Unos 280 trabajadores enfrentaban el riesgo de perder sus empleos en siete complejos turísticos vinculados a las Fuerzas Armadas en Córdoba, en medio de una reestructuración que también generó incertidumbre sobre la continuidad de los establecimientos como colonias de vacaciones. La situación formaba parte de una problemática que alcanzaba a 14 complejos en todo el país.
Los establecimientos dependían de la Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA) y, según representantes gremiales, comenzaron a ser transferidos nuevamente a las distintas fuerzas. En ese contexto, algunos podrían permanecer cerrados, mientras se definía el esquema bajo el cual funcionarían.
De acuerdo con ATE, los trabajadores contratados serían desvinculados, mientras que parte del personal de planta pasaría a disponibilidad durante seis meses.
“Algunos cerrarían, al menos por un tiempo, porque se quedan sin gente. Otros quizá sigan abiertos, pero no se sabe si concesionarán los servicios o si pondrán soldados a trabajar”, señaló Marcela Chávez, delegada gremial del sector.
Siete complejos afectados
Entre los establecimientos alcanzados se encontraba el Hotel Golf de Ascochinga, uno de los complejos más importantes. También figuraban la Residencia Cosquín y el Hotel Costanera, ambos en Cosquín, además de la Residencia La Falda.
A ellos se sumaban tres establecimientos del Valle de Calamuchita: el Parador Almirante Brown, en Villa del Dique; La Hostería, ubicada entre Villa General Belgrano y Los Reartes; y la Colonia Miraflores, en Santa Rosa de Calamuchita, indicó La Voz del Interior.
Los establecimientos habían pertenecido originalmente al Ejército, la Fuerza Aérea o la Armada y posteriormente quedaron bajo la órbita de la obra social. Ahora se dispuso que volvieran a las respectivas fuerzas, en medio de la crisis financiera que atravesaba la institución.
Trabajadores en riesgo
Uno de los casos que generó mayor preocupación fue el complejo de Ascochinga-La Granja, donde 60 trabajadores dejarían sus puestos. Según ATE, 29 eran contratados y quedarían desvinculados, mientras que otros 31 empleados de planta pasarían a disponibilidad durante seis meses.
“Nunca imaginé que mi trayectoria laboral pudiera terminar de esta manera”, expresó Chávez, quien indicó que llevaba 39 años trabajando en el establecimiento.
El predio de Ascochinga comprendía unas 3.800 hectáreas, gran parte de ellas declaradas reserva natural. Contaba con hotel, campo de golf, acceso al río, departamentos, restaurante, pileta y diferentes instalaciones deportivas.
Incertidumbre en Calamuchita
En el Valle de Calamuchita, otros tres establecimientos concentraban alrededor de 60 puestos laborales. Se trataba del Parador Almirante Brown, la Colonia Miraflores y la hostería de Villa General Belgrano.
Cintia Barco, trabajadora con una década de antigüedad, sostuvo que los contratados recibieron una notificación que establecía el 30 de septiembre como fecha de finalización de sus actividades. Además, indicó que les comunicaron que desde el 1º de octubre ya no debían presentarse a trabajar.
“Hay gente con más de 40 años de servicio; empleados que tienen problemas de salud y que perderán hasta la obra social”, manifestó la trabajadora.
Una de las versiones que circulaba entre los empleados era que parte del personal civil podría ser reemplazado por integrantes de las fuerzas militares, aunque hasta ese momento no existían precisiones sobre el futuro esquema de funcionamiento.
Complejos que podrían dejar de funcionar
En el Valle de Punilla, la incertidumbre también alcanzaba a tres establecimientos. La Residencia Cosquín, que contaba con 21 hectáreas, departamentos, comedor, salón de eventos, pileta, gimnasio e instalaciones deportivas, tenía 38 trabajadores entre contratados y personal estable.
Según la información conocida, el establecimiento dejaría de abrir desde el 1º de octubre y permanecería cerrado hasta nuevo aviso.
Una situación similar alcanzaba al Hotel Costanera, también utilizado históricamente por integrantes de las Fuerzas Armadas y sus familias, aunque con disponibilidad para el público general.
En La Falda, en tanto, la residencia turística contaba con cinco hectáreas parquizadas, alojamiento, piscina, restaurante, quinchos y canchas deportivas.
Mientras avanzaba el traspaso de los establecimientos hacia cada una de las fuerzas, trabajadores y gremios aguardaban definiciones sobre los puestos laborales y sobre la continuidad de los 14 complejos turísticos alcanzados por la reestructuración en distintos puntos del país.