Hilda y Pedro se conocieron cuando eran adolescentes, pero sus vidas tomaron caminos diferentes. Se reencontraron después de 60 años y comenzaron una historia de amor a 12.000 kilómetros de distancia: ella vive en Argentina y él, en España.
Hilda y Pedro se reencontraron después de 60 años y descubrieron que todavía podían escribir juntos una historia que había quedado inconclusa desde la adolescencia. Hoy tienen 80 y 82 años y sostienen una relación a más de 12.000 kilómetros de distancia: ella vive en Argentina y él está radicado en Valencia, España.
Todo había comenzado cuando eran muy jóvenes. Hilda Barsellini tenía apenas 14 años cuando conoció a Pedro Tempodalera en el Moulin Rouge de Lomas de Zamora, un lugar al que acudían para bailar boleros, guaguancó y música tropical. “Yo tenía 14 años cuando bailaba con él, así nos conocimos”, recordó la mujer.
En aquellos años, Pedro se había interesado en ella, pero la historia no avanzó. “Él se quedó un tiempo conmigo y se fue porque dijo que yo era muy seria”, contó Hilda entre risas. Pedro aportó otro detalle inesperado: “A mí me gustaba ella. Pero era muy seria, yo estaba en otro escalón, y viene un amigo mío, le llamaban Canchero y me dice ‘Tempito, ¿qué tal, linda?’ y le digo ‘muy seria’ me dice ‘dejame a mí’. Fue con quien se casó”.
Dos vidas separadas durante seis décadas
Aunque vivían a pocas cuadras en Remedios de Escalada, nunca volvieron a cruzarse. Hilda comenzó una relación a los 15 años con aquel amigo de Pedro, con quien posteriormente se casó y tuvo dos hijos.
Pedro también formó su propia familia, tuvo tres hijos y recorrió Europa en motorhome junto a su esposa. Finalmente se instaló en Valencia, mientras Hilda continuó su vida en Argentina. Durante seis décadas, prácticamente no supieron el uno del otro.
“Nunca más nos vimos, es el destino, esto parece una novela realmente después de tantos años”, expresó Hilda al reconstruir una historia que recién tendría un nuevo capítulo cuando ambos atravesaban la viudez.
Un amigo volvió a unirlos 60 años después
El inesperado reencuentro comenzó hace unos tres años, cuando Pedro recibió en Valencia a un viejo amigo argentino de la adolescencia. Durante una conversación comenzaron a recordar a las personas con las que habían compartido aquella etapa de sus vidas.
“La que está bien es Hilda, la que bailaba con vos”, le comentó su amigo. La respuesta de Pedro fue inmediata: “Dame el teléfono que la quiero llamar”. Y recordó: “60 años que yo no la veía, yo hice mi vida y ella hizo la suya”.
Sin embargo, el amigo decidió no compartir el número sin consultar previamente a Hilda. Fue Nora, una amiga que ambos tienen en común, quien finalmente se acercó a preguntarle si autorizaba que Pedro volviera a comunicarse con ella.
“Parecíamos dos chicos”
En diciembre de ese mismo año, Pedro regresó a Buenos Aires para festejar su cumpleaños junto a su hermano mellizo. El viaje permitió que finalmente volvieran a verse cara a cara después de seis décadas.
“Él no perdió el tiempo, me llamó y justo venía para acá. Y bueno, empezamos a salir, fuimos a tomar un té, a almorzar, al cine y ahí empezó nuestra relación”, recordó Hilda. Pedro definió aquel vínculo de una manera particular: “Así empezó nuestro noviazgo, nuestra amistad, no tiene una etiqueta”.
Al comienzo mantuvieron la relación con cierta reserva. “No me animaba a avisarle a mis hijos, nos veíamos un poco escondidas, parecíamos dos chicos”, reconoció Hilda. Finalmente decidió contarlo y recibió el respaldo de su familia. “Mi hijo me acuerdo que me dijo, ‘Vieja, si vos sos feliz, dale para adelante’ y mi hija me dijo, ‘Yo te doy la bendición’ y bueno, acá estamos”.
Un amor entre Argentina y España
Para la familia de Pedro el proceso fue diferente. Su esposa había fallecido hacía menos de un año cuando comenzó la relación. “No hacía ni un año que había fallecido mi señora, les costó digerirlo”, explicó.
A sus 82 años, Pedro asegura que su decisión es disfrutar plenamente esta nueva etapa. “Yo tengo 82 años y me quedan pocos carnavales. Entonces, lo poco que pueda absorber lo absorbo al 100%. A esta edad es muy importante la compañía”, expresó.
La distancia entre Buenos Aires y Valencia los obliga a sostener buena parte de la relación mediante la tecnología. “Hablamos todos los días, 15-20 veces por teléfono al día con la videocámara”, contó Pedro.
Viajes, paseos y una promesa en Luján
Cuando pueden, uno cruza el Atlántico para encontrarse con el otro. Hilda viajó una vez a Europa, mientras que Pedro regresó en varias oportunidades a Argentina. Durante la visita de ella, incluso recorrieron juntos otros destinos. “Cuando vino a pasear, que fue la única vez que vino, la llevé a París para que conociera. Y si ahora vuelve, la voy a llevar a Italia”, prometió.
Cuando están juntos, disfrutan también de una rutina mucho más sencilla: caminan, miran películas y series, salen a comer y participan de actividades en centros de jubilados. La última visita de Pedro coincidió con el cumpleaños número 80 de Hilda, celebrado el 24 de agosto.
Pero hubo un momento especialmente significativo. Los dos decidieron realizar un compromiso simbólico en la Basílica de Nuestra Señora de Luján. “Me dijo ‘vamos a casarnos’. Él ya había traído las alianzas, entonces nos fuimos atrás de la Virgen, por supuesto solos, y ahí nos pusimos los anillos”, recordó Hilda a El Destape.
“Mientras tanto, vivimos el momento”
Pedro definió aquella ceremonia simplemente como “un compromiso simbólico”. Sin necesidad de proyectar demasiado hacia adelante, ambos eligieron concentrarse en el presente después de haber pasado seis décadas separados.
La historia que había comenzado en una pista de baile durante la adolescencia encontró así una inesperada continuidad cuando ambos habían superado los 80 años. Ahora hay océanos, vuelos y videollamadas de por medio, pero también viajes y nuevos recuerdos compartidos.
“Cuánto va a durar, no sabemos, nadie sabe. Mientras tanto, vivimos el momento”, resumió Hilda sobre una relación que volvió a reunirlos 60 años después de aquel primer baile.