REDACCIÓN ELONCE
La prevención de caídas en adultos mayores requiere mantener la fuerza, controlar la visión y los medicamentos, adaptar el hogar y elegir un calzado seguro. El doctor Ariel Gómez explicó a Elonce qué cambios cotidianos permiten conservar autonomía y evitar lesiones.
La prevención de caídas en adultos mayores puede comenzar mucho antes de que ocurra un accidente y no implica reducir actividades ni resignar independencia. El doctor Ariel Gómez, especialista en Clínica Médica del Sanatorio Adventista del Plata, explicó a Elonce que mantener la fuerza muscular, revisar los medicamentos, controlar la visión y eliminar riesgos cotidianos son algunas de las medidas que pueden evitar lesiones y preservar la autonomía.
“Una caída no es algo normal de la edad: muchas veces podemos prevenirla”, afirmó Gómez. El especialista advirtió que un episodio de este tipo puede tener consecuencias muy diferentes: “Lo que implica una caída inesperada puede ir desde cosas graves que requieran internación, traumatismos encéfalo-craneanos, fracturas que después llevan meses de rehabilitación, hasta cuestiones menores”.
Sin embargo, el impacto no termina necesariamente con la recuperación de una lesión. El médico puso especial atención sobre lo que ocurre después: el temor a volver a caer puede llevar a la persona a abandonar actividades, salir menos de su casa y moverse cada vez menos.
El miedo después de una caída también puede convertirse en un riesgo
“Cuando una persona adulta, un anciano, se cae, después queda con miedo, queda aprensivo y tiende a guardarse, tiende a hacer menos actividad, tiende a salir menos para evitar una nueva caída”, explicó Gómez. La reacción parece inicialmente protectora, pero puede terminar aumentando la vulnerabilidad.
El especialista describió ese círculo con claridad: “Ese quedarse más quieto implica mayor riesgo porque decrece la masa muscular, los reflejos se van perdiendo y estamos más predispuestos a nuevas caídas”. Es decir, la persona intenta evitar un nuevo accidente mediante el reposo, pero la pérdida de fuerza puede aumentar el riesgo que buscaba reducir.
Por eso, el concepto de prevención que planteó Gómez se alejó de la sobreprotección. “Prevenir una caída no significa limitar la vida de una persona mayor, o tampoco tenerla asustada. Significa ayudarla a conservar su autonomía, su seguridad y su calidad de vida. El objetivo es que siga caminando, moviéndose y viviendo con confianza”, sostuvo.
Moverse más para conservar fuerza y equilibrio
La primera recomendación fue sostener la actividad física. “Hay que moverse más”, resumió el médico. A partir de allí mencionó distintas alternativas que pueden adaptarse a las posibilidades y preferencias de cada persona.
“Si ya venimos haciendo gimnasia, tratar de incrementar un poquito, ir al gimnasio, pilates, clases de baile, talleres especializados, kinesiología”, enumeró. Las recomendaciones coinciden con lineamientos sanitarios que destacan los ejercicios destinados a conservar fuerza y equilibrio como herramientas de prevención de caídas.
Gómez destacó particularmente los talleres que funcionan en clubes, barrios o espacios municipales. “A veces se dan en clubes de barrio, a veces se dan en municipios, a cargo de un kinesiólogo o de un profesor de Educación Física. Con juegos, dinámicas, globos y esos balones grandes se hacen actividades muy divertidas que mantienen los reflejos”, explicó.
“Hay formas y formas de envejecer”
Esas actividades, agregó, permiten fortalecer específicamente los músculos involucrados en la estabilidad. “Nos ayudan a fortalecer aquellos músculos que se usan especialmente a la hora de mantener el equilibrio y básicamente nos ayudan un montón”, expresó.
“Así que, a moverse más, a evitar la pérdida de masa muscular. Todos nuestros tejidos van envejeciendo con el correr de los años, pero hay formas y formas de envejecer”, reflexionó Gómez. En ese sentido, pidió evitar que el sedentarismo acelere la pérdida de capacidades que todavía pueden conservarse.
Para quienes tienen dificultades para salir de su vivienda, existen ejercicios adaptados que pueden realizarse con elementos sencillos. “Incluso para las personas a las que les resulta complicado salir de la casa, simplemente con una silla pueden hacer ejercicios para mantener activos todos los músculos y, en lo que nos concierne, mantener aquellos que nos ayudan a evitar caídas”, señaló.
