Un productor del sur de Misiones, comenzó a ensayar hace unos meses, con un singular sistema hidropónico, para tener un forraje adicional que le permita suplementar sus animales. Se dedica a la cría de ovinos desde el campo hasta el plato.
La cabaña La Armonía, donde Gabriel Montiel se dedica a la cría de ovinos desde el campo hasta el plato (tiene un hermoso restaurante que sirve platos elaborados con los corderos que allí mismo se producen), está ubicada cerca de San José, entre Posadas y Apóstoles, en el sur de Misiones. Allí mismo comienzan las estribaciones serradas que construyen un paisaje de ensueño. Pero la tierra no es buena: hay piedras y una capa de humus no muy abundante. Por eso la oferta de pastos tampoco es abundante y se torna crítica en estos tiempos de persistente sequía.
Montiel, un empresario que viene de trabajar en otros rubros, pero vuelca todo su entusiasmo en la difusión de las ovejas como alternativa productiva para Misiones, no se quedó quieto para ver como sus ovejas enflaquecían por la falta de pasturas. Tampoco se resignó a tener que achicar forzosamente la carga de animales por hectárea. Por eso, desde hace unos meses está ensayando con un singular sistema hidropónico, como para tener un forraje adicional que le permita suplementar sus animales.
Gabriel mostró a Bichos de Campo unas instalaciones raras y extrañas para un establecimiento ovino. Es un sistema hidropónico para producir forrajes y tratar de enfrentar los problemas como los que hubo este año con la sequía. “Tenía que producir alimento. Estaba podrido. Tres años que nos castiga ya la sequía”, indicó el productor y director en Misiones de la Sociedad Rural Argentina (SRA), que se cansó de sacar la billetera para ir a comprar costosos forrajes en otras latitudes.
-¿Era muy caro? Sobre todo acá, porque que tenés que traer granos de otros lado del país.
-Claro, pero no solo el grano, sino también el alimento balanceado, porque las crisis fueron grandes el año pasado. Nosotros terminamos dándole de comer 1 kilo de suplemento balanceado por animal por día y hubo que bancarse. Pero entonces uno se está a pensar cómo resuelve esto.
Montiel reconoce que la primera pista sobre este tipo de sumplementación la sacó de un programa de tele que estaba mirando sobr elechuga hidropónica. De allí saltó a las búsquedas en Internet y pusieron manos a la obra. “Vinieron los ingenieros y bueno, nos equivocamos y por ahí no cometemos errores, pero ya tenemos 90 días ensayando”, nos dice, mientras nos muestra tres raras y largas construcciones hechas de madera de eucaliptus, elevadas y cubiertas por plástico negro, donde se ubican una serie de bandejas donde se produce brotes hidropónicos.
El sistema no parece complejo. Las bandejas se cargan con semillas de maíz u otro cereal, se cubren con agua que circula de modo permanente hasta que comienzan a aparecer cientos de brotes que forman una suerte de “pan de pasto” que se cosecha de una sola pieza, se divide en trozos que luego se distribuyen en los comederos de las ovejas.
“Fuimos ajustando y hoy lo que hemos logrado es tener un modelito desarrollado para 250 cabezas”, comenta Montiel. Esa es la población total en ese establecimiento. Los ovinos comen allí las pasturtas disponibles y eventualmente recibían algún suplemento cuando hacía falta. Con la sequía, esta necesidad se convirtió en una constante.
“Con la seca, ahora le estamos dando de comer el 4% de su peso, pero con hidroponía, pero con una aceptación espectacular” por parte de los animales. agregó.
¿Y cómo se llega a tener oferta suficiente de estos pocos módulos hidropónicos?
Gabriel describe que cada una de las tres bateas construidas en La Armonía tiene 20 metros de largo por 2 de ancho. Luego esa plataforma es seccionada en tramos de un metro. Quedan entonces cuarenta espacios bien demarcados.
“Por metro cuadrado nosotros le ponemos 12 kilo de grano de maíz y a los 13 días levantamos 50 kilos de verde con granos de maíz”, precisa el productor. El pan de forraje incluye por supuesto las raíces. El peso final de la ración multiplica por cuatro veces el de los granos volcados originalmente.
