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Policiales Tras la detención de “Amparito”, condenada por abusos

“Mi madre nos entregaba, éramos una ofrenda”: desgarrador relato de víctima de abusos

El relato de Milagros tras la detención de “Amparito” reconstruye una infancia atravesada por abusos, amenazas y miedo. Alejandra Rodríguez fue condenada a 20 años de prisión por su participación en los ataques sexuales contra sus hijas y estuvo prófuga durante una década.

30 de Agosto de 2026
“Amparito”, la mujer condenada por abuso que estuvo 10 años prófuga
“Amparito”, la mujer condenada por abuso que estuvo 10 años prófuga

El relato de Milagros tras la detención de “Amparito” reconstruye una infancia atravesada por abusos, amenazas y miedo. Alejandra Rodríguez fue condenada a 20 años de prisión por su participación en los ataques sexuales contra sus hijas y estuvo prófuga durante una década.

El relato de Milagros tras la detención de “Amparito” expone las consecuencias de una historia que comenzó durante su infancia y que, según cuenta, nunca terminó completamente. Milagros Migueles tiene hoy 25 años y fue quien, cuando todavía era menor, denunció los abusos sexuales que sufría y permitió que comenzara una investigación que posteriormente alcanzó también a su hermana.

 

Su madre, Alejandra “Amparito” Rodríguez, fue condenada a 20 años de prisión por su participación en los abusos cometidos contra sus hijas. Juan Carlos Flores, el hombre señalado como autor de los ataques, recibió una pena de 19 años. La condena contra Rodríguez quedó firme en 2016, pero la mujer escapó y permaneció prófuga durante aproximadamente una década.

 

Esta semana, la Policía finalmente consiguió detenerla en Villa Paranacito. Para Milagros, la captura significó mucho más que el cierre de una búsqueda policial. “Fueron diez años donde mi vida no tenía paz”, resumió.

 

“Éramos como una ofrenda”

 

Milagros recordó que los abusos comenzaron durante su infancia. Según su testimonio, publicado por ElDía, su madre había conocido a Flores cuando las niñas eran todavía muy pequeñas y posteriormente comenzó a llevarlas hasta el lugar donde se producían los ataques.

 

“Lo conoció cuando nosotras teníamos entre 4 y 5 años. Flores y su pareja eran mucho mayores que mi mamá. Él era curandero, así que mi mamá nos daba, nos entregaba a nosotros a cambio, éramos como una ofrenda”, relató.

 

“Después ella empezó a tener relaciones con él también, y nosotros éramos como una ofrenda, o sea, ‘concédeme esto o hacé este tipo de magia y te doy a una de mis hijas’. Así era eso. Ese era el vínculo que yo tenía”, agregó.

Lo que determinó la Justicia

 

La intervención de Rodríguez en los hechos no quedó únicamente comprendida dentro del relato de su hija. La causa judicial determinó su responsabilidad y derivó en la condena a 20 años de prisión.

 

De acuerdo con la acusación considerada por el Tribunal de Gualeguaychú, Rodríguez llevaba a sus hijas hasta el domicilio de Flores y colaboraba directamente para que se produjeran los abusos, bajo argumentos relacionados con supuestas “curaciones”.

 

La sentencia estableció la responsabilidad penal de ambos adultos. Flores recibió 19 años de prisión y Rodríguez fue condenada a 20.

 

Una infancia atravesada por el miedo

 

Mucho antes de la intervención judicial, las dos hermanas atravesaron una infancia marcada por el aislamiento y las amenazas. “Nuestra vida se basaba en ir a la escuela y volver a casa”, recordó Milagros. Según relató, prácticamente no participaban de cumpleaños, celebraciones del Día del Niño, Navidad ni encuentros de fin de año.

 

El contacto con su padre también era limitado. Sus padres estaban separados y, según contó, podían verlo solamente algunas veces por semana y bajo la presencia de su madre, circunstancia que dificultaba que pudieran contarle lo que sucedía.

 

Milagros también recordó las amenazas que recibía para evitar que revelara los abusos. “Ella nos amenazaba: ‘vos hablás y yo mato a tu hermana’, ‘te voy a cortar la lengua’”, afirmó.

 

A las amenazas, según su testimonio, se sumaban golpes, hambre y diferentes castigos. Ese contexto convirtió al miedo en una constante y durante años le impidió encontrar una manera de pedir ayuda.

La decisión que cambió la vida de las hermanas

 

El cambio comenzó cuando Milagros inició la escuela secundaria. Una docente observó determinados comportamientos, advirtió que algo podía estar sucediendo y decidió preguntarle si necesitaba ayuda.

 

La adolescente comenzó entonces a concurrir a encuentros con profesionales dentro del ámbito escolar, sin conocimiento de su madre y durante el horario de clases. “Yo necesitaba que alguien me escuchara y que actuara ya”, recordó sobre aquella etapa.

