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La historia del hombre que construyó por amor una réplica de la Casa de Tucumán

Luis Garea levantó en Buenos Aires una réplica de la Casa Histórica como homenaje a su esposa tucumana. El proyecto se convirtió en un símbolo de amor y comunidad.

9 de Julio de 2026
La historia de amor de Inés y Luis que deja huella
La historia de amor de Inés y Luis que deja huella

Luis Garea levantó en Buenos Aires una réplica de la Casa Histórica como homenaje a su esposa tucumana. El proyecto se convirtió en un símbolo de amor y comunidad.

La Casa de Tucumán tiene una réplica exacta en la provincia de Buenos Aires y una historia que ya atravesó 41 años, que resistió pérdidas irreparables y que encontró una forma singular de dejar una huella para el futuro: la construyó un hombre por amor a su mujer.

 

Las columnas blancas, los arcos, las rejas de hierro y cada uno de los detalles que forman parte de la histórica casita, parecen haber sido transportados más de 1.100 kilómetros desde el norte del país hasta el corazón de la provincia de Buenos Aires.

Luis Garea nació y creció en Baradero. Inés Costilla llegó desde Tucumán cuando tenía apenas cinco años. Su familia se instaló justamente frente a la casa de los Garea. Durante años fueron simplemente dos chicos que crecían en la misma cuadra, compartiendo un paisaje cotidiano que todavía ninguno de los dos imaginaba que marcaría el resto de sus vidas.

 

Con el paso del tiempo comenzaron a conocerse mejor. Cuando tenían 18 años, Luis reunió el coraje suficiente para invitarla a salir. La relación avanzó rápidamente. Apenas un mes después de comenzar a salir, Luis ya estaba convencido de que quería pasar toda la vida con ella. No tenían dinero, ni bienes, ni grandes perspectivas económicas. Sin embargo, él estaba decidido y le pidió matrimonio. Se casaron el 20 de julio de 1984.

 

Sin embargo, la vida les tenía preparados desafíos que pondrían a prueba esa unión de una manera brutal. Apenas tres meses después de haberse casado ocurrió un episodio que todavía hoy resulta difícil de comprender: un hombre en estado de ebriedad los confundió con otras personas y los baleó en la vía pública sin mediar palabra. Inés recibió tres balazos. Luis también fue alcanzado por uno de los disparos.

La recuperación fue lenta y difícil. La situación económica se complicó. Luis perdió su trabajo. Los problemas parecían acumularse uno detrás de otro. Sin embargo, ocurrió algo que ambos recuerdan con enorme gratitud: el pueblo entero se movilizó para ayudarlos. Hubo colectas, campeonatos solidarios y distintas iniciativas impulsadas por vecinos que colaboraron para afrontar los gastos médicos.

 

Cuando finalmente parecía que la vida comenzaba a acomodarse, llegó otro golpe devastador.

 

La pareja tuvo su primer hijo, Brian Maximiliano. Era un bebé sano y esperado con ilusión. Pero una mala praxis médica provocó una infección que derivó en una tragedia. Luis recorrió kilómetros buscando asistencia para salvarlo. Llegó hasta Rosario, pasó días enteros en hospitales y se aferró a cada posibilidad que aparecía. Nada alcanzó. Brian murió siendo apenas un bebé.

 

Aquella pérdida marcó un antes y un después en la vida de ambos. Sin embargo, una vez más eligieron seguir adelante juntos. Con el tiempo llegaron tres hijos más: Gabriela, Sofía y Nazareno. Después vendrían los nietos, aportando nuevas alegrías a una historia que ya había conocido demasiado sufrimiento.

 

Quizás por haber atravesado tantas pruebas es que Luis comenzó a preguntarse qué quedaría cuando ellos ya no estuvieran. “Venía reflexionando sobre las historias familiares que terminan perdiéndose con las generaciones. Pensaba en mis abuelos inmigrantes, en los matrimonios que duraron más de 60 años y en cómo esos relatos desaparecen cuando quienes los protagonizaron ya no están. Todos esos matrimonios después se diluyen. No se acuerda casi nadie de tremendas historias de amor y sacrificio”, explicó.

