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Sociedad Una historia en el Día del Peluquero

Tiene 74 años, lleva seis décadas como peluquero y contó por qué no piensa dejar el oficio

Carlos Fernández comenzó como peluquero a los 13 años junto a su padre y lleva seis décadas en el oficio. A sus 74, contó a Elonce que atendió hasta cuatro generaciones de una familia y explicó por qué todavía no pensaba retirarse.

25 de Agosto de 2026
Carlos Fernández, peluquero
Carlos Fernández, peluquero Foto: Elonce

REDACCIÓN ELONCE

Carlos Fernández comenzó como peluquero a los 13 años junto a su padre y lleva seis décadas en el oficio. A sus 74, contó a Elonce que atendió hasta cuatro generaciones de una familia y explicó por qué todavía no pensaba retirarse.

Carlos Fernández lleva 60 años como peluquero y, a sus 74, continua atendiendo todas las mañanas en su local de calle Bavio 23. Había comenzado a los 13 años junto a su padre, integrante de una familia vinculada al oficio desde la generación anterior, y contó a Elonce que todavía conserva clientes que habían pasado por las manos de su papá y su abuelo.

 

La entrevista se realizó en el marco del Día del Peluquero y encontró a Fernández de la misma manera en que había transitado gran parte de su vida: trabajando. “En otras épocas hacíamos siempre un almuerzo de camaradería, no se trabajaba, pero después con los años se perdió y ahora trabajamos como un día más”, recordó.

 

Su vínculo con la peluquería había comenzado durante la adolescencia. “Empecé a los 13 años con mi papá, que también era peluquero, al igual que mi abuelo, y por eso llevo tantos años en esto”, relató. Apenas dos años después había obtenido la habilitación profesional. “A los 15 años ya rendí, saqué el carnet de profesional. En esos años se podía rendir todavía siendo menor”, explicó.

Una peluquería atravesada por tres generaciones

 

Fernández señaló que durante toda su vida se había sostenido económicamente a partir del oficio. Antes había trabajado en espacios alquilados y posteriormente logró instalar su propio establecimiento, donde acumulaba 36 años de actividad.

 

“Ahora ya estoy mi local de calle Bavio, desde hace 36 años”, comentó. Luego de jubilarse redujo su jornada laboral y pasó a trabajar solamente durante la mañana, entre las 8 y las 13.

 

Sin embargo, la jubilación no significó abandonar las tijeras. “Gracias a Dios estoy bien, es un trabajo lindo, me gusta, es muy sociable. Uno charla con la gente, te hacés amigo de los clientes”, explicó.

Tiene 74 años, lleva seis décadas como peluquero y contó por qué no piensa dejar el oficio

“Terminan siendo amigos”

 

El peluquero consideró que uno de los aspectos que lo mantienen durante seis décadas en la profesión es el vínculo construido con quienes ocupan diariamente el sillón de su local.

 

“Es un trabajo muy especial porque termina siendo medio hasta psicólogo, porque todos te cuentan sus problemas. Hay gente que viene contenta, hay gente optimista, hay gente que es pesimista”, describió.

 

Al ser consultado sobre qué era lo que más disfrutaba de la profesión, respondió: “Yo creo que el trato con la gente. Me gusta cortar el cabello, pero hay una relación con el cliente. Más que clientes pasan a ser amigos prácticamente”.

Cortó el pelo a cuatro generaciones

 

Los años detrás del sillón permitieron que Fernández atendiera a distintas generaciones de una misma familia. Según contó, había llegado a cortarles el cabello a cuatro generaciones contemporáneas.

 

“Le he cortado desde el bisnieto al abuelo, a los cuatro”, recordó. Pero el vínculo de algunos clientes con su familia se remontaba incluso más atrás.

 

“Hay gente que es más antigua que yo en la peluquería. Eran clientes de mi papá, gente de más de 80 años que todavía viene. Hay gente a la que le ha cortado mi papá, hay gente a la que le ha cortado mi abuelo y todavía vienen”, relató.

 

Un cliente de 86 años llegó durante la entrevista

 

Mientras se desarrollaba la entrevista con Elonce, Danilo, uno de sus clientes, llegó al establecimiento para cumplir con su turno. A sus 86 años, no pudo precisar exactamente cuándo había comenzado a concurrir a esa peluquería.

