REDACCIÓN ELONCE
El granizo en Nogoyá sorprendió a una familia rural y provocó daños en silobolsas, cultivos y una huerta. Nicolás Pérez relató a Elonce cómo vivieron la tormenta y la preocupación por las reservas destinadas a afrontar los próximos meses.
El granizo en Nogoyá golpeó una zona rural ubicada a unos 45 kilómetros de la ciudad y provocó daños en silobolsas, una huerta y diferentes cultivos de un establecimiento dedicado al tambo, la ganadería y la agricultura. Nicolás Pérez, productor de la zona de Crucecita Tercera, relató en "Moviendo el Avispero", por Elonce Radio & Stream FM 98.7, cómo vivió junto a su familia los minutos en los que se desató la tormenta.
El fenómeno ocurrió cerca de las 11 de este jueves y sorprendió por la rapidez con la que se desarrolló. El cielo se oscureció y, en cuestión de minutos, comenzó una intensa caída de piedras acompañada por algo de viento y precipitaciones.
“Acá estamos todavía superando el momento porque se nos pone la piel de gallina recordar ese momento”, expresó Pérez al describir las sensaciones que dejó el episodio meteorológico.
Una tormenta que llegó en minutos
El productor recordó que se encontraba trabajando cuando advirtió el brusco cambio en las condiciones del tiempo. “Se oscureció y yo prendí luces del tractor. Fue todo muy raro”, relató.
Según explicó, no recordaba haber visto anteriormente un oscurecimiento tan repentino. La tormenta estuvo acompañada por unos 14 milímetros de lluvia, aunque la precipitación quedó relegada frente a la intensidad y tamaño del granizo.
Mientras caían las piedras intentó comunicarse con su padre, que había salido a buscar las vacas, aunque el ruido dentro del galpón hacía prácticamente imposible mantener una conversación.
Daños en las reservas
Pérez explicó que el establecimiento familiar se dedicaba a diferentes actividades agropecuarias. “Esta zona acá es una zona tambera. Nosotros somos tamberos, animales de cría, siembra, engordes, hacemos todo un poco. Es una zona así”, describió.
Uno de los principales motivos de preocupación fueron los daños sufridos por los silobolsas, donde se encontraba almacenado alimento destinado a los animales. Esas reservas habían sido preparadas para afrontar justamente los meses en los que podía haber dificultades por lluvias asociadas al fenómeno de El Niño.
“Era la reserva para afrontarla, lo que todos están anunciando, El Niño. Pero ya no es la primera vez que pasa. El año pasado pasó también, pero no fue de esta magnitud”, indicó.
La incertidumbre después de la pedrada
La magnitud final de las pérdidas dependía de lo que ocurriera durante los días siguientes. El productor explicó que si lograba cubrir rápidamente los silobolsas y no volvían las lluvias, parte del alimento podría conservarse.
“Todo depende porque es mucho el daño, pero si no llueve y logro taparlo, va a ser más un susto y pasará”, expresó.
Sin embargo, admitió que el episodio generó impotencia y preocupación. “En el momento, era impotencia y rabia. En ese momento mi pareja me hablaba y no escuchaba, quería silencio”, recordó.
Los animales también buscaron refugio
Durante la tormenta, los animales intentaron escapar de las piedras y algunos rompieron cercos eléctricos. Pérez contó que observó especialmente el comportamiento de los terneros y de las aves que se encontraban en el lugar.
“Yo veía a los animales: los terneritos disparaban, rompieron hilos eléctricos, salían para la calle, miraba los teros, uno saltaba, les pegaba y todas esas cosas”, relató.
Además de los silobolsas, la granizada destruyó su huerta familiar y dañó plantas. En cambio, los vehículos y tractores se encontraban resguardados dentro del galpón, por lo que no sufrieron consecuencias importantes.
Una franja afectada por el temporal
Según los mensajes que recibió posteriormente de otros productores, el fenómeno no se limitó a su establecimiento. Vecinos de la zona también reportaron inconvenientes en silobolsas y otros daños.
“Por lo que sé, fue una franja de Ramírez. Nosotros estamos en el medio de Crucecita Tercera y hacia Maciá, para el lado de Viale y Nogoyá, norte y sur, pero fue una franja acá por el medio”, explicó.
Pérez recordó además que un fenómeno similar había ocurrido durante el año anterior, aunque en una franja mucho más acotada y con menor intensidad.
Cinco minutos para reaccionar
El productor contó que desde que se oscureció el cielo hasta el inicio de la pedrada pasaron apenas unos minutos. La velocidad del fenómeno dejó poco margen para resguardar animales o trasladar maquinaria.
“Sí, fueron 5 minutos”, respondió al ser consultado sobre el tiempo que tuvieron para reaccionar.
A pocos metros del establecimiento funciona además una pequeña escuela rural. Pérez recordó que vio al docente dando clases antes de que comenzara la tormenta y destacó lo repentino del cambio meteorológico.
La fuerza para volver a empezar
Luego de describir los daños, el productor habló del impacto emocional que generan este tipo de fenómenos para las familias que viven y trabajan en el campo. Pérez explicó que el establecimiento funciona principalmente con trabajo familiar y que cada pérdida representa meses de esfuerzo.
Finalmente, al ser consultado sobre cómo encontraba fuerzas para continuar después de episodios como una granizada, resumió su vínculo con la actividad: “Yo desde mi persona me enfoco en la pasión porque uno ama lo que hace y cuando uno ama lo que hace se vuelve a levantar el otro día”.