La actividad física como herramienta para sostener la independencia
El objetivo no pasa necesariamente por realizar ejercicios exigentes, sino por conservar las capacidades utilizadas todos los días: levantarse de una silla, caminar, cambiar de dirección, superar pequeños desniveles o reaccionar frente a una pérdida repentina del equilibrio.
“Que nuestros músculos nos acompañen envejeciendo de la mejor manera y no perdiendo uso simplemente por quedarnos quietos”, expresó Gómez. El concepto atraviesa buena parte de su recomendación: el movimiento funciona como una herramienta para mantener independencia y no solamente como una práctica deportiva.
Al finalizar su explicación, sintetizó esa relación entre actividad y prevención: “A mayor entrenamiento, a mayor músculo, menor riesgo de caída”. La recomendación oficial argentina para mayores de 65 años también contempla actividades centradas en equilibrio funcional y fortalecimiento muscular para prevenir caídas.
La visión puede deteriorarse sin que la persona lo advierta
Otro de los factores que Gómez pidió observar fue la vista. El deterioro visual puede producirse gradualmente y hacer que una persona se acostumbre a ver con menor nitidez sin percibir cuánto cambió su capacidad para reconocer obstáculos.
“A veces uno puede decir: ‘¿Cómo alguien puede dejar pasar esto por alto?’, pero pasa por descuido, porque es muy de a poquito y nos vamos acostumbrando a ver un poquito no tan claro”, explicó.
Una dificultad visual puede adquirir relevancia frente a un escalón, una alfombra, un desnivel o incluso un objeto que otra persona dejó accidentalmente en el piso. “A veces no vimos algo que un nieto o alguien dejó fuera de lugar y eso causa una caída. Es una pena porque con una consulta al oftalmólogo y un par de lentes nuevos podemos solucionar ese problema”, sostuvo.
Los controles oftalmológicos también forman parte de la prevención
El especialista recomendó no postergar las consultas por depender de otra persona para trasladarse. “A veces tememos poner en compromiso a alguien a quien le tenemos que pedir ayuda para llevarnos al oftalmólogo”, señaló.
“Consultar al oftalmólogo, tener un buen par de lentes, es muy importante para evitar tropiezos innecesarios”, agregó. La revisión periódica de la visión forma parte de las medidas recomendadas para evaluar y disminuir factores asociados a las caídas en personas mayores.
La mirada preventiva, entonces, no se limita a observar el piso. También implica preguntarse si la persona puede detectar correctamente aquello que aparece en su camino y si sus anteojos continúan respondiendo a sus necesidades actuales.
Medicamentos: un factor que debe revisarse con el médico
El tercer punto estuvo centrado en los tratamientos farmacológicos, particularmente en personas que toman varios medicamentos diariamente. “Otra de las recomendaciones es revisar los medicamentos, muy especialmente en las personas que están polimedicadas”, afirmó Gómez.
La recomendación cobra todavía mayor importancia después de una caída. “Las personas que han tenido una caída tienen que ir con su médico de cabecera a revisar”, señaló. El objetivo es analizar los tratamientos y determinar si alguno puede estar relacionado con mareos, somnolencia o disminución de los reflejos.
“Aunque tal vez no lo puedas creer, hay personas que usan 10, 12, 15, 20 comprimidos por día y entonces en esa polifarmacia hay riesgo de que algunos medicamentos nos predispongan a tener caídas”, advirtió.
Qué tratamientos requieren especial atención
Gómez mencionó algunos grupos farmacológicos sobre los cuales resulta importante mantener seguimiento profesional. “Mucho cuidado con medicamentos del área de cardiología, aquellos que son para las arritmias, aquellos medicamentos que recibimos cuando tuvimos un problema cardíaco, como una angina de pecho, una arritmia o hipertensión”, detalló.
También agregó: “Medicamentos que se usan para ayudarnos a dormir, medicamentos que se usan para la depresión o la ansiedad también nos generan cierto nivel de peligro”. Algunos fármacos pueden favorecer cansancio o mareos y, por ese motivo, la revisión de la medicación integra las estrategias clínicas de prevención.
Pero Gómez fue categórico respecto de cómo actuar: “Nunca dejarlo solo por nuestra cuenta. Vamos con el médico y él nos va a ayudar a decidir”. Es el profesional quien debe evaluar si corresponde mantener el tratamiento, modificar dosis o cambiar horarios.
No suspender medicamentos por decisión propia
El horario de administración también puede ser relevante cuando determinados tratamientos generan sueño o reducen el estado de alerta. El médico debe conocer las actividades habituales de la persona para evaluar el esquema más adecuado.
