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Sociedad Alimentación, diagnóstico y cuidados cotidianos

Celiaquía: síntomas, diagnóstico y las claves para una alimentación segura sin gluten

La celiaquía puede manifestarse con síntomas digestivos y también con señales menos conocidas. El doctor Ariel Gómez explicó a Elonce cómo se diagnostica, por qué la dieta debe ser estricta y qué cuidados son esenciales para evitar la contaminación cruzada.

1 de Septiembre de 2026
Celiaquía: síntomas, diagnóstico y alimentación sin gluten.
Celiaquía: síntomas, diagnóstico y alimentación sin gluten. Foto: (Elonce).

REDACCIÓN ELONCE

La celiaquía puede manifestarse con síntomas digestivos y también con señales menos conocidas. El doctor Ariel Gómez explicó a Elonce cómo se diagnostica, por qué la dieta debe ser estricta y qué cuidados son esenciales para evitar la contaminación cruzada.

La celiaquía es una enfermedad que puede aparecer con dolor abdominal, distensión o alteraciones intestinales, pero también esconderse detrás del cansancio, problemas en la piel, caída del cabello, osteoporosis e incluso dificultades reproductivas.

El doctor Ariel Gómez, especialista en Clínica Médica del Sanatorio Adventista del Plata, explicó a Elonce cómo reconocerla, diagnosticarla y, fundamentalmente, cómo debe cuidarse una persona celíaca.

 

Frente a una mesa con productos libres de gluten, el médico resumió uno de los conceptos centrales para comprender la enfermedad: en este caso, la alimentación constituye el tratamiento. “La comida es nuestro remedio y en esta enfermedad, que es la enfermedad celíaca, esto es doblemente cierto”, afirmó.

 

El especialista advirtió, además, que no todas las personas que eliminan el gluten de su alimentación tienen celiaquía. En los últimos años se extendieron las dietas sin gluten por diferentes razones, pero Gómez diferenció claramente esas elecciones de una enfermedad que requiere diagnóstico médico y cuidados permanentes.

 

Celiaquía, intolerancia y dieta sin gluten: cuáles son las diferencias

 

“Tal vez uno de los motivos por los cuales elegimos este tema hoy es porque algunas personas podrían creer que esto es casi una moda, porque lo cierto es que hay un grupo de personas que han decidido comer sin gluten porque les gusta, porque les parece bueno, porque les hace bien”, explicó Gómez.

 

En ese universo ubicó a un segundo grupo: las personas intolerantes al gluten. “Ellos son mucho más sintomáticos. Claro, si comen con gluten les hace mal, les trae distintos tipos de síntomas”, señaló. Finalmente, diferenció a “aquellos que tienen enfermedad celíaca”, quienes conforman “un grupo especial que merece especial cuidado y especial atención”.

 

Para comprender qué sucede en el organismo, el profesional comenzó por el gluten. “El gluten es una proteína que está dentro del trigo, la cebada y el centeno”, indicó. En una persona con enfermedad celíaca, su consumo desencadena una reacción del sistema inmunológico que termina afectando el aparato digestivo.

 

Qué ocurre en el organismo de una persona celíaca

 

Gómez explicó que, al ingerirse gluten, “hay personas que pasa al torrente sanguíneo y genera una reacción inflamatoria”. El sistema inmunitario responde frente a esa situación y se produce una agresión sobre el propio organismo.

 

“Nuestro sistema inmune, que está preparado para combatir bacterias, que está preparado para combatir virus, ataca a nuestro tubo digestivo, ataca especialmente al duodeno y eso hace que no podamos absorber bien los alimentos”, detalló.

 

La alteración de la absorción intestinal explica buena parte de las consecuencias que puede generar la enfermedad cuando no es detectada o tratada adecuadamente. A partir de ese proceso pueden aparecer diferentes síntomas, algunos fácilmente asociados al sistema digestivo y otros mucho menos evidentes.

 

Los síntomas de la celiaquía que pueden encender una alerta

 

Entre las manifestaciones más conocidas, Gómez enumeró “dolor abdominal, distensión” y explicó que “a veces da diarrea, a veces da estreñimiento”, además de mencionar la pérdida de peso.

