Alejandro y María se conocieron por Facebook cuando rondaban los 60 años y vivían a más de 1.000 kilómetros. Se enamoraron antes de verse, atravesaron la pandemia separados y finalmente él dejó Buenos Aires para comenzar una nueva vida junto a ella.
Alejandro y María se enamoraron cerca de los 60 años cuando ninguno imaginaba que una conversación iniciada en Facebook terminaría transformando por completo sus vidas. Él vivía en Buenos Aires y ella en San Antonio, Río Negro, a más de mil kilómetros de distancia. Después de meses de llamadas y videollamadas se encontraron personalmente, atravesaron luego la separación impuesta por la pandemia y finalmente decidieron construir una vida juntos.
La historia comenzó el 3 de enero de 2019. Alejandro tenía 58 años, había atravesado un matrimonio de 27 años y otras dos relaciones posteriores. Después de esas experiencias decidió revisar la manera en que construía sus vínculos. “Siempre fui curioso sobre la cuestión emocional, quería entender esto de la adicción a las personas”, contó.
Un curso sobre codependencia lo llevó a replantearse algunos comportamientos. “Me identifiqué. Me costaba terminar un vínculo. O lo hacía durar más. Y resulta que, ¿viste cuando remás solo y te das cuenta de que no vas a ningún lado?”, recordó. La conclusión que obtuvo de aquel proceso fue contundente: “Muchas veces uno busca que alguien venga a salvarte, como nos decían cuando éramos chicos, que el amor todo lo puede. Y el amor no todo lo puede”.
Un mensaje de Facebook que terminó cambiando dos vidas
A fines de 2018 ingresó a un grupo de Facebook destinado a personas mayores de 60 años que buscaban hacer amigos. Allí compartía contenidos relacionados con inteligencia emocional y vínculos. Una madrugada encontró la fotografía de una mujer que llamó su atención. “Uy, qué interesante esta mujer”, pensó antes de enviarle un mensaje deseándole feliz año.
La destinataria era María, conocida como “la Colo”, quien había vivido siempre en San Antonio, cerca de Las Grutas. Había estado casada con su primer novio, tenía dos hijos y llevaba siete años viuda. Al día siguiente respondió aquel mensaje. “Cuando recibí su primer mensaje, venía hablando con muchas personas del grupo. Pero entre todos, el de él me atrapó”, reconoció a TN.
Pronto pasaron de Facebook a WhatsApp. Primero conversaban cada tres o cuatro días, luego día por medio y, apenas dos semanas después, lo hacían diariamente. No buscaban inicialmente formar una pareja, pero las conversaciones fueron profundizándose y comenzaron a compartir sus experiencias, expectativas y temores.
Se enamoraron antes de encontrarse personalmente
Al mes llegaron las videollamadas. Alejandro recordó especialmente la primera vez que vio a María en el jardín de su casa, con el viento patagónico moviéndole el pelo. Sin embargo, aseguró que fueron las conversaciones las que terminaron conquistándolo.
“Me encantó, me encantó hablar con ella. Me estaba dando cuenta de que nuestras conversaciones eran inteligentes”, recordó. Durante una o dos horas cada noche hablaban de sus vidas, de aquello que esperaban de una relación y también de las experiencias que no querían repetir.
Después de casi tres meses, Alejandro se animó a plantear algo diferente: “Me gustaría tener algo más que una amistad…”. María sentía algo similar. La distancia seguía siendo enorme, pero para entonces ambos comenzaban a imaginar un encuentro.
Un pasaje y el primer abrazo después de seis meses
Alejandro sorprendió a María durante una videollamada por su cumpleaños: mostró un pasaje que había comprado para viajar el 25 de julio de 2019 hacia San Antonio. Cuando llegó aquella fecha, llevaban aproximadamente seis meses construyendo una relación exclusivamente a distancia.
