REDACCIÓN ELONCE
Benjamín Chapino abrió las puertas de su casa y mostró a Elonce un terreno de media hectárea cubierto de plantas. Arvejillas, fresias, gladiolos y coronas de novia llenaron de colores y aromas un espacio vinculado con su historia familiar.
La primavera llegó con una explosión de flores al jardín de Benjamín Chapino, un vecino de Paraná que desde hace cuatro décadas cuidó plantas ornamentales en un terreno de aproximadamente media hectárea.
Arvejillas, fresias, gladiolos, malvones y coronas de novia compartieron el espacio con árboles, mariposas, abejas y abejorros. Chapino abrió las puertas de su casa a Elonce y recorrió un lugar construido con paciencia y estrechamente ligado con los recuerdos de su familia.
“Yo diría que las flores hacen su trabajo. Yo solamente las ayudo”, expresó mientras observaba las distintas especies que florecieron con la llegada de la nueva estación.
Una pasión heredada de su familia
El vínculo de Benjamín con las plantas comenzó durante su infancia. Según recordó, su familia tuvo una quinta reconocida en Paraná, donde se cultivaban crisantemos, claveles y otras variedades de flores.
Aquella experiencia se convirtió en una pasión que conservó durante toda su vida. Tras jubilarse y disponer de más tiempo, comenzó a dedicar una mayor parte de sus jornadas al jardín.
“Uno lo lleva adentro. Para mí, ver una casa sin una flor es como si no hubiera vida, como si no viviera nadie ahí”, afirmó.
El vecino aclaró que su tarea no consistió en controlar cada proceso, sino en acompañar el crecimiento natural de las especies y brindarles los cuidados necesarios.
“Uno deja que las plantas crezcan y las ayuda. Ese es nuestro aporte”, resumió.
El desafío de regar media hectárea
Mantener un terreno de esas dimensiones demandó una dedicación constante, especialmente durante los períodos de altas temperaturas. Para Chapino, el riego fue la tarea más compleja. “Es un predio muy grande, de casi media hectárea, y yo diría que en cada rincón hay alguna planta”, explicó.
La propiedad contó con un antiguo aljibe, que pertenecía a la construcción original. La vivienda, según relató, había sido una tapera y conservó el pozo utilizado antiguamente para extraer agua.
Benjamín instaló una bomba y una red compuesta por cañerías subterráneas y mangueras. Ese sistema le permitió abastecer el jardín sin depender completamente de la red pública, cuyo suministro presenta dificultades en el sector del kilómetro 5½.
El vecino destacó además que el agua almacenada no contenía cloro y consideró que resultaba beneficiosa para el desarrollo de las plantas.
Plantas con cuatro décadas de historia
Dentro del jardín convivieron ejemplares incorporados recientemente con otros que tenían alrededor de 40 años. Con el paso del tiempo, Chapino comenzó a priorizar variedades perennes y especies que no necesitaran un seguimiento permanente.
En otras épocas llegó a cultivar aproximadamente 40 tipos de plantas. Sin embargo, reconoció que debió reducir progresivamente las tareas debido al esfuerzo físico que exigían. “Los años no vienen solos. Uno ya no puede trabajar, producir y cansarse como antes”, comentó.
Ese cambio no redujo su entusiasmo. Benjamín continuó recorriendo el jardín, tomando mate y disfrutando de los aromas, aunque ahora también se permitió descansar y observar el resultado de tantos años de trabajo.
“Las flores me dejan vivir en paz y tranquilidad. Sentarse, tomar mate y sentir tanto perfume es un regalo”, expresó.
Arvejillas, su perfume preferido
Entre todas las especies, Benjamín destacó las arvejillas por la intensidad de su fragancia. Sus flores presentaron tonalidades que pasaron del blanco y el rosado al lila y el violeta.
La arvejilla de olor se caracteriza precisamente por sus flores multicolores y por una fragancia dulce e intensa, frecuentemente comparada con la del jazmín.
Chapino también resaltó la apariencia de la corona de novia, un arbusto que al comenzar la primavera se cubre de pequeñas flores blancas.
“Una planta muy vistosa es la corona de novia, pero no tiene fragancia. El perfume está en las arvejillas y en los jazmines; yo diría que están empatados”, señaló.
Antes de finalizar la recorrida, preparó un pequeño ramo de arvejillas para mostrar la variedad de colores y el aroma que se extendía por el terreno. A su alrededor, abejas, mariposas y abejorros continuaron con la polinización entre las flores.
La postal primaveral resumió un trabajo desarrollado durante cuatro décadas y una forma particular de entender el cuidado del hogar: para Benjamín, las flores no fueron solamente una decoración, sino una fuente cotidiana de recuerdos, serenidad y vida.