La presencia de antecedentes familiares suele ser otro motivo de consulta. “Cuando pasa eso, mucha gente ya se le prende la lucecita amarilla, va al médico y dice: ‘Mirá, tengo un familiar celíaco y a mí me está pasando esto también, ¿no será que...?’ Se hacen los estudios y ahí diagnosticamos celiaquía”, relató.

 

Sin embargo, el especialista puso especial énfasis en aquellas manifestaciones que pueden pasar inadvertidas o atribuirse inicialmente a otras causas. “Hay algunos otros síntomas que no necesariamente son tan obvios”, advirtió.

 

Cansancio, piel seca, caída del cabello y problemas óseos

 

Dentro de esas señales menos conocidas mencionó “decaimiento, cansancio” y pérdida de peso, pero también “osteopenia u osteoporosis en momentos que uno no debería tener esos problemas”.

 

Las manifestaciones también pueden observarse en la piel. Gómez señaló que puede presentarse “piel seca”, picazón que no mejora pese a la utilización de cremas y caída del cabello. La diversidad de síntomas obliga, según explicó, a no limitar la sospecha de celiaquía exclusivamente a trastornos gastrointestinales.

 

“Tenemos que estar atentos a que la enfermedad celíaca puede manifestarse en formas no habituales. Infertilidad, problemas en el embarazo, que no los tenemos tan presentes, pero generan un mundo de problemas”, sostuvo el especialista.

Por qué no hay que dejar el gluten antes de hacerse los estudios

 

Una de las principales recomendaciones de Gómez estuvo dirigida a quienes sospechan que pueden tener celiaquía. Ante la aparición de síntomas, advirtió que no resulta conveniente comenzar por cuenta propia una dieta libre de gluten antes de realizar la consulta médica.

 

“Si algún televidente está sospechando que tal vez tiene enfermedad celíaca, puede tener la tentación (...) de decir: ‘No, no como más gluten y veo qué pasa’. Está bien, es una opción. Pero lo ideal es ir al médico antes de empezar una dieta”, explicó.

 

El motivo está relacionado directamente con el diagnóstico. Si una persona elimina previamente el gluten, los estudios posteriores pueden arrojar resultados que dificulten confirmar la enfermedad. “Después los estudios nos pueden dar que está todo bien y, en realidad, está todo bien porque estamos haciendo ya la dieta”, remarcó.

 

Cómo se diagnostica la celiaquía

 

El primer paso puede realizarse mediante estudios de laboratorio. “¿Qué estudios le va a pedir su médico? Un análisis de sangre. Ahí en el laboratorio se puede determinar bastante bien si uno es celíaco o no”, detalló Gómez.

Según explicó, en determinados casos pediátricos el análisis sanguíneo puede aportar elementos suficientes para arribar al diagnóstico. En adultos o cuando permanecen dudas, en cambio, puede ser necesario avanzar con otros procedimientos.

 

“En los adultos o en casos que queden dudas también se hace una endoscopía. Y allí el médico que le va a hacer la endoscopía llega hasta el duodeno, toma una biopsia y eso termina de certificar si estamos frente a una enfermedad celíaca o no”, explicó.

 

“No hay grados de celiaquía”

 

La biopsia permite observar el estado del intestino y determinar el daño existente, pero Gómez aprovechó ese punto para derribar una idea frecuente entre los pacientes: que existen personas “más” o “menos” celíacas.

 

“La biopsia va a reflejar el grado de daño que tiene el duodeno y se clasifican distintos tipos. Y a veces, lamentablemente, hay personas que son celíacas que nos dicen: ‘Bueno, yo soy muy celíaco o poco celíaco’”, comentó.

La diferencia, aclaró, está en la intensidad de las manifestaciones y no en la existencia de la enfermedad. “No, en realidad es muy sintomático o es poco sintomático, pero no hay grados de celiaquía. El que es celíaco lo es o no lo es”, enfatizó.

 

Una dieta estricta incluso cuando no aparecen síntomas

 

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento se sostiene fundamentalmente mediante la alimentación. Actualmente, explicó Gómez, no existe un medicamento que permita a una persona celíaca consumir gluten sin consecuencias.

