REDACCIÓN ELONCE
El psicólogo Santiago Resett analizó en diálogo con Elonce los cambios en el comportamiento de los jóvenes, tras las declaraciones de Nicolás Tagliafico. Advirtió sobre la permisividad, las redes sociales y el uso de la inteligencia artificial, y destacó la necesidad de sostener límites.
Los límites, la responsabilidad y la relación de los jóvenes con la autoridad volvieron a instalarse en el debate a partir de declaraciones del futbolista Nicolás Tagliafico, quien planteó las dificultades que encuentra para trabajar y conducir a las nuevas generaciones. “Se creen figuras y son desobedientes”, había apuntado el jugador durante una transmisión.
Consultado por Elonce, el psicólogo Santiago Resett sostuvo que se trata de un fenómeno atravesado por múltiples factores sociales, familiares y tecnológicos. “Los límites cada vez son más difíciles de respetar por los adultos, como por los niños y los adolescentes”, afirmó el especialista. Sin embargo, aclaró que no se trata de una problemática exclusivamente juvenil.
Resett explicó que uno de los cambios se produjo dentro de las propias familias. “La familia por ahí se ha trasladado a lo que se llama un estilo más permisivo”, señaló y consideró que muchas veces los adultos interpretan negativamente el establecimiento de reglas.
El valor del esfuerzo y el papel de las redes sociales
El psicólogo advirtió además sobre una transformación en la valoración social del esfuerzo y de instituciones como la escuela. “Se ha perdido el valor del esfuerzo, de la escuela”, sostuvo.
Según explicó, anteriormente existía una valoración más extendida de determinadas pautas: “Respetar a la familia, respetar la norma en la escuela, el conocimiento, esforzarse, era valorado en general por toda la sociedad”.
En ese escenario incorporó otro factor que consideró determinante: las redes sociales. “Las redes sociales han penetrado mucho en los adolescentes, en los jóvenes, de volverse famoso, del éxito, de hacer dinero, fama”, analizó.
Resett indicó que cada vez encuentra más adolescentes que expresan su intención de convertirse en influencers, generar contenido o alcanzar rápidamente reconocimiento en las plataformas digitales. El problema, aclaró, no radicó necesariamente en esas aspiraciones, sino en la idea de que determinados objetivos pueden conseguirse sin esfuerzo.
“Para todo lo que vos quieras conseguir es necesario el esfuerzo y trabajar”, remarcó.
La familia y la escuela frente a los nuevos modelos
El especialista consideró que las redes sociales adquirieron una capacidad de influencia que anteriormente estaba concentrada principalmente en las familias y las instituciones educativas.
“Lamentablemente, las redes sociales están siendo un ejemplo a seguir y a veces más que la familia y la escuela”, advirtió. De todos modos, aclaró: “Las redes sociales no son malas en sí. El problema es cuando la escuela se rompe, la familia se corre y dejamos al libre albedrío”.
Entre las primeras medidas que recomendó estuvo evitar el acceso demasiado temprano de los niños a dispositivos conectados a internet. “Lo que no hay que hacer es introducir, precozmente, el celular y las redes sociales a los niños”, indicó.
También planteó que el afecto resulta indispensable en la crianza, pero debe estar acompañado por reglas claras. “Las dos cosas son necesarias: el afecto, el quererlo, saber qué cosas le interesan, pero también precozmente ir poniendo límites”, afirmó.
“Poner límites no es violencia”
Resett hizo especial hincapié en diferenciar el establecimiento de normas de las prácticas violentas o autoritarias. “Poner límite no es ser violento; poner límite es exigirle y ponerle normas”, explicó.
Como ejemplo, mencionó establecer horarios para dormir, acompañar la realización de tareas escolares y definir pautas progresivas según la edad. Durante la adolescencia, agregó, también resulta necesario explicar las razones detrás de las decisiones.
Otro aspecto central es la coherencia de los adultos. “También hay que sostener el límite, el porqué del límite y ser firme en esto. Hay cosas que no son negociables”, sostuvo.
El psicólogo ejemplificó esa contradicción con el uso de las pantallas: “Yo le digo: ‘No uses las redes sociales’, y me está viendo a mí que las estoy usando todo el tiempo”.
Responsabilidad e inteligencia artificial
Durante la entrevista con Elonce, Resett también abordó el impacto de las nuevas herramientas tecnológicas sobre el aprendizaje y puso el foco particularmente en la inteligencia artificial cuando se utiliza para reemplazar el proceso de razonamiento.
El profesional contó que abordaron esta problemática en un congreso y señaló que el uso inadecuado y precoz de la inteligencia artificial puede afectar la adquisición de responsabilidades y conocimientos.
Como ejemplo, mencionó el caso de estudiantes que solicitan directamente a una herramienta tecnológica la respuesta completa de una tarea. “Ellos confunden que: ‘Ah, bueno, ya la resolví, ya aprendí’. Pero no te has apropiado del conocimiento”, explicó.
Para Resett, algo similar sucede cuando los adolescentes interpretan el ámbito virtual como un espacio completamente separado de la vida cotidiana. “Yo puedo hacer y decir lo que quiera en las redes sociales, en internet. Total, no pasa nada”, describió sobre esa percepción.
El desafío para padres, escuelas y políticas públicas
El psicólogo consideró necesario trabajar desde edades tempranas tanto con los chicos como con sus familias. “Hay que empezar a capacitar sobre cómo ser buen padre, porque la sociedad se ha transformado. No tenemos los mismos jóvenes que hace 20 o 30 años”, manifestó.
Consultado sobre las posibilidades de intervención desde el Estado, sostuvo que también deberían desarrollarse políticas públicas destinadas a abordar estas transformaciones antes de que aparezcan los problemas.
“No estamos trabajando, siempre andamos apagando incendios. Esto ya hay que trabajarlo tempranamente con la familia, con las escuelas”, planteó.
Finalmente, puso como ejemplo el debate sobre el uso del celular dentro de las instituciones educativas. Resett consideró que la tecnología puede aprovecharse pedagógicamente, pero diferenció esa posibilidad del acceso permanente al teléfono durante las clases.
“El celular para un niño adentro de la escuela y el adolescente es un distractor”, sostuvo y planteó que establecer reglas claras sobre su utilización forma parte de los nuevos desafíos educativos frente a una generación atravesada desde edades cada vez más tempranas por las pantallas y las plataformas digitales.