Federico Salva regresó a la Costanera de Gualeguaychú durante el Mundial de Canotaje 2026. A sus 99 años, recordó las regatas que disputó en la década del 40, mostró las medallas que conserva de su juventud y compartió una historia marcada por el deporte, el trabajo y la familia.
A los 99 años, Federico Salva volvió al río donde competía hace ocho décadas y protagonizó uno de los encuentros más emotivos del Mundial de Canotaje Maratón 2026, que se desarrolló en Gualeguaychú. El histórico remero regresó a la Costanera de la ciudad entrerriana para observar las competencias internacionales y compartir los recuerdos de las regatas en las que participó durante su juventud.
Sixto Bonifacio Salva, conocido desde hace décadas como Federico, llegó acompañado y llevó consigo dos medallas que conservó durante gran parte de su vida. Una correspondía a sus participaciones en las regatas del río Gualeguaychú, mientras que la otra había sido obtenida en una competencia de tiro al cesto, disciplina que también practicó cuando trabajaba en el frigorífico local.
“Yo también corrí regatas acá, pero en el año 46, 47. Era otra cosa, porque eran los días de fiesta que se hacían”, recordó mientras observaba las embarcaciones. Sus palabras permitieron recuperar una época en la que las competencias deportivas reunían a vecinos y trabajadores en celebraciones que formaban parte de la vida social de la ciudad.
Las regatas de los años 40 y las medallas que todavía conserva
Federico participó en aquellas competencias como representante de Acción Social del Frigorífico Gualeguaychú, establecimiento donde desarrolló buena parte de su trayectoria laboral. Las regatas se disputaban sobre el mismo río que, ocho décadas después, recibió a deportistas de distintos países para participar del campeonato mundial.
Durante su visita a la Costanera, mostró las dos medallas y trató de reconstruir las fechas en las que las había conseguido. Una de ellas podría corresponder a 1947, mientras que la otra pertenecía a los primeros años de aquella década. Aunque algunos detalles se desdibujaron con el paso del tiempo, conservó los recuerdos de las competencias.
“Los tiempos cambian”, reflexionó al comparar aquellas jornadas con el movimiento generado por el Mundial de Canotaje. También reconoció que su visión ya no le permitía seguir todos los detalles de las carreras, aunque destacó la presencia del público y la actividad que se desarrollaba alrededor del río.
Una vida ligada al río y al frigorífico
Federico nació el 19 de junio de 1927, en la zona donde actualmente se encuentra Ñandubaysal. Cuando tenía apenas tres o cuatro años, su familia se trasladó a Gualeguaychú, donde pasó prácticamente toda su vida, especialmente en el barrio Pueblo Nuevo.
“Los 99 años que tengo los viví en dos cuadras”, contó al describir su relación con el lugar donde creció, trabajó y formó su familia. Esa permanencia lo convirtió en testigo de numerosas transformaciones de la ciudad y de las actividades que históricamente se desarrollaron junto al río.
A los 14 años comenzó a trabajar en el Frigorífico Gualeguaychú. Permaneció allí durante 44 años, hasta que se jubiló en enero de 1986. En ese establecimiento aprendió su oficio, construyó vínculos con sus compañeros y encontró oportunidades para participar en distintas disciplinas deportivas.
Los recuerdos de una infancia entre canoas y pescadores
Su relación con el río no se limitó a las competencias. Desde pequeño estuvo vinculado con la pesca, una actividad que conoció a través de su familia y que lo acompañó durante diferentes etapas de su vida.
Las canoas, las embarcaciones de madera y las jornadas de pesca formaron parte de los recuerdos que compartió al reconstruir su infancia. Aquellas experiencias también explicaron el significado que tuvo para él regresar al lugar donde había competido durante su juventud.
Su historia había sido recuperada por el Gobierno de Gualeguaychú en junio de 2026, cuando cumplió 99 años. En aquella oportunidad, una entrevista realizada en su vivienda permitió conocer detalles de su infancia, su trayectoria laboral y su vida familiar. También se explicó el origen de su identidad cotidiana: aunque fue registrado como Sixto Bonifacio, todos lo conocieron como Federico, incluso durante sus años de trabajo.
Las pérdidas familiares y un árbol de Navidad diferente
Además de su trayectoria deportiva, Federico compartió recuerdos vinculados con su familia. En 2013 falleció su esposa, Justina Elvira Rodríguez de Salva, con quien se había casado cuando él tenía 20 años y ella, 18. Juntos construyeron una familia que continuó acompañándolo durante su vejez.
En 2020 atravesó otra pérdida significativa: la muerte de su hija Nilda, conocida cariñosamente como “Pelusa”. Ella era quien habitualmente se encargaba de preparar el árbol de Navidad, una tradición familiar que Federico decidió mantener de una manera particular.
Hace dos años construyó un arbolito utilizando boyas, elementos estrechamente relacionados con su vínculo con el agua. La iniciativa representó una forma de continuar aquella costumbre familiar y, al mismo tiempo, incorporar objetos asociados con una de las grandes pasiones de su vida.
El regreso al Mundial y la emoción de volver a la Costanera
Actualmente, Federico vivía acompañado por su nieto, quien se ocupaba de su cuidado cotidiano. Para asistir al Mundial de Canotaje contó con la colaboración de una mujer que lo trasladó hasta la Costanera, gesto que agradeció especialmente.
“Estoy viviendo bien, gracias a Dios”, expresó al referirse a su presente. También aseguró que atravesaba esta etapa de su vida sin dolores y se mostró agradecido por la posibilidad de participar como espectador de un acontecimiento deportivo internacional.
A pocos meses de cumplir 100 años, el próximo 19 de junio de 2027, Federico volvió a encontrarse con el escenario de sus primeras competencias. Esta vez no llegó para disputar una regata, sino para observar a nuevas generaciones de deportistas y mostrar las medallas que guardó durante ocho décadas.
Su presencia permitió recuperar parte de la memoria deportiva de Gualeguaychú. Mientras los palistas competían por títulos mundiales, Federico contempló el mismo río donde había celebrado sus propias victorias, acompañado por recuerdos que atravesaron casi un siglo de historia.