 

“Por el momento no hay remedio, pero hay tratamiento y el tratamiento es la comida”, sintetizó. Esa alimentación debe mantenerse de manera estricta y permanente.

 

“Una vez que nos diagnosticaron celiaquía, tenemos que hacer una dieta estricta, porque si no, aunque yo no tenga síntomas cuando me como algo fuera de lugar, en el mediano y largo plazo nos da muchos problemas”, remarcó. Por ese motivo, no debe interpretarse la ausencia de molestias inmediatas como una señal de que pequeñas cantidades de gluten resultan inocuas.

 

Por qué no existen las “excepciones” en la dieta

 

Para graficarlo, Gómez estableció una comparación con otras enfermedades crónicas en las que determinados pacientes, bajo indicación y control profesional, pueden tener cierta flexibilidad alimentaria.

En la celiaquía, sostuvo, esa lógica no se aplica. “No es así en la persona que es celíaca: tiene que hacer una dieta estricta”, insistió.

 

El desafío se vuelve especialmente importante en un país donde el trigo y sus derivados forman parte de una enorme cantidad de alimentos. “La dieta parece muy sencillo decirlo: tiene que sacar el gluten de su dieta, pero es todo un desafío y es todo un cambio de hábitos muy importante, más en un país donde el trigo está presente, la harina de trigo en todos lados”, señaló.

 

Leer las etiquetas, incluso en alimentos que parecen seguros

 

Uno de los hábitos fundamentales consiste en revisar cuidadosamente los productos industrializados. Que un alimento sea naturalmente libre de gluten no significa necesariamente que el producto disponible en una góndola sea apto para una persona celíaca. “Cuando nos diagnostican celiaquía, leer las etiquetas. Todo producto industrializado, todo paquete que compramos tiene que tener el logo”, recomendó Gómez.

Y ejemplificó: “No me importa que sean arvejas y que las arvejas no tienen gluten, porque en el proceso, depende del lugar donde se procesó, donde se cerró, depende el condimento que le pusieron, el conservante que le pusieron, puede tener gluten”. Incluso mencionó el caso de algunos copos de maíz que, pese a estar elaborados con un cereal naturalmente libre de gluten, pueden incorporar ingredientes derivados de cebada.

 

Contaminación cruzada: el riesgo invisible dentro de la cocina

 

El cuidado no termina con la compra. Una de las cuestiones centrales de la entrevista fue la contaminación cruzada, que puede ocurrir dentro de cualquier cocina cuando alimentos aptos entran en contacto con gluten.

 

Gómez planteó una escena cotidiana: una familia desayuna y uno de sus integrantes es celíaco. Una persona utiliza un cuchillo para untar queso crema o dulce sobre pan común y luego vuelve a introducirlo en el envase. Aunque a simple vista no queden migas, ese alimento ya pudo contaminarse.

 

“Pero yo no veo migas, pero está la contaminación”, advirtió. Algo similar ocurre al tocar pan y después manipular otros alimentos: “Cuando toco un pan no soy consciente que me tengo que lavar las manos, pero estuve tocando pan, corto queso, ya eso no se puede utilizar para un celíaco”.

 

Tablas, fuentes y harinas: cómo organizar la cocina

 

El especialista también pidió prestar atención a las superficies y utensilios. “Muy importante cuidar lo que compramos y cuidar el proceso que lleva y que puede haber contaminación cruzada”, expresó.

 

Las harinas requieren especial precaución debido a su capacidad para dispersarse. Gómez recomendó “tener presente el hecho de que las harinas son muy volátiles y cómo las guardamos, en dónde las guardamos, que estén separadas, que las fuentes en las que cocinamos sean separadas”.

 

Una tabla también puede convertirse en un punto de contaminación. “Preparo una ensalada y la hago en la misma tabla que antes apoyé pan. No, no puede ser”, ejemplificó. Los recaudos, por lo tanto, abarcan desde el almacenamiento hasta la preparación y el servicio.

 

Comer afuera y el desafío de sentirse seguro

 

Fuera del hogar aparece otra dificultad. Gómez recomendó consultar y verificar que restaurantes y establecimientos gastronómicos cuenten con condiciones adecuadas para elaborar alimentos seguros.

