Tenía 78 años y había contraído poliomielitis cuando era niña. Durante más de siete décadas dependió de un pulmón de acero para respirar mientras dormía, convirtiéndose en una de las últimas personas del mundo en utilizar este histórico dispositivo.
Martha Ann Lillard, considerada la última estadounidense que aún dependía de un pulmón de acero para sobrevivir a las secuelas de la poliomielitis, falleció a los 78 años. Su historia se convirtió en un símbolo de resiliencia y en un recordatorio del impacto que tuvo la enfermedad antes de la llegada de las vacunas.
Lillard contrajo polio en 1953, el mismo día en que cumplía cinco años. Comenzó con un fuerte dolor en el cuello y, pocos días después, perdió la capacidad de respirar por sí sola debido a la parálisis provocada por el virus.
Fue internada de urgencia y permaneció seis meses dentro de un pulmón de acero, un respirador mecánico de cuerpo completo que, en aquella época,
representaba la principal herramienta para mantener con vida a los pacientes con insuficiencia respiratoria causada por la poliomielitis.
Una vida marcada por las secuelas
Con el tiempo, Martha logró recuperar la capacidad de caminar, aunque su brazo derecho quedó paralizado de forma permanente. También convivió con una capacidad pulmonar reducida al 25 %, escoliosis y otras limitaciones físicas derivadas de la enfermedad.
A pesar de esas secuelas, desarrolló una intensa vida artística. Pintaba, escribía poesía y componía música para piano utilizando únicamente la mano izquierda.
Durante décadas solo necesitó utilizar el pulmón de acero para dormir. Aunque probó respiradores más modernos, siempre aseguró que ninguno le brindaba la misma eficacia que el histórico dispositivo.
El síndrome post-polio
En los últimos años su estado de salud se agravó debido al síndrome post-polio, una afección que puede aparecer décadas después de la infección inicial y que provoca debilidad muscular progresiva, fatiga y problemas respiratorios.
Ese deterioro hizo que volviera a depender cada vez más del pulmón de acero, una tecnología prácticamente desaparecida en la actualidad.
Un símbolo de una enfermedad casi erradicada
La poliomielitis es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede afectar el sistema nervioso y provocar parálisis permanente. Antes de la introducción de
las vacunas en la década de 1950, miles de niños y adultos dependían de los pulmones de acero para poder respirar.
La vacunación masiva permitió eliminar la polio en gran parte del mundo, convirtiendo a estos enormes respiradores mecánicos en piezas históricas de la medicina.
La vida de Martha Ann Lillard quedó como testimonio de una época en la que la poliomielitis marcó a generaciones enteras y de cómo la ciencia logró cambiar el curso de una de las enfermedades más temidas del siglo XX.