REDACCIÓN ELONCE
Los Apiarios Poloni muestran cómo la pasión y la experiencia familiar enfrentan los desafíos de la apicultura en Entre Ríos. "La pasión y el gusto por la actividad es casi todo", destacaron a Elonce.
La historia de los Apiarios Poloni es un testimonio vivo de pasión, trabajo familiar y dedicación a la apicultura. Desde 1976, Darío Poloni comenzó su camino en la apicultura y hoy, junto a su hijo Sebastián, continúa desarrollando esta actividad que combina ciencia, paciencia y amor por las abejas. “Lo que me apasiona de la abeja es que un animalito de un centímetro y pico tenga tantas virtudes, son extraordinarios”, afirma Darío, resaltando la complejidad de estos pequeños insectos que transforman néctar en miel.
Los Apiarios Poloni no solo producen miel, sino también otros derivados como polen, jalea real, propóleo y cera, con la familia involucrada en todas las etapas. Sebastián comenta: “Él me demuestra su pasión, se acuesta pensando en las abejas y se levanta pensando en las abejas. Eso lo transmite con certeza, con errores”. La transmisión de conocimientos entre generaciones ha sido fundamental para mantener viva la tradición familiar, adaptándose a los desafíos que impone la agricultura moderna.
Desde el inicio, Darío se mostró fascinado por la matemática y la química de las abejas: “Es matemática pura el ahorro de cera que hacen para hacer todo un panal ¿Cómo pueden hacer? Y sin embargo producen cera, apitoxinas, etc.”. Este interés inicial lo llevó a comprar sus primeros núcleos y a fundar lo que hoy es un referente en apicultura en Entre Ríos.
Retos de la apicultura moderna
A lo largo de los años, los Apiarios Poloni han enfrentado grandes desafíos. Darío recuerda que antes se podía colocar colmenas sin preocupaciones, mientras que hoy las fumigaciones masivas y la expansión de cultivos como la soja han reducido significativamente la producción: “Cuando antes se producían 80–90 kg de miel, hoy andamos escasamente en los 25–30 kg de miel”. La protección de las colmenas se ha vuelto más complicada, y las leyes, aunque existen, muchas veces ofrecen escasa protección práctica frente a los daños causados por agroquímicos.
El cuidado de las abejas no termina con la cosecha. Durante el invierno, los Apiarios Poloni realizan tareas esenciales de mantenimiento: alimentación, control de parásitos y el reacondicionamiento de cuadros y cera. “Todo lo que se llama trabajo de galpón: estirar los alambre, reacondicionar todo el material, ese es el trabajo de invierno”, explica Darío, mostrando la dedicación que requiere mantener colmenas saludables.
Sebastián también resalta el valor del trabajo en equipo familiar: “En este caso no sos solo vos, parte de la familia está involucrada la actividad también”. La apicultura, como la vida misma, enseña la importancia de la cooperación y la organización social, algo que los Poloni aplican tanto con las abejas como entre ellos.
Diversificación y futuro
Para los Apiarios Poloni, la diversificación ha sido clave. Además de la miel, destacan en la producción de polen, un superalimento muy demandado en Argentina. Darío explica: “El polen surge de una flor, lo recolectamos con una trampa en la piquera, se seca, se limpia y se vende a distribuidores. Es un complejo vitamínico, tiene proteína, aminoácidos”. La jalea real y el propóleo también forman parte de su catálogo, aunque enfrentan la competencia de productos importados.
La economía de la apicultura también ha cambiado. “El precio está históricamente bueno, lo único es que los costos de producción, el combustible, se ha ido muy caro”, detalla Darío. Sin embargo, la pasión y el conocimiento transmitido de padre a hijo aseguran que los Apiarios Poloni sigan creciendo y adaptándose.
La historia de los Poloni es, ante todo, un ejemplo de perseverancia y amor por la actividad: “Si no tenés pasión, no te dediques a otra cosa. La pasión y el gusto por la actividad es casi todo”, concluye Darío, dejando en claro que el legado familiar se basa tanto en la pasión como en la técnica.