REDACCIÓN ELONCE
A casi un año de su muerte, el impacto del papa Francisco sigue vigente a través de sus encíclicas, textos que marcaron una nueva visión para la Iglesia Católica y sus fieles.
El papa Francisco llegó al trono de San Pedro directo desde “el fin del mundo”, como él mismo describió la noche del 13 de marzo de 2013. Durante poco más de doce años, el argentino condujo una Iglesia Católica atravesada por una crisis de credibilidad. En ese contexto, su pensamiento y su visión quedaron plasmados en cuatro encíclicas que hoy constituyen el núcleo de su legado.
A lo largo de su papado, Francisco utilizó este formato —cartas dirigidas a obispos y fieles de todo el mundo— para abordar tanto cuestiones doctrinales como problemáticas contemporáneas. Así nacieron Lumen Fidei (2013), Laudato Si' (2015), Fratelli tutti (2020) y Dilexit nos (2024), textos que reflejan su preocupación por la fe, el ambiente, la fraternidad y el amor divino.
A casi un año de su fallecimiento (21 de abril de 2025), estas encíclicas no solo resumen su pontificado, sino que también continúan influyendo en debates globales sobre religión, política, medio ambiente y justicia social.
La fe como punto de partida
El primero de estos documentos, Lumen Fidei, fue publicado el 29 de junio de 2013, apenas tres meses después de su asunción. Aunque firmado por el papa Francisco, gran parte del texto había sido redactado por su predecesor, Benedicto XVI, quien renunció en febrero de ese mismo año.
En esta encíclica, el Papa planteó una visión de la fe como una práctica activa y constante, alejándola de rituales vacíos. Allí sostuvo que la fe no es un gesto automático, sino una experiencia viva que acompaña a la razón. Esta mirada buscó responder al creciente escepticismo religioso y a la caída de fieles en distintas partes del mundo.
Además, el texto insistió en la idea de un Dios cercano y personal, en línea con uno de los grandes objetivos del pontífice: construir una Iglesia más próxima a las personas.
El grito ambiental de Laudato Si'
La segunda encíclica, Laudato Si', publicada el 24 de mayo de 2015, se convirtió rápidamente en uno de los documentos más influyentes del papa Francisco. En ella, el pontífice centró su mensaje en la necesidad urgente de proteger el planeta, al que denominó “la casa común”.
“Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho”, afirmó al inicio del texto.
El documento también abordó problemáticas como el cambio climático, la generación masiva de residuos y la falta de respuesta política. En uno de sus pasajes más citados, Francisco se preguntó: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”.
Fraternidad en tiempos de conflicto
En Fratelli tutti, publicada el 3 de octubre de 2020, el papa Francisco volcó su preocupación por la creciente fragmentación social y los conflictos globales. El texto propone la fraternidad como eje central para construir un mundo más justo y solidario.
“Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia...”, advirtió el pontífice, en un análisis crítico sobre el impacto del globalismo.
Asimismo, subrayó la importancia de ampliar los vínculos humanos más allá de los círculos íntimos: “No puedo reducir mi vida a la relación con un pequeño grupo...”. Y hacia el final, reforzó su visión de una Iglesia inclusiva: “La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre”.
El amor como mensaje final
La última encíclica, Dilexit nos, publicada el 24 de octubre de 2024, marcó el cierre del pensamiento teológico del papa Francisco. En ella, el foco estuvo puesto en el amor divino y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
“Necesitamos recuperar la importancia del corazón en un mundo consumista”, afirmó el Papa, al tiempo que criticó el materialismo contemporáneo: “Hoy todo se compra y se paga, y parece que la propia sensación de dignidad depende de cosas que se consiguen con el poder del dinero...”.
Con este último mensaje, Francisco buscó renovar el sentido espiritual en un contexto global atravesado por desigualdades, conflictos y excesos tecnológicos. A un año de su muerte, sus palabras siguen resonando como una guía ética y moral para millones de personas en todo el mundo.