“Hay que consultar con el médico y el médico va a poder decidir cuáles son los medicamentos que hay que tomar en un horario distinto, reducir la dosis o, en algún caso, quitarlo”, explicó Gómez.
La recomendación principal fue, por lo tanto, evitar dos extremos: ignorar que la medicación puede influir sobre el equilibrio o suspender tratamientos necesarios sin indicación profesional.
“Hacer que la casa se adapte a uno”
Una parte importante de la prevención se juega dentro de la vivienda. Alfombras sueltas, muebles desplazados, objetos en zonas de circulación, iluminación deficiente y baños resbaladizos pueden transformarse en obstáculos cotidianos.
Gómez resumió el concepto con una frase: “Hacer que la casa se adapte a uno y no que uno se adapte a la casa”. A partir de esa idea propuso revisar cada espacio desde la perspectiva de quien necesita desplazarse de manera segura.
“Hay algunos tips muy sencillos: revisar las alfombras. No aquellos lugares que son completamente alfombrados, sino las carpetas que de repente están bajo una mesa o en la entrada de la casa. Por favor, o las aseguramos bien o las retiramos”, recomendó. Retirar alfombras sueltas y despejar zonas de paso también integra las recomendaciones habituales de prevención.
Pasillos despejados e iluminación adecuada
El siguiente punto fue mantener libres los espacios por donde se camina. “Mantener los pasillos libres de objetos; no solamente los pasillos, sino los lugares de circulación”, indicó.
Una silla corrida, un juguete u otro elemento inesperado pueden convertirse en un riesgo. “Por ahí hay un niño en casa, alguien que descuidadamente deja una silla fuera de lugar. Eso es importante”, ejemplificó Gómez.
A ello sumó la iluminación: “Mejorar la iluminación en todos los ambientes, muy especialmente a la noche”. El especialista explicó que muchas personas mayores se levantan para ir al baño y prefieren no encender luces intensas para evitar despertarse completamente o molestar a su pareja.
El riesgo de caminar a oscuras durante la noche
“Muchos adultos mayores se levantan para ir al baño a la noche, está todo oscuro, no quieren prender la luz para no despertarse ellos demasiado y poder volver a dormir bien, o para no despertar a su cónyuge”, relató.
Para esas situaciones mencionó soluciones sencillas: “Ahora vienen pequeñas luces muy tenues, incluso algunas se activan con el movimiento, que nos sirven para eso”.
Son pequeños cambios en la vivienda, pero apuntan a una situación frecuente: levantarse adormecido, con poca iluminación y recorrer un trayecto en el que cualquier objeto inesperado puede generar un tropiezo.
El baño, uno de los puntos que requiere más cuidados
“El baño es un punto importante de accidentes, lamentablemente”, señaló Gómez. Allí recomendó utilizar superficies antideslizantes y revisar especialmente bañeras o estructuras que obliguen a levantar demasiado las piernas para ingresar o salir.
“Las bañeras no pueden ser un foco de accidente. Entonces, si hay que cambiar, invertir y dejar un zócalo pequeñito, hay que hacerlo. Hay algunos flejes de plástico que evitan que el agua se desparrame, pero no necesitamos levantar la pierna demasiado y evitamos tropiezos y caídas”, detalló.
Además, destacó la utilidad de elementos de apoyo: “Barandas, pasamanos en lugares donde hay desnivel, para levantarnos del inodoro, para salir de la ducha, son sumamente importantes a la hora de prevenir caídas”.
Las mascotas también pueden convertirse en un obstáculo
Dentro del hogar apareció otro factor menos evidente. Gómez habló sobre las mascotas y aclaró que, pese al valor afectivo que tienen, sus movimientos deben considerarse cuando conviven con una persona que presenta dificultades de equilibrio.
“Las mascotas son excelentes acompañantes en todo momento de la vida, pero si tengo un perro grande, torpe, que se me cruza, tendré que pensar en una adopción responsable y tener una mascota que sea menos peligrosa”, expresó.
El planteo, reconoció, puede resultar sensible, pero lo incorporó dentro de una evaluación integral del entorno: prevenir también supone identificar obstáculos imprevisibles que puedan provocar una pérdida repentina del equilibrio.
El bastón no significa perder autonomía
Fuera del hogar, Gómez puso especial énfasis en el bastón cuando existe indicación profesional o la propia persona comienza a sentirse insegura al caminar. “Cuando lo necesito, cuando me lo indicaron o cuando yo ya vi que de repente estoy un poco inseguro, el bastón es excelente”, afirmó. Sin embargo, reconoció que muchas personas se resisten a incorporarlo.
