Tras un accidente que casi lo deja sin caminar, Martín Alegre encontró en el atletismo una nueva vida. Corre vestido de paisano, compitió en un Mundial y tiene un ritual antes de cada carrera: comer un buen guiso.
Martín “Látigo” Alegre no parece un corredor tradicional. Mientras otros atletas llegan con zapatillas de última tecnología, relojes inteligentes y equipamiento profesional, él aparece con boina, bombacha de gaucho, camisa, pañuelo al cuello y alpargatas.
Pero cuando comienza la carrera, la sorpresa es mayúscula: el hombre de campo de Chascomús puede completar hasta 21 kilómetros y dejar atrás a competidores con mayor preparación técnica.
Su historia comenzó con un momento límite. Hace once años sufrió un grave accidente de moto en La Plata que le provocó fracturas en ambas piernas y una muñeca. Los médicos llegaron a advertirle que podía quedar con secuelas permanentes o incluso sin poder caminar.
“Me quería ir de este mundo. Sentía que estaba completamente solo”, recordó sobre aquel difícil momento.
El atletismo le devolvió las ganas de vivir
La recuperación llegó de la mano de un amigo que lo convenció para empezar a correr. Al principio, no buscaba marcas ni triunfos: simplemente necesitaba encontrar una razón para levantarse cada día.
“El atletismo me salvó. Me devolvió la alegría, las ganas de vivir y la fuerza para salir adelante”, aseguró.
Durante sus primeros años compitió con ropa deportiva tradicional, aunque los resultados no lo acompañaban. Hasta que una experiencia cambió su camino.
En una carrera de aventura en La Plata decidió reemplazar las zapatillas por las alpargatas que usaba para trabajar en el campo. El resultado lo sorprendió: tuvo una gran actuación y desde entonces nunca volvió a utilizar calzado deportivo para competir.
El “Gaucho Runner” que desafía al atletismo moderno
Con su particular vestimenta, Martín comenzó a llamar la atención en cada competencia. Muchos pensaban que se trataba solamente de una puesta en escena, hasta que lo veían cruzar la meta entre los primeros puestos.
Su identidad se convirtió en una marca registrada y la gente empezó a llamarlo “Gaucho Runner”. “Ese nombre me lo puso la gente y fue quedando. Me gusta porque representa lo que soy. No quiero dejar mis raíces por ponerme una zapatilla más moderna”, explicó.
Incluso tiene un método para competir en terrenos difíciles: cuando corre en montaña o con barro, ata sus alpargatas con un hilo para evitar perderlas durante el recorrido.
De Chascomús al Mundial: una carrera hecha a pulmón
El esfuerzo lo llevó mucho más lejos de lo que imaginaba. Martín compite en pruebas de distintas distancias y en marzo logró consagrarse campeón argentino, resultado que le permitió representar al país en un Mundial disputado en República Checa.
Allí volvió a destacarse y terminó como el mejor argentino de la competencia.
Sin embargo, el camino no fue sencillo. A diferencia de muchos atletas profesionales, no cuenta con grandes sponsors ni equipos de apoyo. Para financiar el viaje vendió productos de campo, realizó rifas y recibió ayuda de vecinos de Chascomús.
“Todo lo hago trabajando. Vendí lechones, huevos de campo y muchas cosas más para juntar la plata del viaje”, contó.
Un atleta que cambia los geles energéticos por un guiso casero
La alimentación de Martín también rompe con los esquemas tradicionales del alto rendimiento. Mientras muchos corredores siguen planes estrictos, él mantiene una rutina basada en comida casera.
“Como puchero, guiso, estofado, empanadas. Todo casero. Tengo mis animales, mis huevos de campo, mi granjita. Eso es lo que me hace bien”, explicó.
Su ritual antes de cada competencia también sorprende: si tiene una carrera un domingo, el sábado puede disfrutar de un buen guiso o un estofado. “No tengo plan nutricional, no uso suplementos, ni geles. A veces llevo una jarra de agua y listo”, contó.
Una vida de campo y un mensaje de superación
Actualmente vive en una chacra de Chascomús, rodeado de animales y naturaleza, donde combina sus tareas rurales con los entrenamientos.
Se levanta cerca de las cinco de la mañana para cuidar la granja, trabajar la tierra y atender sus obligaciones. Luego, cuando encuentra un momento libre, sale a correr.
Para Martín, el deporte no se trata solamente de ganar carreras, sino de demostrar que siempre existe una oportunidad para empezar de nuevo.
“Un día estaba bien y al otro me quebré las dos piernas. Por eso hay que vivir el hoy. Mañana puede ser tarde”, resume. Fuente: TN