Un relevamiento determinó que este invierno tuvo 60% de días nublados, por encima del promedio histórico. El ingeniero agrónomo Diego Álvarez explicó a Elonce cómo impactó en cultivos y tareas rurales.
El invierno de 2026 se convirtió en el más nublado de la última década, según un relevamiento realizado en Nogoyá por el ingeniero agrónomo, Diego Álvarez, quien analizó registros meteorológicos de los últimos diez años y detectó un incremento significativo de jornadas sin sol. En diálogo con Elonce, explicó que la situación, combinada con las lluvias frecuentes, comenzó a generar complicaciones en el trigo y demoras en distintas tareas agrícolas.
Álvarez contó que decidió realizar el estudio a partir de una percepción que se repetía entre productores y habitantes de la región: la falta de jornadas soleadas. Para comprobar si se trataba solamente de una sensación, recurrió a información histórica disponible en la plataforma Open-Meteo y comparó el actual invierno con los diez anteriores.
“Como muchos, extrañamos el sol y me parecía raro, entonces dije, voy a ver si es una apreciación mía, una sensación o realmente hay algo atrás”, relató. Los números confirmaron su percepción: “El promedio histórico de días nublados es 50%, o sea, de cada dos días, un día es nublado y el otro día es sol. Y este invierno en particular tiene el 60%, es un 10% más nublado que lo normal”.
El segundo más nublado fue 2023 (59%); el de 2021 y 2025 fueron los más despejados (36-44%).
Qué provoca la falta de sol en los cultivos
El especialista explicó que la sucesión de jornadas nubladas tuvo consecuencias directas sobre los cultivos de invierno. La menor radiación solar reduce la evaporación y prolonga las condiciones de humedad tanto en el suelo como sobre las plantas.
“Eso trae consecuencias para los cultivos, sobre todo ahora en los inviernos que tenemos implantado, porque son menos días de sol, más humedad, más horas de hojas mojadas, y eso obviamente repercute en un mejor ambiente para todo lo que son hongos de las plantas”, explicó Álvarez.
Además, la falta de radiación repercutió en el funcionamiento de las plantas y en las posibilidades de ingresar a los campos. “Tenemos menos piso, las plantas evaporan menos porque hay menos radiación; necesitan el sol para que puedan hacer la fotosíntesis y puedan extraer el agua del suelo”, señaló.
Preocupación por las manchas en el trigo
Entre los cultivos que comenzaron a mostrar consecuencias apareció el trigo. Álvarez tomó como ejemplo lo que observó en sus propios lotes y advirtió sobre la presencia de enfermedades favorecidas por la humedad persistente.
“El trigo que tengo en el campo (en la zona de Nogoyá), ya se ven varias manchas, se ve que están afectados por este ambiente así tan nublado y con tanta humedad constante, porque no solo días nublados, también que llueve continuamente, es una combinación de las dos. Ya realmente el avance de las manchas es bastante preocupante”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que el escenario todavía puede revertirse. El trigo se encuentra en etapas relativamente tempranas de desarrollo y continuará generando nuevas hojas. En ese proceso, indicó que será fundamental preservar las hojas superiores, especialmente la denominada hoja bandera y la inmediatamente anterior, por su importancia en la conformación del rendimiento.
“Se puede recuperar y aplicar fungicida. Después también la planta, como está ahora en estados tempranos, va desarrollando hojas nuevas”, explicó.
Las lluvias también retrasaron las tareas para el maíz
Otro inconveniente apareció en los lotes destinados al maíz temprano. Para esta altura del calendario agrícola, explicó Álvarez, algunos productores normalmente ya comenzaron a preparar los terrenos e incluso a sembrar en los sectores más elevados.
La humedad acumulada dificultó esas labores. “Yo tengo barbechos, o sea hay que pulverizar. Las malezas para maíz se están demorando por tantos días nublados y también que no hay piso como para entrar”, señaló. En cambio, aclaró que la soja todavía no resultó afectada debido a que falta tiempo para comenzar con su implantación.