El viaje en colectivo, previsto inicialmente en unas 14 horas, terminó demorándose más de un día por un desperfecto en Bahía Blanca. Finalmente llegó a destino. “Ni bien me bajé del micro, me empecé a fijar para todos lados y ella vino corriendo, se me tiró encima como un canguro”, recordó Alejandro.
Ya en la casa de María, él dejó en claro cuáles eran sus intenciones: “Mirá, no vine acá por una aventura. Vengo con un proyecto a largo plazo”. Poco después llegó el primer beso y la relación construida durante meses detrás de una pantalla pasó definitivamente al encuentro presencial.
La relación que todo un pueblo terminó conociendo
Dos días después, María celebró sus 61 años con unas 80 personas. Casi ninguno de los invitados sabía que había conocido a un hombre de Buenos Aires a través de Facebook. La pareja ingresó junta al salón y Alejandro terminó hablando frente a familiares y amigos.
“Yo no estoy acá por una aventura ni para ver qué pasa. Yo vengo porque la amo”, expresó ante todos. Era la primera vez que María lo escuchaba decir públicamente que la amaba.
Después de aquellos cinco días, Alejandro regresó a Buenos Aires y comenzó nuevamente la etapa a distancia. María viajó posteriormente para conocer a sus hijas y él regresó varias veces a Río Negro. Los encuentros se hicieron frecuentes hasta que, a comienzos de 2020, apareció un obstáculo inesperado.
La pandemia volvió a separarlos
La pandemia impidió el viaje que Alejandro tenía programado para abril de 2020. Las restricciones hicieron imposible saber cuándo podrían encontrarse nuevamente. “¿Y si no nos vemos nunca más?”, llegaron a preguntarse.
Paradójicamente, aquella separación terminó fortaleciendo una decisión. “Nos hizo dar cuenta de que sí, que realmente necesitábamos tener una vida juntos”, explicó Alejandro. Durante los meses separados mantuvieron las conversaciones y buscaron diferentes maneras de acompañarse pese a los kilómetros.
Finalmente, en diciembre de 2020 pudieron reencontrarse después de casi un año. Alejandro comenzó entonces a preparar un cambio definitivo. Dejó su trabajo, se despidió de familiares y amigos y tomó la decisión de abandonar Buenos Aires. En abril de 2021 hizo el viaje que ya no tendría regreso: se instaló en San Antonio junto a María.
Una nueva vida y un amor que llegó cerca de los 60
“Llegué y nunca más tuvimos esa cosa de decir nos equivocamos. Para nada”, aseguró Alejandro. Acostumbrado durante toda su vida a Buenos Aires, comenzó a descubrir otra rutina: trabajó en el jardín, armó una huerta y empezó a construir una vida cotidiana junto a su pareja.
Ambos establecieron una regla fundamental para la convivencia: hablar de aquello que les molesta. “En lugar de juzgar o suponer, hablá”, resumió Alejandro. También conservaron sus espacios individuales, amistades y actividades.
Con los años comenzaron a viajar juntos y conocieron destinos como La Rioja, Villa La Angostura y Chile. María resumió lo que encontró en aquella relación con una frase sencilla: “Me dio paz. Mucha paz”. Y agregó: “Quedé viuda, estuve casada, viví todo eso. Pero la felicidad la estoy conociendo ahora”.
Hoy llevan más de cinco años compartiendo su vida. Cada día 3, aniversario de aquella primera conversación, Alejandro busca alguna manera de recordarle a María el comienzo de la historia. Ella también tiene claro su deseo: “Quiero estar con vos hasta que seamos re viejos”.
Alejandro tampoco se arrepiente de haber dejado la ciudad donde había vivido durante décadas para comenzar nuevamente. “Me levanto a la mañana, la veo acostada y a veces me emociona tenerla al lado mío”, confesó. Después de matrimonios, pérdidas, relaciones que no funcionaron, más de mil kilómetros de distancia y una pandemia que los mantuvo separados, ambos aseguran haber encontrado cerca de los 60 años el amor que estaban buscando.