “En mi caso, que es la primera vez que vengo con Los Majestuosos del Chamamé, es un sueño”, dijo.
Un cierre que quedó en la memoria
La noche terminó sin escenario formal, pero con música verdadera. La improvisada presentación bajo la lluvia selló un final que quedará en la memoria del público y de los artistas.
En un festival donde la jineteada desafía al riesgo y el folclore celebra la identidad, el chamamé volvió a demostrar que no necesita más que ganas y corazón para seguir sonando.
Así, el Festival Nacional de Jineteada y Folclore de Diamante bajó el telón de su 54ª edición con un cierre tan simple como profundo: músicos y público unidos, resistiendo la tormenta, celebrando la tradición.