Paradójicamente, toda el agua acumulada podría convertirse en una ventaja si las condiciones meteorológicas mejoran durante las próximas semanas. Los perfiles de los suelos cuentan actualmente con una importante reserva de humedad.
El maíz podría arrancar “con tanque lleno”
“Si podés sembrar hasta el 15-20 de septiembre, tenés el perfil lleno, o sea tenés el suelo con toda la recarga de humedad como para plantar un maíz y arranca como si fuera con tanque lleno”, graficó Álvarez.
En ese escenario, una disminución de las precipitaciones permitiría aprovechar la humedad almacenada. “Si esto cambia se va a poder aprovechar toda esa humedad que hay en el suelo para su crecimiento”, sostuvo.
El ingeniero agrónomo señaló que los pronósticos anticipaban un posible cambio de tendencia. “Ya no hay humedad, hay un viento sur más seco, un poco cambió, sigue nublado, pero parece que hay un cambio de tendencia, esperemos que se acentúe”, manifestó.
Los costos adicionales para controlar enfermedades
La necesidad de aplicar fungicidas representa, además, un costo adicional para los productores. Álvarez remarcó que antes de tomar una decisión es necesario recorrer cada lote y evaluar el nivel de afectación.
“Toda aplicación extra, hay que ir y recorrer cada situación en particular, cada lote y ver en qué estado está, ver qué cantidad de manchas hay y en qué cantidad de la planta, como para hacer una determinación, pero sí son costos extras que se van sumando”, explicó.
De todos modos, consideró prematuro determinar cómo este escenario impactará finalmente sobre los rindes. El trigo todavía tiene por delante septiembre y octubre, meses fundamentales para completar su desarrollo, y dispone de una importante reserva de agua en el suelo.
Las dificultades, además, excedieron los cultivos. El exceso de humedad también deterioró los caminos rurales y complicó actividades que necesitan circular diariamente, como los tambos.
La imposibilidad de contar con varios días consecutivos de sol también dificulta las tareas de mantenimiento. En numerosos caminos de tierra, explicó, todavía no existen condiciones adecuadas para ingresar con maquinaria y recomponer los sectores deteriorados.
Frente a la posibilidad de que continúe un período húmedo durante los próximos meses, Álvarez mencionó la tecnología disponible para realizar aplicaciones incluso cuando las máquinas terrestres no pueden ingresar a los lotes.
Drones como alternativa ante la falta de piso
“Si se demoran las aplicaciones porque no hay piso, se pueden utilizar los drones, que hoy contamos con esa tecnología”, explicó. Según indicó, en Entre Ríos ya existen varios prestadores que trabajan con estos equipos.
Aunque reconoció que representa un costo superior, consideró que puede ser una herramienta útil frente a situaciones urgentes. “Es preferible gastar unos dólares más en una aplicación con drone, que dejarlo y después tener algún problema”, afirmó.
Sobre una eventual relación entre el invierno excepcionalmente nublado y El Niño, el ingeniero agrónomo fue cauteloso y evitó establecer una vinculación que no pudiera respaldarse con evidencia. “La verdad que no lo sé, yo estuve investigando y no hay unas conclusiones definitivas sobre eso”, aclaró.
La expectativa está puesta en el regreso del sol
Después de semanas caracterizadas por lluvias, humedad y cielos cubiertos, la expectativa del sector productivo quedó concentrada en una mejora sostenida de las condiciones meteorológicas.
Álvarez resumió esa sensación con una escena que vivió durante el último fin de semana, cuando “salió un poquito el sol y lo ves como que qué es eso, extrañamos un poco el sol”.
“Esperemos que cambie esta situación lo antes posible”, concluyó el ingeniero agrónomo en diálogo con Elonce, luego de un relevamiento que confirmó con números una percepción extendida: este invierno tuvo más días nublados que cualquiera de los últimos diez años. Elonce.com