 

“La legislación en Argentina es buena a nivel nacional, a nivel provincial, pero lamentablemente no siempre se cumple”, consideró. Como experiencia personal, recordó establecimientos donde la identificación de opciones aptas permitía consumir pizza o empanadas libres de gluten con tranquilidad.

 

El punto central, según explicó, es que la persona pueda conocer cómo se manipularon los alimentos y reducir los riesgos. La disponibilidad de una preparación sin harina de trigo, por sí sola, no garantiza que no haya existido contacto con gluten durante su elaboración.

 

Cómo ayudar cuando se invita a comer a una persona celíaca

 

Los cuidados también tienen una dimensión social. Gómez pidió evitar que la enfermedad se convierta en un motivo de aislamiento durante reuniones familiares, encuentros entre amigos o celebraciones.

 

“La persona que invita a un celíaco, a una persona que padece celiaquía, no hacerlo sentir como que fuese, está excluido. No excluirlo”, remarcó. Según mencionó, se estima que la enfermedad alcanza aproximadamente a una de cada 100 personas o incluso una de cada 60, aunque también existen casos que permanecen sin diagnóstico.

 

Su recomendación fue sencilla: preguntar. “Invitamos a alguien a comer, preguntarle, preguntarle qué recaudos tengo que tener. La persona celíaca no se va a enojar”, sostuvo.

 

Un envase nuevo puede marcar la diferencia

 

Ante las dudas sobre un alimento previamente manipulado, Gómez recomendó privilegiar la seguridad. “Yo tengo, voy a hacer algo con queso y ya tengo un queso que está abierto, pero no me acuerdo cómo lo manipulé. Tengo un dulce de leche y voy a preparar un postre, el dulce de leche ya está abierto, compro uno nuevo, me quedo tranquilo y dejo tranquilo a mi amigo, a mi ser querido de cómo lo hago”, ejemplificó.

También señaló que algunas personas celíacas prefieren concurrir a reuniones con su propia comida como medida preventiva, especialmente si anteriormente atravesaron experiencias negativas.

 

“Hay celíacos que prefieren, por una cuestión de precaución, llevar su comidita. Genial, no hay problema. No lo tengo que sentir como una ofensa, sino porque esa persona está cuidando su salud, tal vez tuvo malas experiencias en el pasado”, expresó.

 

Cinco claves para convivir con la celiaquía

 

Al sintetizar sus recomendaciones, Gómez volvió sobre el carácter médico de la enfermedad. “La enfermedad celíaca es una enfermedad real, seria, que puede llevar problemas en el momento porque tenemos síntomas y a futuro si no nos cuidamos”, afirmó.

 

La segunda clave es reconocer que no siempre se presenta de la misma manera. Puede haber síntomas intestinales, pero también cansancio, alteraciones dermatológicas, óseas o reproductivas. La tercera recomendación es consultar al médico antes de retirar el gluten, para no interferir con el proceso diagnóstico.

 

Finalmente, remarcó que “el tratamiento requiere una dieta completamente, totalmente libre de gluten y evitar la contaminación cruzada”. Y agregó una recomendación para familiares y amigos: “Nos informamos, le preguntamos a la persona afectada y respetamos sus gustos y sus deseos”.

 

¿Las personas celíacas pueden consumir avena?

 

La entrevista cerró con una duda frecuente. La denominación Sin TACC históricamente remite a trigo, avena, cebada y centeno, pero Gómez explicó que el caso de la avena tiene una particularidad vinculada principalmente a su procesamiento y posible contaminación.

 

“Ahora sabemos que la avena no tiene problemas para los celíacos. Si ustedes prestan atención en dietéticas o en supermercados van a ver bolsitas de avena Sin TACC”, indicó.

 

“¿Cuál es el secreto? Es que la persona que produce esa avena que llega Sin TACC cuidó todo el proceso para que no haya una contaminación cruzada, pero hoy los celíacos pueden comer avena, tienen que cuidar de dónde viene”, concluyó Gómez.

Guía práctica sobre la celiaquía: De la mesa a la salud, "cuando la comida es nuestro remedio"

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