León XIV llegará al país en noviembre, casi 40 años después de la histórica visita de Juan Pablo II, que movilizó a millones de argentinos, y que incluyó un paso por la ciudad de Paraná.
La visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre, marcará el regreso de un Sumo Pontífice al país después de casi cuatro décadas. El antecedente más reciente se remonta a abril de 1987, cuando Juan Pablo II protagonizó una histórica gira que recorrió distintas provincias y movilizó a millones de personas.
Karol Wojtyła permaneció en territorio argentino entre el 6 y el 12 de abril de aquel año. Había llegado invitado por el gobierno de Raúl Alfonsín, en un período atravesado por la consolidación de la democracia y fuertes discusiones políticas y sociales.
El viaje también se produjo pocos años después de la intervención del Vaticano en el conflicto entre Argentina y Chile por el Canal de Beagle. En el plano interno, el Congreso debatía la Ley de Divorcio Vincular y, apenas tres días después de la partida del pontífice, comenzó el levantamiento carapintada encabezado por Aldo Rico.
Una gira por diferentes puntos del país
Durante seis jornadas, Juan Pablo II pronunció 26 discursos, recorrió diez ciudades y sus actividades congregaron a alrededor de cuatro millones de personas, según los registros de aquella histórica visita. La gira constituyó el tramo final de su 33° viaje apostólico fuera de Italia.
El avión que trasladó al Papa aterrizó el 6 de abril de 1987, a las 16, en el Aeroparque Jorge Newbery. Al descender, Wojtyła besó el suelo argentino y fue recibido por Alfonsín. Posteriormente se trasladó hasta la Casa Rosada, donde saludó desde el histórico balcón ante una Plaza de Mayo colmada.
El itinerario incluyó Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. Además, encabezó actividades vinculadas con Luján y participó del cierre de la Jornada Mundial de la Juventud en la avenida 9 de Julio.
Los mensajes que dejó Juan Pablo II
Cada escala estuvo acompañada por diferentes mensajes pastorales. En Bahía Blanca se dirigió al sector rural; en Viedma destacó la tarea de los misioneros y compartió un mate con representantes mapuches; mientras que en Mendoza rezó por la paz.
En Tucumán recordó la participación de la provincia en la Independencia y, durante su paso por Salta, recibió el tradicional poncho rojo y negro. Aquella prenda se convirtió en una de las imágenes características de la recorrida papal por el norte argentino.
La gira también dejó una particular historia vinculada con el vehículo utilizado para trasladar al pontífice. El Papamóvil fue construido especialmente en Argentina sobre el chasis de una Chevrolet C-30 y recibió las modificaciones necesarias para cumplir con las exigencias de seguridad.
Política, democracia y un debate que dividía al país
Más allá de su dimensión religiosa, Juan Pablo II dejó durante su visita mensajes relacionados con la realidad institucional argentina. En la Casa Rosada sostuvo que el ejercicio del poder debía orientarse al bien común y destacó la importancia de la defensa de los derechos humanos.
Uno de sus pronunciamientos de mayor repercusión ocurrió en Córdoba. En momentos en que el Congreso discutía la Ley de Divorcio Vincular, el pontífice defendió la indisolubilidad del matrimonio y cuestionó la iniciativa, que ya contaba con media sanción.
También habló ante trabajadores y empresarios. Frente a unas 300.000 personas reunidas en el Mercado Central, se refirió a la dignidad del trabajo y reclamó una sociedad más justa. Posteriormente, ante empresarios congregados en el Luna Park, pidió orientar la producción y la riqueza hacia el bien común.
Las anécdotas de una visita histórica
El intenso recorrido dejó numerosas escenas recordadas por quienes participaron de aquellas jornadas. Una de ellas ocurrió en Córdoba, cuando miles de personas permanecieron cantando frente al Arzobispado pese a que el Papa ya se había retirado a descansar.
Cerca de la medianoche, Juan Pablo II reapareció en el balcón y preguntó: “¿Es cierto que en Córdoba de noche no se duerme?”. Ante la respuesta de la multitud, agregó: “Pero el Papa es normal... y sí duerme”, antes de impartir su bendición.
En esa misma provincia también alteró el cronograma previsto para acercarse a un grupo de enfermos. En lugar de realizar un saludo breve, recorrió los pasillos, conversó con ellos y los abrazó personalmente.
Su paso por Corrientes y Paraná
La gira también tuvo una fuerte presencia en el Litoral. En Corrientes, un temporal puso en duda la realización de las actividades previstas. Sin embargo, unas 100.000 personas permanecieron bajo la lluvia esperando al pontífice, quien finalmente pudo arribar.
Posteriormente, Juan Pablo II continuó su recorrido por Paraná. La capital entrerriana quedó así incorporada a una de las giras papales de mayor alcance realizadas hasta entonces en territorio argentino.
Otra escena particular se produjo el 11 de abril, durante el vuelo desde Rosario. El Papa pidió modificar el recorrido para sobrevolar la Basílica de Luján y, mientras el avión pasó a baja altura por el santuario, rezó el Rosario junto con los cardenales que lo acompañaban.
La última visita de un Papa a Argentina
El cierre de aquella gira se produjo el 12 de abril de 1987. Cerca de un millón de personas se congregaron sobre la avenida 9 de Julio para participar de la misa del Domingo de Ramos y de la II Jornada Mundial de la Juventud, la primera realizada fuera de Roma.
Durante la celebración, Juan Pablo II entregó cinco crucifijos en representación de los cinco continentes y volvió a consagrar a la Argentina a la Virgen de Luján. Horas más tarde concluyó su segunda y última visita al país.
Wojtyła ya había estado en Argentina en 1982, durante la Guerra de Malvinas, aunque aquella primera estadía se extendió durante unas 30 horas. La extensa recorrida de 1987 fue, por lo tanto, la última visita papal realizada hasta el momento.
Después de Juan Pablo II, Benedicto XVI no visitó Argentina. Tampoco lo hizo Francisco durante sus años al frente de la Iglesia Católica. Por ese motivo, la anunciada visita de León XIV en noviembre pondrá fin a una espera de casi 40 años y volverá a colocar al país dentro de la agenda de viajes de un pontífice.