REDACCIÓN ELONCE
El cantor de la cosechadora, Renzo Fibiger, convirtió sus largas jornadas de trabajo en videos que conquistaron las redes. En diálogo con Elonce, contó cómo surgió la idea, recordó su historia familiar y habló de las dificultades que atraviesa la actividad.
El cantor de la cosechadora se convirtió en un inesperado fenómeno de las redes sociales al mostrar una faceta diferente del trabajo rural. Renzo Fibiger, vecino de
Huanguelén, provincia de Buenos Aires, comenzó a grabarse mientras cantaba y bailaba arriba de la maquinaria durante sus jornadas de cosecha. Los videos comenzaron a circular y la repercusión superó sus expectativas.
En diálogo con Moviendo el Avispero, programa que se emite por Elonce Radio & Streaming FM 98.7, Fibiger contó que detrás de la viralización no hubo una estrategia. “En realidad arranqué como joda. A todos les digo lo mismo”, relató. Después llegaron los primeros mensajes y decidió continuar: “Uno lo hace porque le divierte, con ningún rédito de nada y surgió que se viralice bastante”.
La música, de todos modos, siempre estuvo presente en su vida. “A mí me gusta la música, me gusta cantar. En mi familia somos la mayoría: cuando nos juntamos tocamos la guitarra, el órgano; cuando hay alguna cena familiar, siempre hay karaoke. Uno lo hace porque le gusta nada más”, explicó.
Cantar para hacer más llevaderas las horas de cosecha
Las jornadas sobre una cosechadora pueden extenderse durante muchas horas y los videos aparecieron también como una manera de hacer más ameno el trabajo cotidiano. “Uno lo hace para sobrellevar el día y pasarla lo mejor posible”, expresó Fibiger.
La rutina cambia según el cultivo y las condiciones de cada jornada. “El día de actividad es levantarse, ir a trabajar. A veces nos quedamos en la casilla porque estamos un poco más lejos, para no venir todos los días, pero día por medio tratamos de venir a estar con la familia”, relató.
Los horarios también dependen de lo que haya que cosechar. “Si es fina se arranca mucho más temprano y si es gruesa, soja, siempre se arranca a cosechar después del mediodía, pero es más o menos la misma rutina. Se arranca temprano y se para tarde, por eso uno trata de hacer todo este tipo de cosas para que la tarde se haga un poco más corta”, contó.
Una historia familiar profundamente ligada al campo
El vínculo de Fibiger con las máquinas agrícolas no comenzó con las redes sociales. Su historia estuvo atravesada desde pequeño por el trabajo rural y por la figura de su padre. “Mi papá antes de fallecer había comprado una máquina y me quedé con las herramientas. Yo anteriormente manejaba picadoras y ahora me dedico a lo que es la cosecha y trabajamos con mi hermano”, recordó.
Su padre había trabajado durante muchos años como encargado de herramientas de una estancia. “Le gustaban mucho los fierros y sabía mucho de fierro. Nosotros nos criamos ahí, nos criamos en el campo. Las vacaciones nuestras, los tres meses de vacaciones que había cuando terminaban las clases, eran en el campo y vivíamos en el campo”, relató.
Después de aquella herencia llegaron cambios de maquinaria, dificultades y la decisión de continuar con la actividad. “Siempre vamos luchándola como todo. Nadie nos regala nada. No vamos a dar el brazo a torcer hasta el último”, aseguró.
Los costos, la otra cara del trabajo rural
Detrás del costado divertido que muestran los videos también están las dificultades económicas. Fibiger reconoció que los márgenes de la actividad se encuentran ajustados. “Está complicado el tema de repuestos, el tema de combustible. Por ahí uno no puede cobrar lo que se debe”, señaló.
“No deja lo que tiene que dejar. Uno entiende que al productor tampoco le queda mucho, pero los costos son muy elevados en el tema de repuestos y, si rompiste algo, cuando vas hacés un laburo, te saca el presupuesto, porque son muy finitos los números”, explicó sobre la realidad de quienes prestan servicios de cosecha.
La posibilidad de renovar maquinaria también está condicionada por el acceso al crédito. “En mi caso, con financiación. Yo soy un pobre laburante que se quedó con la herencia de su papá y trabajo con mi hermano. Uno lo va llevando de la mejor manera, lo lleva como puede”, expresó.
Los mensajes que hicieron que siguiera cantando
La repercusión de los videos terminó trascendiendo el entretenimiento. Fibiger contó que comenzó a recibir mensajes de personas que atravesaban momentos difíciles y encontraban en sus publicaciones unos minutos de alegría.
“Recibo muchos mensajes agradeciendo porque hay gente que la pasa mal y recibo mensajes agradeciéndome que le alegro el día”, contó. Incluso su imagen ya apareció estampada en una remera vinculada a “el cantor de la cosechadora”, algo que rápidamente despertó interés entre sus vecinos.
Sin embargo, aseguró que mantiene el mismo objetivo con el que comenzó. “No lo hago para sacar rédito de nada, lo hago porque me divierte y son cinco minutos que me despejo un rato”, afirmó. Y antes de despedirse de Elonce anticipó que los videos continuarán: “Vamos a seguir hasta donde lo permitan. Vamos a seguir inventando porque hay que inventar también”.