 

Entonces imaginó una manera de dejar una huella: “Quería que quedara algo de mi matrimonio cuando ya no estemos. Que alguien diga: ‘Un loco le hizo a su señora esta casa en homenaje al amor que tenían’. Yo le llamo ‘el regalo de la vereda’, porque lo hice ahí para que todos lo vean”.

Y fue así como la Casa Histórica de Tucumán apareció como símbolo perfecto. Inés es tucumana y, además, Luis tenía una cuenta pendiente con esa fachada tan conocida por todos los argentinos. “Tenía una fascinación por esa casa. La había dibujado en la escuela ciento de veces. Me llamaban la atención sus columnas, las formas de su frente, las rejas, la armonía del conjunto. Esa admiración siempre permaneció intacta por lo que decidí construir una réplica para mi mujer”, señaló.

 

Cuando se lo contó a Inés, la invadió la sorpresa. “Lo primero que le dije es que estaba loco”, recordó entre risas. “No tenía duda de que iba a quedar espectacular porque yo sé cómo trabaja él, pero igual le dije: ‘Es una locura’”.

 

El terreno elegido no fue casual. Se encuentra exactamente entre las dos casas que marcaron la historia de la pareja. De un lado estaba la vivienda donde creció Luis. Del otro, la casa a la que llegó Inés cuando su familia dejó Tucumán para instalarse en Baradero.

 

“Éramos vecinos de chicos. Cuando ella vino de Tucumán, vino a vivir enfrente de mi casa. Había un terreno en el medio de las dos casas y ese es el lugar donde ahora está la réplica”, contó Luis.

 

Siete años de trabajo, casi en soledad

La obra comenzó en 2018 y se extendió durante siete años. Luis hizo prácticamente todo con sus propias manos. Su hijo menor apenas colaboró en algunos detalles finales, alcanzándole herramientas o ayudándolo a pintar.

 

La tarea no estuvo exenta de dificultades. En 2016 había cerrado la aceitera donde Luis había trabajado durante 27 años, dejándolo sin empleo junto a decenas de compañeros. “Nos dejó a todos en la calle sin un peso”, contó.

Sin embargo, decidió transformar esos golpes en energía para seguir adelante. Mientras algunos fines de semana trabajaba como cantante para sostener la economía familiar, durante la semana avanzaba con la construcción.

 

En medio del proyecto llegó la pandemia, que paralizó entregas de materiales y generó una incertidumbre que parecía interminable. “Finalmente, la fachada quedó armada, pintada y visible en 2025, aunque todavía le faltan detalles interiores y terminaciones menores”, precisó Luis.

 

No hubo una inauguración formal específica de la fachada. La réplica se fue dando a conocer progresivamente y ganó notoriedad cuando terminó de diseñar la silueta de las columnas características de la Casa de Tucumán.

 

Inés, por su parte, observa el fenómeno con una mezcla de orgullo y emoción. “Nunca imaginé que el proyecto alcanzaría semejante dimensión. Tampoco que la construcción terminaría siendo tan hermosa”, admitió la mujer. Hay tardes en las que cruza la calle, se sienta dentro de la réplica y toma mate en silencio mientras su mente la transporta a su ciudad natal.

De sorpresa barrial a recibir visitas todos los días

Durante mucho tiempo, Luis intentó mantener el proyecto en secreto. Los vecinos observaban una construcción extraña que crecía detrás de los andamios sin saber exactamente qué era. “Pensaban que estaba haciendo una iglesia”, recordó entre carcajadas.

 

Y él alimentaba la confusión. “Cuando pasaba algún vecino yo le decía: ‘Vení a orar, hermano’”.

