REDACCIÓN ELONCE
Alberto Domínguez integró el operativo en el aeropuerto en 1987 y recuerda el momento en que le entregaron el rosario; describe la cercanía del pontífice y la magnitud de la convocatoria.
A 39 años de la visita del papa Juan Pablo II a Paraná, siguen apareciendo historias vinculadas a aquel 9 de abril de 1987 que movilizó a miles de personas en la capital entrerriana. Entre ellas, se destaca el testimonio de Alberto Domínguez, quien formó parte del operativo de seguridad en el aeropuerto y conserva un recuerdo particular de aquella jornada.
Domínguez integraba la división de operaciones del aeropuerto y tenía a su cargo tareas en la zona de plataforma, donde se desarrolló buena parte del dispositivo. Desde ese lugar, presenció de cerca la llegada del pontífice y el desarrollo del acto central.
“Yo estaba en la seguridad de la plataforma, a unos tres metros del papamóvil. Teníamos la responsabilidad junto con otros sectores de garantizar el movimiento en ese espacio”, recordó en diálogo con Elonce.
Cambios en el operativo por la cantidad de gente
El ex agente explicó que el esquema previsto debió modificarse debido a la gran cantidad de personas que se concentraron en el lugar. Según detalló, el recorrido inicial contemplaba un traslado hacia el centro de la ciudad.
“Había un recorrido previsto por distintas avenidas hasta la Catedral, pero fue imposible. La cantidad de gente no lo permitía”, señaló.
En ese sentido, indicó que la situación obligó a ajustar el operativo sobre la marcha. “Los protocolos son estrictos y el tiempo se extendía demasiado. El traslado a baja velocidad, con tanta gente, hacía inviable el recorrido”, agregó.
También describió el clima que se vivía en el lugar. “La gente había superado las barreras de seguridad, pero todo se daba de forma pacífica. Era una multitud impresionante”, sostuvo.
El momento más cercano al Papa
Durante el recorrido dentro del aeropuerto, Domínguez tuvo contacto visual directo con el pontífice y remarcó un gesto que lo impactó.
“La sonrisa del Papa te conmovía. Era algo que te llegaba, no era común”, expresó.
Además, recordó que el pontífice descendió en varias oportunidades del papamóvil durante el trayecto interno. “Se bajó varias veces en un recorrido corto. Eso generaba un contacto más cercano con la gente”, explicó.
Según su relato, esa cercanía fue uno de los aspectos que más lo marcó de la jornada.
El rosario bendecido y el recuerdo familiar
Tras finalizar el acto y ya fuera del operativo, Domínguez recibió un objeto que conserva como uno de los recuerdos más importantes de su vida.
“Cuando terminó todo, nos entregaron un rosario bendecido por él. No sabíamos que iba a pasar eso”, contó.
Ese rosario fue incorporado a la vida familiar y tuvo un significado especial. “Todos mis nietos hicieron la primera comunión con ese rosario. Es algo que cuidamos mucho”, afirmó.
Actualmente, el objeto permanece en manos de una de sus hijas, aunque sigue siendo parte del patrimonio familiar.
La emoción de aquel día
Al repasar la experiencia, Domínguez reconoció que el momento tuvo un impacto emocional incluso mientras cumplía funciones.
“Era una sensación difícil de explicar, como una tranquilidad, una liviandad. Pero al mismo tiempo teníamos que seguir trabajando”, describió.
Finalmente, recordó el cierre de la jornada como un momento clave. “Lo mejor fue cuando el avión despegó y todo estaba en orden. Ahí sentís que cumpliste con tu tarea”, indicó.
A casi cuatro décadas de aquel acontecimiento, su testimonio se suma a los relatos que mantienen vigente el paso del papa Juan Pablo II por Paraná, una visita que dejó huellas tanto en la memoria colectiva como en experiencias personales.