 

“Tengo 86 años y no sé si no me corté con el padre de él cuando tenía su peluquería”, contó.

 

El hombre definió la jornada como “el Día del Peluquero y del buen amigo” y se emocionó al hablar sobre Fernández. “Es un amigo de muchos años”, expresó. Cuando le preguntaron qué corte se realizaría, dejó la decisión en manos de Carlos.

Los cortes cambiaron y las herramientas también

 

Fernández también recordó cómo se transformó la profesión durante las seis décadas que llevaba trabajando. Cuando comenzó, todavía se utilizaban máquinas manuales para cortar el cabello, aunque las eléctricas ya empezaban a incorporarse.

 

“Cuando yo comencé todavía estaba la maquinita de mano de cortar el pelo, manual. Me acuerdo de haberla usado algunas veces”, señaló. En comparación, consideró que la incorporación de las máquinas eléctricas había facilitado el trabajo.

 

Pese a las modificaciones tecnológicas, señaló que dos elementos se habían mantenido prácticamente sin cambios. “Una tijera no ha cambiado. El peine y la tijera es lo básico”, sostuvo.

 

También explicó que las afeitadoras modernas reemplazaron en gran medida a la navaja tradicional. “Han salido unas afeitadoras muy buenas que la reemplazan con creces, porque eso sí era algo incómodo: la navaja, mantener el filo, más peligrosa también. Hoy día eso está más simplificado”, indicó.

La peluquería como espacio de conversación

 

A pesar del avance de los teléfonos celulares, Fernández señaló que en su establecimiento se conserva la conversación como parte de la visita. Fútbol, política, economía, religión, historia y deportes aparecen habitualmente entre los temas.

 

“De todo se habla. Más que nada de fútbol y de política, de la economía, religión por ahí también. Hay gente que le gusta hablar de historia, uno de fútbol, otro de básquet, hay gente del rugby”, enumeró.

 

Su clientela está integrada principalmente por personas de mediana edad en adelante. Según contó, muchos dejan el celular a un lado o incluso lo colocan en silencio durante el corte. “Hay gente que deja el celular y charlamos”, señaló.

El teléfono fijo y una agenda de papel

 

Otro elemento que permanece dentro de la peluquería es el teléfono fijo. Mientras muchos establecimientos administran sus turnos mediante aplicaciones y mensajería, algunos clientes de Fernández continúan comunicándose de la manera tradicional.

 

“Piden turno al fijo. Suena ese teléfono mucho”, contó. Fernández también utiliza el celular y explicó que necesita mantener ambas alternativas para atender a sus clientes.

 

Los turnos siguen registrados en una agenda. Desde que se jubiló trabaja medio día y concentra la atención entre las 8 y las 13.

 

Los cortes que menos le gustan

 

Los cambios en las tendencias también obligaron al peluquero a incorporar estilos diferentes a aquellos con los que había aprendido el oficio. Fernández reconoció que había un tipo de corte que prefería evitar: los asimétricos.

 

“A mí lo que no me gusta hacer son los cortes asimétricos, cualquiera sea. Yo me formé trabajando con lo simétrico, con lo parejo. Hacer cortes asimétricos me cuesta, no me gustan”, reconoció.

 

Sin embargo, admitió que debía realizarlos cuando sus clientes se los pedían. “Los tengo que hacer por una cuestión de supervivencia también”, bromeó, para luego señalar: “Hoy se usa de todo. Tengo que adaptarme porque si no quedo fuera”.

“Mientras pueda hacerlo, voy a seguir”

 

Fernández tenía 74 años y no había establecido una fecha para abandonar definitivamente la actividad. Ninguno de sus hijos había continuado la tradición familiar, por lo que la cadena de peluqueros iniciada por su abuelo terminaba, hasta el momento, con él.

 

“Mientras pueda hacerlo, creo que lo voy a seguir haciendo, o los mismos clientes me van a retirar cuando dejen de venir”, expresó.

 

Y concluyó: “A veces pienso: ‘¿Hasta cuándo?’. Y me gusta, no quiero dejar. Por ahora sigo. No te digo dos años ni diez, no sé. Mientras tanto estoy bien, gracias a Dios”.

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