Y el momento determinante llegó cuando Milagros supo que su hermana menor también estaba siendo víctima. “Yo dije: no, tengo que hacer algo porque no puedo pasar toda la vida así”, expresó.

 

La denuncia activó una investigación que incluyó declaraciones y pericias. El proceso judicial permitió acreditar los abusos y finalmente derivó en las condenas contra Flores y Rodríguez.

 

Una condena firme y diez años de fuga

 

La sentencia contra “Amparito” quedó firme en 2016, pero la mujer logró permanecer fuera del alcance de la Justicia durante aproximadamente diez años.

 

Milagros siguió adelante con su vida. Se alejó, terminó sus estudios secundarios en Campana, formó una pareja y posteriormente fue madre.

 

Sin embargo, aseguró que conocer que Rodríguez permanecía prófuga le impedía sentirse completamente segura. El temor a que pudiera aparecer nuevamente continuó presente durante años.

 

La búsqueda que Milagros decidió impulsar

 

Durante buena parte de ese período prefirió no involucrarse directamente en la búsqueda porque temía por su propia seguridad y la de su familia.

 

La situación cambió en 2026. Meses antes de la detención comenzó a difundir de manera anónima fotografías e información sobre Rodríguez a través de redes sociales.

 

Más adelante contó públicamente su historia durante una entrevista televisiva. Después de esa aparición recibió información anónima sobre un posible lugar donde podía encontrarse su madre. El dato fue comunicado a los investigadores.

 

La pista llevó hasta Villa Paranacito

 

Según la información proporcionada, el 1º de mayo las hijas de Rodríguez se presentaron en la Comisaría de Ceibas para comunicar datos que indicaban que su madre habría regresado a Villa Paranacito luego de permanecer durante años fuera del país.

 

La División Investigaciones de Gualeguaychú, a cargo del comisario Jorge Ruiz Moreno, comenzó entonces las tareas investigativas con intervención de la fiscal Natalia Bartolo.

 

Milagros destacó el acompañamiento que recibió durante esa etapa. “Él empezó la búsqueda siempre en contacto conmigo, siempre diciéndome que todo iba a salir bien”, contó sobre el responsable de la investigación.

 

Cómo fue la detención de “Amparito”, un operativo que terminó con una década de búsqueda

 

Finalmente, durante la madrugada del 26 de agosto, los investigadores realizaron procedimientos en Villa Paranacito. Uno de los allanamientos se concretó en un camping relacionado con la familia Rodríguez y otro en la vivienda de un hombre que, según la investigación, habría colaborado con la mujer durante el período en el que permaneció prófuga.

 

De acuerdo con la información reunida por los investigadores, Rodríguez habría implementado un sistema de alerta para escapar hacia el monte ante la llegada de personas desconocidas o de la Policía.

 

El procedimiento se realizó alrededor de las 4 de la madrugada y, según se indicó, la mujer no alcanzó a activar el mecanismo de fuga.

 

Rodríguez fue detenida y trasladada inicialmente a dependencias de la Jefatura de Policía.

 

Posteriormente fue derivada a la Unidad Penal Nº 9, donde deberá cumplir la pena de 20 años de prisión impuesta por la Justicia.

 

“Quiero proteger a mi hija”

 

La detención terminó con la condición de prófuga de Rodríguez, pero para Milagros las consecuencias de lo vivido continúan presentes.

 

Actualmente tiene 25 años, está en pareja desde hace nueve y es madre de una niña de casi tres años. Según contó, atravesó durante años diferentes dificultades vinculadas con los abusos sufridos durante su infancia y destacó especialmente el acompañamiento de su compañero.

 

La maternidad también modificó su manera de mirar aquella historia. “Quiero proteger a mi hija de lo que más pueda”, afirmó.

 

Una historia que todavía deja secuelas

 

Milagros tenía 13 años cuando consiguió denunciar lo que ocurría. Hoy, doce años después, reconoce que muchas consecuencias permanecen en sus vínculos, en la confianza y en situaciones de la vida cotidiana.

 

“Ojalá nunca se enterara del tipo de madre que yo tuve”, expresó al hablar de lo que desea para su hija.

 

Su hermana tiene actualmente 22 años, terminó sus estudios y continúa viviendo con su padre. Milagros contó que entre ambas prácticamente no hablan de los abusos que atravesaron. La detención de “Amparito”, después de diez años de fuga, cerró finalmente la búsqueda judicial, aunque para las dos hermanas la reconstrucción de sus vidas comenzó mucho antes y continúa hasta hoy.

Temas:

Alejandra Amparito Rodríguez Milagros Migueles Villa Paranacito Gualeguaychú abuso sexual infantil
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