-¿Y cómo se proporciona el producto final a las ovejas?
-Con tractor y acoplado. No tenemos feedlot sino que directamente se corta y se lleva al campo. Hay que desmenuzarlos los paños porque la boca de la oveja es más chica. Se lo sirven en las bateas y se lo comen directamente. En la prueba que estamos haciendo trabajamos de la siguiente manera: carneros, ovejas, corderas y corderitos recién destetados. Entonces, de esa manera tenemos divididas todas las categorías para saber cuál es el comportamiento, sobre todo de palatibilidad, la reacción orgánica de cada categoría de animal y también la velocidad con que lo comen. Obviamente los animales más adultos comen más rápido, las bateas amanecen limpias ahí.
-¿Y cómo se llama la ración? Finalmente es un brote de maíz.
-Es un brote. Pero lo hacemos en cantidades. Nosotros tenemos un predio delimitado, ya que tiene 50 metros por 50 metros. Y ahí vamos a instalar siete bateas pensando en el futuro. Cn eso le vamos a dar de comer a mil ovejas y podemos llegar al 10% de su peso. Eso significa que podemos llegar a bajar de 300 hectáreas a 80 hectáreas para tener esa cantidad de animales. Hay que trabajar mucho técnicamente.
-En todo caso dejás de depender del recurso pasto exclusivamente…
-Seguiremos trabajando a campo natural, haciendo un muy buen manejo, pero todo lo que nos falte va a estar generado por la hidroponía. Venimos calculando que más o menos un 8% del peso del animal es la media que vamos a estar utilizando como forraje.
Montiel cree que la incorporación de la hidroponia para hacer forraje es como incorporar una terraza o huerta verde a un edificio. Su sueño es cerrar el círculo, porque ese es el primer paso de un ciclo que terminará con un plato de carne ovina, ya sea como cordero a la cruz o elaborado con cortes trozados de animales más pesados, como actualmente sucede.
“Nosotros no somos productores primarios. Nosotros vamos hasta el final del camino, servimos al plato y ahora estamos armando una planta de Ciclo 2 para vender los cortes envasados al vacío”, se ufanó el dueño de La Armonía. “Yo lo que tengo metido en la cabeza, y lo repito las 24 horas del día, es que así como en nuestras casas comemos pollo, carne de vaca, cerdo, pescado, que en la mesa de nuestras casas también un día se coman cortes de carne de oveja. Pero para eso lo tenemos que preparar y lo tenemos que poner a disposición del usuario”, sostiene el empresario.
Pero volviendo a los módulos hidropónicos, Montiel insiste que reducirá sus costos al principio de la cadena y todo sin hacer una gran inversión inicial, pues el costo de materiales utilizados hasta el momento, para los tres primeros módulos, ha sido de solo 250 mil pesos. La madera es de eucalipto que sobra en toda la región. La madera fue tratada con aceite viejo de camión. Luego resta comprar el plástico.
Quizás lo más costos sea el sistema eléctrico que automatiza la llegada del agua a los granos depositados en cada bandeja. Se los riega cinco minutos cada hora. Y luego de eso se recupera el 30% del agua, que es el excedente que no toman las semillas.
-¿No es nada imposible de hacer?
-No, no hay nada imposible. Por eso ahora hemos abierto las puertas y con el Ministerio de Agricultura de la Provincia queremos que se difunda y pedimos que exista una línea de crédito no solo para comprar los materiales sino para poder hacer este tipo de cosas, así el productor empieza a tener un poco más de independencia.
Montiel nos aclara que hay que tener cuidado con el maíz seleccionado, que no tiene que haber pasado por un secadero porque pierde su poder germinativo. Cuando le preguntamos por otros cultivos que sería posible utilizar, relata que están ensayando unos pocos módulos con avena “porque se va a venir el invierno y entonces el maíz cae en el nivel de crecimiento, la avena es mucho más fuerte, tiene otro nivel de proteínas mucho más alto”. Luego pensaba hacer pruebas con la alfalfa.
-¿Estás pensando en que vas a probar un poquito de cada cosa en cada módulo?
-Y sí. De acá no paramos.
Esta es la historia de estos ensayos. Mirá la entrevista a Gabriel Montiel: