El Súper Niño tiene un 75% de probabilidades de alcanzar entre octubre y diciembre una intensidad excepcional. Para Argentina, el escenario favorecería las lluvias durante la campaña agrícola, aunque elevaría el riesgo de tormentas, anegamientos y complicaciones logísticas.
El Súper Niño que condicionará la campaña agrícola 2026/27 aumentó sus probabilidades de alcanzar una intensidad excepcional entre octubre y diciembre. Un informe de Aprilis Soluciones Meteorológicas para la Unión Agrícola de Avellaneda (UAA) ubicó esa posibilidad en un 75%, seis puntos porcentuales por encima de la estimación realizada en agosto.
El trabajo, actualizado al 11 de septiembre, tomó como referencia la última información del Centro de Predicción Climática (CPC) de Estados Unidos y la complementó con datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el INTA, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y organismos provinciales.
El principal indicador analizado mostró un 75% de probabilidades de que el índice RONI trimestral alcance o supere los +2,5 °C entre octubre y diciembre, un registro que el documento relacionó con la posibilidad de una intensidad sin precedentes desde 1950. Además, la chance de que El Niño permanezca en la categoría “muy fuerte” supera el 90% hasta el trimestre noviembre-enero.
Qué puede ocurrir con las lluvias en Argentina
Los modelos estacionales proyectaron para diciembre, enero y febrero precipitaciones superiores a los valores normales sobre el centro y este de Argentina, además de Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil. Este escenario podría favorecer la disponibilidad de agua para los cultivos de verano.
El informe sostuvo que el patrón “respalda la posibilidad de una campaña argentina con buena provisión de agua”, pero advirtió que también “eleva el riesgo de excesos, tormentas, anegamientos y problemas logísticos”. Una mayor disponibilidad hídrica, por lo tanto, no necesariamente implicaría condiciones favorables durante toda la campaña.
Los indicadores registrados durante agosto ya mostraron la magnitud del calentamiento del océano Pacífico. El índice relativo Niño 3.4 llegó a +1,8 °C, mientras que Niño 3 alcanzó +2,5 °C y Niño 1+2 se ubicó en +3,4 °C. A su vez, aparecieron señales atmosféricas compatibles con el episodio climático.
El fenómeno ya muestra señales de consolidación
“La coincidencia océano-atmósfera confirma un fenómeno acoplado”, señaló el documento. No obstante, los especialistas remarcaron que “mayor intensidad no garantiza impactos más intensos en todos los lugares”, debido a que las consecuencias regionales dependen también de otros factores atmosféricos.
Para la primavera, el escenario presenta diferencias entre regiones. El pronóstico trimestral del SMN para septiembre, octubre y noviembre ubicó las mayores probabilidades de precipitaciones superiores a las normales sobre el norte del Litoral y oeste de Cuyo, además de sectores de La Pampa y el sudoeste bonaerense.
El panorama previsto para los próximos meses contrasta con la situación que atravesaba la región núcleo agrícola a comienzos de septiembre. Según datos de la BCR incluidos en el trabajo, al 10 de septiembre el 70% de los suelos se encontraba entre condiciones de escasez y sequía, mientras que el 30% restante presentaba reservas entre regulares y adecuadas.
Del déficit de agua al riesgo de excesos
El informe aclaró que ambas situaciones pueden producirse dentro de una misma campaña. “Pueden coexistir, sin contradicción, una perspectiva estacional húmeda y un déficit agronómico urgente en septiembre”, explicó. De esta manera, precipitaciones necesarias actualmente podrían transformarse en una dificultad más adelante si los suelos alcanzaran niveles de saturación.
El maíz podría beneficiarse de un Niño muy fuerte si las precipitaciones se consolidaran antes del período crítico. Sin embargo, el problema inmediato se encuentra en la implantación temprana, ya que sectores del oeste de la región agrícola todavía presentan humedad insuficiente.
Para la soja, una mayor frecuencia de precipitaciones entre diciembre y febrero podría favorecer la fijación de vainas y el llenado de granos. En contrapartida, los excesos hídricos podrían disminuir la radiación disponible, aumentar la presencia de enfermedades y provocar anegamientos.
Tormentas, granizo y problemas en caminos rurales
Otro de los puntos de atención será la posibilidad de fenómenos meteorológicos intensos. Un Niño de gran magnitud puede aumentar la ocurrencia de lluvias concentradas en períodos cortos, granizo y fuertes ráfagas, aunque con una marcada variabilidad entre diferentes regiones.
Los excesos también podrían provocar saturación de los suelos, afectar caminos rurales y complicar el acceso a plantas industriales y puertos. Al mismo tiempo, una elevada humedad podría incrementar la presión de enfermedades sobre trigo, maíz y soja, publicó La Nación.
Las proyecciones indican que El Niño comenzaría a perder intensidad progresivamente hacia el final del verano. La probabilidad de mantenerse en la categoría “muy fuerte” disminuiría al 75% para el trimestre diciembre-febrero y al 39% para enero-marzo. Hasta entonces, la evolución de las precipitaciones será uno de los principales factores a seguir durante la campaña agrícola argentina.