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Sociedad Palermo

Con cinco años emocionó en la Expo Rural al protagonizar una exhibición de doma con su petisa argentina

Juan Bautista Peretto fue el jinete más joven de la final de "Domando entre Petisos". Detrás de su presentación hubo meses de preparación familiar, paciencia y un vínculo construido junto a su yegua Llitún.

24 de Julio de 2026
Participó de la prueba de doma con su yegua petisa Llitún.
Participó de la prueba de doma con su yegua petisa Llitún.

Juan Bautista Peretto fue el jinete más joven de la final de "Domando entre Petisos". Detrás de su presentación hubo meses de preparación familiar, paciencia y un vínculo construido junto a su yegua Llitún.

Con apenas cinco años, Juan Bautista Peretto se convirtió en el jinete más joven de la final de "Domando entre Petisos", realizada el pasado sábado en la pista central de la Exposición Rural de Palermo. Montado sobre Llitún, una petisa argentina de cuatro años, el pequeño protagonizó una exhibición de doma y mansedumbre que emocionó al público y fue coronada con una ovación.

Aunque la presentación duró apenas unos minutos, detrás de cada movimiento hubo meses de preparación y un trabajo cotidiano que involucró a toda la familia. Así lo contó su padre, Juan Carlos "Juanchi" Peretto, propietario de la cabaña El General, ubicada en La Emilia, partido de San Nicolás.

"En una exhibición que dura apenas unos minutos, muchos de quienes la presencian pueden desconocer que las destrezas que despliega un jinete con su caballo son el resultado de cientos de horas de trabajo silencioso", reflexionó.

 

Una preparación basada en el juego y la confianza

 

La historia de Bauti y Llitún, nombre que en mapudungún significa "empezar", comenzó muchos meses antes de llegar a Palermo. El objetivo nunca fue únicamente competir, sino fortalecer el vínculo entre el niño y su compañera de cuatro patas.

"No hubo entrenamientos intensivos ni objetivos deportivos sino largas tardes en el campo, con paciencia, donde cada ejercicio se transformó en un juego para que nuestro hijo disfrutara y su caballo aprendiera, pero mansamente confiando y no por pura imposición", explicó Peretto.

El camino no estuvo exento de dificultades. Hubo jornadas en las que el caballo no lograba realizar algunos ejercicios o simplemente no respondía como esperaban. Entre ellos estaba el tradicional paso español, uno de los movimientos de exhibición más elegantes de la equitación, que exige que el animal avance levantando y extendiendo alternativamente las patas delanteras con amplitud y precisión.

 

Los desafíos detrás de la exhibición

 

El invierno también obligó a modificar las rutinas de trabajo para proteger tanto al caballo como al pequeño jinete. A eso se sumaron momentos de frustración y la necesidad de volver a empezar una y otra vez.

"El frío del invierno nos obligó a modificar rutinas de trabajo para cuidar, tanto al caballo como al pequeño jinete. Hubo momentos de frustración, de volver a empezar y de recordar que el objetivo nunca era ganar una competencia sino construir una relación basada en la confianza entre el jinete y su compañera", recordó el padre.

 

La preparación incluyó mucho más que la práctica en la pista: el cuidado del pelaje, la alimentación del animal, las caminatas, la elección de la ropa, el recado y hasta ensayos para que Bauti pudiera desenvolverse con naturalidad frente a miles de espectadores.

Peretto destacó además que la familia ingresó hace apenas un año a la Asociación de Criadores de Petiso Argentino, experiencia que definió como muy significativa.

 

"A la pista no sólo entró un niño montando a su caballo sino una familia completa, representada en ese pequeño paisano que llevaba sobre sus hombros meses de dedicación compartida", afirmó.

 

Una ovación que quedó en el corazón

 

Cuando finalmente llegó el momento de ingresar a la pista central de Palermo, los nervios fueron inevitables. Sin embargo, la conexión entre el niño y su caballo terminó imponiéndose.

"Cuando llegó el gran día, todos estábamos nerviosos, pero de pronto ocurrió la magia, superando el cansancio y las dudas. En esa conexión entre un niño y su compañera de cuatro patas afloró algo que no puede enseñarse sólo de memoria, sino que nace del respeto, la paciencia y el cariño", expresó Juanchi.

 

La emoción también fue compartida por Natalín Urroz, madre del pequeño jinete, quien interpretó el reconocimiento del público como mucho más que un aplauso a una exhibición.

"La ovación del público fue mucho más que un aplauso para una demostración de mansedumbre. Fue un reconocimiento a una forma de criar, de enseñar y de entender la relación entre las personas y estos animales", sostuvo.

 

Y concluyó con una reflexión que resumió el significado de la experiencia: "Al final de la presentación en Palermo nos dimos cuenta de que la historia recién empieza y que, aunque los grandes campeones no siempre lleguen a levantar un trofeo, sí siempre dejarán una huella en el corazón de quienes los contemplen".

Temas:

petiso Nino Jinete yegua Expo Rural
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