“Hay una cuestión de coquetería con el bastón. Por favor, dejemos de lado la coquetería, comprémonos un lindo bastón en todo caso, pero usemos el bastón porque el bastón bien utilizado es casi como caminar con un pasamano”, graficó.
Veredas rotas y celulares, otros riesgos fuera de casa
El apoyo puede resultar especialmente útil al subir o bajar cordones o caminar sobre superficies deterioradas. “Nos bajamos del cordón, subimos, hay veredas que no están en muy buen estado y nos ayuda un montón”, señaló Gómez.
El médico incorporó otra recomendación sencilla: “No hablar por celular mientras estamos caminando”. La distracción puede hacer que una persona no advierta un desnivel u obstáculo que normalmente detectaría.
“Prestar especial atención cuando estamos caminando en lugares que no conocemos, donde hay veredas rotas, en mal estado o lugares que están pobremente iluminados a la noche”, aconsejó.
El calzado puede aumentar o disminuir el riesgo
“Para prevenir caídas, no solamente hay que mirar dónde pisamos: también hay que mirar qué llevamos puesto en los pies”, advirtió Gómez al abordar otro de los factores modificables. “Invertir en calzado siempre es una buena inversión”, afirmó.
El especialista explicó que algunos zapatos antiguos pueden resultar muy cómodos porque se adaptaron al pie, aunque con el tiempo pueden haber perdido su capacidad de sujetarlo correctamente.
“A veces tenemos calzados viejos que nos quedan muy cómodos, ya están adaptados a nuestros pies, pero nos quedan sueltos. Pantuflas que nos quedan muy sueltas, suelas que se han ido desgastando y se deslizan muy fácilmente”, enumeró.
Un zapato seguro no tiene por qué resignar estética
El calzado mal ajustado, los tacos altos y las suelas resbaladizas son factores reconocidos de riesgo. “Un zapato que nos quede bien sujeto al pie, que tenga una buena suela, es importante”, explicó Gómez. También se refirió a quienes continúan utilizando tacos altos.
“Apelamos a que todas las personas que han sido coquetas lo sigan siendo, pero a veces encuentro que a mi consultorio entran damas ya de cierta edad todavía con tacos altos”, contó.
Su recomendación fue buscar un equilibrio: “Mantengamos la coquetería, pero a nivel calzado comprémonos un lindo zapato que no nos predisponga a caídas”.
Cinco claves para prevenir caídas
Al sintetizar la entrevista, Gómez enumeró cinco medidas centrales. “Primero, moverse, moverse más. Cuidar la visión. Revisar junto con tu médico los medicamentos que estás usando, muy especialmente si estamos tomando varios comprimidos por día. Preparar la casa, que la casa sea segura, y utilizar un calzado adecuado”, resumió.
A esas acciones se incorporan herramientas según las necesidades de cada persona: bastones, barras de apoyo, iluminación nocturna y modificaciones específicas dentro del baño. El enfoque coincide con recomendaciones sanitarias que consideran las caídas como fenómenos multifactoriales, en los que pueden confluir condiciones personales y factores ambientales.
Pero el concepto que atravesó toda la explicación fue que prevenir no significa prohibir. No se busca que una persona deje de caminar porque existe la posibilidad de caer, sino reducir los factores evitables para que pueda continuar haciéndolo.
Prevenir para seguir caminando con confianza
“Hablar de estos temas no es para quitarle libertad a nadie, no es para que las personas mayores le tengan miedo a las caídas”, remarcó Gómez hacia el final de la entrevista. “Es para que, evitando esto, tengamos mayor tiempo de autonomía, que tengamos mayor capacidad de movilizarnos y mantengamos nuestra independencia el mayor tiempo posible”, agregó.
La prevención puede comenzar, entonces, con decisiones sencillas: moverse más, revisar los anteojos, conversar con el médico sobre los medicamentos, retirar una alfombra, colocar un pasamanos, encender una luz durante la noche, utilizar un bastón cuando sea necesario o reemplazar un calzado desgastado. “No es difícil, son cambios de hábito, cambios de actitud”, concluyó el especialista.
En definitiva, la prevención puede comenzar con decisiones sencillas: realizar actividad física, controlar la vista, conversar con el médico sobre los medicamentos, encender una luz antes de caminar de noche, retirar una alfombra peligrosa, instalar un pasamanos o cambiar un calzado desgastado. Son modificaciones pequeñas frente a las consecuencias que puede generar una caída y tienen un propósito común: que las personas mayores sigan moviéndose y viviendo con confianza.