Los incendios forestales avanzan en la Patagonia y obligan a evacuar localidades, mientras especialistas advirtieron que la sequía, el calor extremo y la intencionalidad en algunos focos agravan el escenario y anticipan un verano crítico.
Los incendios forestales avanzan con fuerza en la Patagonia y configuran uno de los escenarios más complejos de los últimos años, con miles de hectáreas arrasadas, evacuaciones masivas y alertas por riesgo extremo en gran parte del país. Especialistas coincidieron en que la combinación de sequía prolongada, temperaturas elevadas y focos de origen humano profundiza la emergencia y proyecta un panorama desafiante para los próximos meses.
De acuerdo con datos oficiales, el fuego afectó extensas zonas de provincias como Chubut, Río Negro y La Pampa, donde la velocidad y agresividad de las llamas desbordaron la capacidad de respuesta inicial. En ese contexto, se activaron operativos de emergencia y restricciones preventivas ante el riesgo de nuevos focos.
Thomas Kitzberger, investigador superior del CONICET, explicó que la magnitud de los incendios responde a un cambio estructural en el comportamiento del fuego en la región. “Esta temporada va en línea con la ‘nueva normalidad’ que indica que anualmente en la zona Andina de Patagonia Norte ya no se queman cientos o miles de hectáreas, sino decenas de miles de hectáreas”, afirmó.
El especialista vinculó esta situación al cambio climático, la prolongación de las sequías y la frecuencia de olas de calor y tormentas eléctricas, publicó Infobae.
Focos intencionales y condiciones extremas
En Chubut, el Gobierno provincial y el Ministerio de Seguridad de la Nación confirmaron que uno de los principales incendios tuvo origen intencional. Las autoridades señalaron la presencia de acelerantes y amenazas previas, y destacaron que el 95% de los focos en la región tuvieron origen humano. Si bien no se realizaron imputaciones directas, se iniciaron investigaciones judiciales.
Aun así, los especialistas remarcaron que las condiciones climáticas jugaron un rol determinante. La sequía extrema y el calor dificultaron el control de las llamas y favorecieron su rápida propagación. La temporada alta de incendios en la Patagonia suele extenderse entre septiembre y fines de marzo, un período que este año comenzó antes de lo habitual.
Un informe de Greenpeace indicó que entre octubre de 2024 y marzo de 2025 el fuego consumió 31.722 hectáreas de bosques en la región patagónica, una cifra cuatro veces superior a la del mismo período del año anterior. Los primeros registros de la temporada actual anticiparon un escenario de magnitud similar.
Según reportes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), 16 provincias permanecieron bajo alerta extrema por riesgo de incendios, entre ellas Chubut, Río Negro, Neuquén, La Pampa, Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes. En ese marco, se prohibió el uso de fuego al aire libre en espacios públicos, privados y campings.
Evacuaciones y operativos en distintas provincias
En Chubut, los incendios afectaron especialmente a Puerto Patriada y Epuyén, donde más de 3.000 personas debieron evacuar sus hogares y áreas turísticas. Brigadistas y bomberos voluntarios concentraron esfuerzos para frenar el avance del fuego, que se mantuvo fuera de control en la región norte de la provincia.
El gobernador Ignacio Torres confirmó que uno de los focos fue intencional y detalló que se hallaron elementos explosivos en la zona, además de amenazas previas. En paralelo, La Pampa reportó incendios activos desde noviembre, con más de 100.000 hectáreas rurales afectadas y la participación de más de veinte asociaciones de bomberos voluntarios.
En Bariloche, un incendio avanzó sobre la zona de la barda del Ñireco y alcanzó sectores poblados. Autoridades del Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF) y de la Agencia Federal de Emergencias (AFE) insistieron en que el nivel de riesgo se mantuvo “muy alto”.
La “nueva normalidad” climática
Kitzberger advirtió que la temporada 2025-2026 comenzó de manera temprana, con incendios iniciados por tormentas eléctricas. “Dos de esos focos derivaron en incendios de grandes dimensiones: uno en el valle del Río Turbio, con más de 3.000 hectáreas quemadas, y otro en Lago Menéndez, que se reavivó y superó las 9.000 hectáreas”, detalló.
A esto se sumó el incendio intencional en Puerto Patriada, que superó las 3.000 hectáreas en pocos días. “Quiere decir que, habiendo recién comenzado la temporada, ya estaríamos alcanzando la mitad del área quemada del año pasado”, remarcó.
El comportamiento del fuego está directamente vinculado a las variables meteorológicas y a la disponibilidad de materiales combustibles. “Bajo índices de peligro muy altos o extremos y en el caso de tipos combustibles como pinares, estamos observando, tanto en temporadas pasadas como en la actual, comportamientos extremadamente agresivos con altas intensidades y de gran velocidad de avance”, sostuvo Kitzberger. Agregó que este año la sequía es incluso más marcada que la anterior, lo que aumenta la cantidad de días con condiciones propicias para la propagación intensiva del fuego.
Factores de riesgo e impacto ambiental
La ingeniera ambiental Julieta Vallejo explicó que el riesgo extremo responde a múltiples variables. “Entre las más relevantes están la sequía del suelo y el estado de la vegetación, que actúa como combustible disponible”, señaló. Además, mencionó la regla “30/30/30”: temperaturas superiores a 30 grados, humedad por debajo del 30% y vientos mayores a 30 kilómetros por hora.
El impacto ecológico incluye suelos que permanecieron calientes durante días o semanas, dificultades para la regeneración natural y graves consecuencias para la fauna local, con animales desplazados o sin posibilidad de escapar del fuego.
Proyecciones y medidas
Vallejo advirtió que las temporadas de incendios tendieron a volverse más largas e impredecibles. En la misma línea, Kitzberger alertó que, si fallaban las lluvias otoñales, la temporada podría extenderse más allá de marzo. El SMN pronosticó temperaturas superiores al promedio y escasas precipitaciones durante enero y febrero.
Ante este escenario, especialistas insistieron en reforzar la prevención, ampliar los recursos para el combate temprano del fuego y fortalecer la coordinación entre Nación y provincias. Mientras continúan los operativos y las investigaciones judiciales por focos intencionales, la emergencia ígnea se mantiene vigente en gran parte de la Patagonia.