REDACCIÓN ELONCE
En el Día del Ferretero, Roberto Meglio repasó junto a Elonce sus 35 años detrás del mostrador en Paraná. Habló del avance de las ventas online, los cambios en los clientes y el valor de un oficio donde muchas veces una consulta es tan importante como una compra.
El Día del Ferretero se celebra este 3 de septiembre y Elonce visitó un tradicional comercio de Paraná para conocer cómo cambió el rubro a través de los años. Roberto Meglio lleva 35 años detrás del mostrador de un negocio familiar que actualmente comparte con sus hijos, Camila y Ezequiel, y desde allí fue testigo de crisis económicas, cambios de monedas, nuevas formas de consumo y, más recientemente, del avance de las plataformas de comercio electrónico.
“Estamos trabajando hace 35 años con un negocio familiar. Hoy están ayudándome mis hijos, Camila y Ezequiel”, contó Meglio. En más de tres décadas, aseguró, atravesaron escenarios económicos muy diferentes, aunque la ferretería mantuvo una característica particular: incluso durante las crisis siempre existe alguna necesidad cotidiana que lleva al vecino nuevamente hasta el mostrador.
“Una vez me dijo un amigo que la ferretería es el primero en arrancar y el último en detenerse ante una crisis, y probablemente sea así, porque siempre se necesita desde un tornillito a un pedacito de alambre”, resumió.
Cómo cambiaron las ferreterías después de la pandemia
Para Meglio, uno de los grandes puntos de inflexión llegó con la pandemia, que aceleró cambios que ya se observaban en la manera de comprar. Las plataformas digitales ganaron terreno y actualmente concentran una parte de las operaciones de mayor volumen.
“Hoy la venta ha cambiado mucho después de la pandemia. Cambió la comercialización en general. La venta grande no está, se la lleva nuestro amigo Mercado Libre”, señaló.
El comerciante explicó a Elonce que una ferretería pequeña o mediana difícilmente pueda competir con la cantidad de opciones que ofrece internet para determinados productos. Una persona que busca una bordeadora o una herramienta eléctrica puede comparar decenas de modelos, marcas, precios y posibilidades de financiación en pocos minutos.
Para los negocios tradicionales, mantener semejante cantidad de mercadería implicaría una inversión difícil de afrontar. “Uno como comerciante chico no puede tener tres, cuatro o cinco marcas de herramientas eléctricas o diferentes precios, una financiación larga”, indicó.
Sin embargo, hay algo que las plataformas digitales todavía no lograron reemplazar: la conversación con el ferretero cuando el cliente no sabe exactamente qué necesita.
Del “cosito” al repuesto correcto
La escena es conocida en prácticamente cualquier ferretería: alguien llega con una pieza en la mano, intenta explicar dónde estaba colocada y pregunta por “el coso que va en el cosito”. Allí aparece una parte del oficio que, según Meglio, solamente puede adquirirse con años de experiencia.
“Viene el que sabe, el que no sabe y el que cree saber. Entonces vos tenés que responderle y darle la seguridad de que esto te va a andar”, explicó.
En su comercio adoptó además una política particular para esos casos. Si el repuesto recomendado finalmente no funciona, permite que el cliente regrese y recupera su dinero.
“Yo siempre le digo a la gente: no te sirve, me lo traés, yo te devuelvo el dinero. No es que te voy a hacer una nota de crédito o te voy a decir que te lo cambio por otra cosa”, señaló.
Esa relación hizo que, después de 35 años, algunos clientes entren incluso sin intención inmediata de comprar. Llegan para plantear un problema doméstico y preguntar cómo pueden resolverlo.
“Hay gente que viene, a veces no a comprar, sino a consultarte: ‘¿Qué puedo hacer con tal cosa?’. Bueno, hacé esto, hacé aquello, no gastes en esto, solucionalo de esta forma”, relató. Y agregó que esa capacidad para orientar al vecino surge fundamentalmente de “los años de atención al público”.
Un negocio del que nunca se desconecta
Detrás de esa relación cotidiana también aparece la exigencia de sostener un comercio durante más de tres décadas. Meglio describió con humor, pero también con crudeza, lo que significa pasar buena parte de cada jornada dentro del negocio. “Yo siempre digo: esto es una cárcel. Yo vengo, la abro todos los días, me meto adentro y estoy preso ocho o nueve horas y me voy”, expresó.
El verdadero desafío, sostuvo, es que la responsabilidad no termina cuando baja la persiana. “Uno al ser el dueño no se desenchufa nunca. Son las 10 de la noche y estás pensando: ‘Mañana tengo que hacer esto, tengo que hablar con fulano, tengo que pagar esto’. Nunca se para”, contó.
Para Meglio, esa dedicación forma parte de cualquier actividad comercial. Cada jornada comienza con nuevas obligaciones y, particularmente en una ferretería, con el desafío permanente de mantener disponible una enorme variedad de productos.
“Todos los días algo se termina. Es impresionante. Vos decís: ‘Estoy completo, bárbaro’. Viene el primero que entra y dice: ‘¿Tenés tal cosa?’. Y no tengo, se terminó ayer”, graficó.
La diversidad también creció considerablemente desde que abrió el comercio. Según recordó, hace 35 años manejaba aproximadamente la mitad de los artículos que ofrece actualmente.
Qué buscan los clientes en una ferretería de barrio
Los repuestos para griferías y baños, elementos para instalaciones eléctricas y llaves de luz están entre las consultas más habituales. Pero intentar establecer cuál es el producto típico de una ferretería resulta prácticamente imposible. “En la ferretería te pueden pedir desde un balde de plástico hasta una hormigonera, pasando por un martillo”, señaló.
Incluso durante la entrevista surgió una prueba espontánea cuando le preguntaron si tenía bolsas de agua caliente. La respuesta fue inmediata: “Tengo, con funda y sin funda”.
Ese enorme abanico de productos explica parte de la vigencia de las ferreterías de barrio pese al crecimiento del comercio electrónico. Las grandes compras pueden haber migrado parcialmente hacia internet, pero permanecen las urgencias domésticas, el repuesto difícil de identificar y la consulta que necesita una respuesta inmediata.
A 35 años de abrir su negocio, Meglio espera continuar algunos años más detrás del mostrador junto a sus hijos. Su historia resume también la transformación de un oficio que tuvo que adaptarse a nuevas tecnologías y formas de consumo, pero que conserva un elemento difícil de trasladar a una pantalla: la experiencia del ferretero que escucha el problema y ayuda al cliente a encontrar la pieza que necesita.