 

La incógnita terminó cuando un visitante grabó un video y lo compartió en redes sociales.

 

Desde entonces comenzaron a llegar curiosos, turistas y familias de distintos puntos del país. “No hay un día que no venga alguien a sacarse una foto”, aseguró. Incluso, contó, hubo visitantes que viajaron especialmente desde Buenos Aires para conocer la réplica. “Vinieron en remis y se sacaron una foto en la puerta mientras el chofer los esperaba arriba del auto. Algo inimaginable”, recordó.

 

Con el paso del tiempo, la construcción adquirió una dimensión inesperada. Lo que nació como una declaración de amor terminó convirtiéndose en un espacio cultural y comunitario. Los chicos de las escuelas se acercan para aprender sobre la historia argentina y las celebraciones patrias encontraron allí un escenario ideal. La réplica dejó de ser únicamente de Luis e Inés para convertirse en patrimonio afectivo de Baradero.

 

“La réplica cuenta con un gran salón para unas 110 personas, patio, parrilla y servicios, lo que permite realizar diferentes actividades. Cuando llega el 9 de julio, las maestras jardineras ya no hacen más cartulinas. Traen directamente a los chicos acá”, contó Luis. “No cobramos nada. Nos enorgullece hacer un aporte social”, sentenció.

 

Las historias que surgen de esas visitas son las que más emocionan a Luis. Una de ellas ocurrió cuando una nena de apenas cinco años visitó el lugar: “Me dijo: ‘Qué suerte que la hiciste porque a lo mejor yo nunca iba a poder conocer la otra’. Esa frase no me la olvidé más”.

El reconocimiento de Tucumán y un premio inesperado

Cuando comenzó la obra, Luis tenía una preocupación: cómo reaccionarían en Tucumán. Temía que los custodios de la histórica casa vieran la réplica como una competencia o una copia inapropiada, pero ocurrió exactamente lo contrario.

 

“La historia se viralizó rápidamente en la provincia y fue recibida con entusiasmo. Entablé contacto con las autoridades de la Casa Histórica y, cuando viajó hasta Tucumán, fui recibido con mucho afecto”, reconoció.

 

Incluso, le entregó a las autoridades un obsequio que resume la esencia del proyecto: un cuadro con fotografías de la réplica, la historia familiar y datos sobre Inés y sus raíces tucumanas. “Cuando llegué ya conocían la historia. Me regalaron artesanías y me hicieron sentir muy querido”, recordó.

 

La repercusión de la casa de Baradero alcanzó un nuevo nivel en noviembre de 2024, cuando Luis decidió concretar otra idea singular. “Junto a familiares emprendimos un viaje en bicicleta desde la Casa Histórica de Tucumán hasta la réplica de Baradero. Fueron aproximadamente 1.200 kilómetros recorridos durante quince días. Quería unir las dos casas de forma simbólica”, explicó.

La travesía tuvo un final inolvidable. Mientras regresaban, recibieron la noticia de que la réplica había sido declarada de Interés Provincial por la Legislatura bonaerense. Posteriormente, una diputada provincial llegó hasta Baradero para entregar el reconocimiento en una ceremonia realizada dentro del propio edificio.

 

Para Luis, aquel premio significó mucho más que una distinción institucional. Fue la confirmación de que una obra nacida del amor había trascendido el ámbito familiar para convertirse en patrimonio afectivo de toda una comunidad.

 

Este 9 de Julio, como ocurre cada año, la réplica volverá a llenarse de vecinos. Habrá costillar, empanadas tucumanas preparadas con la receta secreta de la madre de Inés, música en vivo y más de un centenar de asistentes. Luis incluso se subirá al escenario para cantar.

 

“Quería que quedara algo de nuestro amor. Que cuando nosotros no estemos, alguien recuerde que un hombre le hizo un monumento la mujer que amaba”, concluyó Luis orgulloso del legado que construyó para cuando ya no estén.

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