Sergio Hayy presenció el paso del pontífice en 1987 y asegura que ese momento marcó el inicio de su vocación; años después dejó la fuerza y se ordenó sacerdote.
A 39 años de la visita del papa Juan Pablo II a Paraná, el recuerdo de aquel 9 de abril de 1987 sigue presente en la memoria colectiva. Para muchos fue un acontecimiento histórico; para otros, un punto de inflexión personal. Ese es el caso de Sergio Hayy, hoy párroco de la iglesia San José Obrero, quien asegura que aquel día comenzó un proceso que transformó su vida.
El entonces oficial de la Policía de Entre Ríos participó del operativo en el aeropuerto, aunque también se había sumado como servidor en la organización. “Era un oficial joven y, a través de una persona, me anoté como servidor. Había grupos que se preparaban con oración y distintas actividades para la visita”, recordó.
En ese contexto, estuvo ubicado a pocos metros del lugar donde el pontífice descendió del papamóvil para dirigirse al escenario principal y esto fue algo que cambiaría su vida totalmente.
La experiencia que lo marcó
El momento decisivo, según relató, ocurrió cuando tuvo al pontífice frente a él. “Cuando lo vi bajar y empezar a subir, sentí su mirada sobre mí. Fue algo que no supe explicar en ese momento”, señaló.
Hayy describió que, en aquel entonces, no tenía una vida religiosa activa. “No practicaba la fe, ni siquiera tenía a Dios presente en mi vida. Era un bautizado como tantos, pero sin una experiencia concreta”, explicó.
Sin embargo, esa situación cambió a partir de ese instante. “Sentí que había algo que me llamaba, aunque no tenía palabras para definirlo. Hoy puedo decir que ahí comenzó mi vocación”, afirmó.
También recordó la sensación que lo atravesó en ese momento. “Fue como si algo dentro mío se completara. Sentí una alegría tranquila, serena, pero muy profunda”, describió.
El proceso de cambio
Meses después de la visita del papa Juan Pablo II, inició un camino que lo llevó a replantear su vida. “A los pocos meses hice un retiro de jornadas de vida cristiana. Esa fue mi experiencia de conversión”, relató.
En ese espacio, aseguró haber comprendido el rumbo que debía seguir. “Ahí sentí que mi vida no era algo que tenía que construir solo, sino que había un plan para mí y tenía que descubrirlo”, sostuvo.
Durante varios años continuó en la Policía, aunque con una mirada diferente sobre su tarea. “Seguí trabajando hasta los 27 años, pero ya con otra perspectiva. Lo policial tiene que ver con servir, y ese llamado también era para eso”, explicó.
La decisión que definió su camino
El paso definitivo llegó cuando decidió dejar la fuerza e ingresar al seminario. “Trabajé hasta un sábado y el domingo entré al seminario. Fue un cambio total, como pasar a otra vida”, recordó.
Ese proceso culminó con su ordenación sacerdotal el 21 de abril de 2001. Actualmente, con 60 años, se desempeña como párroco y, al repasar su historia, ubica claramente el origen de ese camino.
“Cuando miro mi vida, el punto de partida es el paso de Juan Pablo II. Fue el instrumento que me puso en camino”, afirmó.
A casi cuatro décadas de aquel acontecimiento, su testimonio se suma a las múltiples historias que dejó la visita del papa Juan Pablo II en Paraná, un hecho que, en algunos casos, trascendió lo colectivo para impactar de manera directa en la vida de quienes estuvieron allí.