El dolor en San Cristóbal atraviesa a toda la comunidad tras el asesinato de Ian, un adolescente de 13 años, en un ataque dentro de su escuela.
El dolor en San Cristóbal se hizo visible en una despedida cargada de silencio, velas encendidas y abrazos interminables, en memoria de Ian, el adolescente de 13 años asesinado en el tiroteo ocurrido en la Escuela N° 40 “Mariano Moreno”. La comunidad entera se reunió frente al establecimiento educativo para acompañar a la familia y rendir homenaje en medio de una conmoción profunda.
La escena se repitió durante la jornada: filas de vecinos avanzando lentamente, con globos blancos y velas en las manos, mientras el silencio dominaba el ambiente. No hubo discursos ni consignas. Solo gestos de respeto y recogimiento frente a una tragedia que impactó de lleno en la ciudad.
El ataque, perpetrado por un alumno de 15 años dentro de la institución, dejó además ocho heridos, generando un fuerte impacto emocional en toda la comunidad educativa y en la sociedad en general.
Una ciudad atravesada por la tragedia
El dolor en San Cristóbal se expresó en cada testimonio. “Venimos a acompañar este difícil y duro momento que estamos viviendo todos los sancristobalenses”, manifestó uno de los vecinos presentes, quien se acercó como padre y ex integrante de la comunidad educativa.
Otra mujer, que asistió junto a su nieta, resumió el sentimiento colectivo: “Mucho dolor… sin palabras. Nunca se vio algo así en San Cristóbal”. Las palabras, escasas, reflejaron la magnitud de lo ocurrido y la dificultad para procesarlo.
Entre las familias, el miedo y la incertidumbre también se hicieron presentes. “Mi hija salió corriendo, con pánico. No la encontrábamos”, relató una madre a Aire de Santa Fe, visiblemente afectada por lo vivido.
El impacto en la comunidad educativa
Los testimonios de estudiantes también dieron cuenta del horror vivido durante el ataque. “Hay otras madres que tampoco encontraban a sus chicos. Lo más triste fue que la mamá de Ian preguntaba en el grupo dónde estaba su hijo, y nadie sabía ”, agregó otra madre.
Una alumna relató el momento en que comenzó todo: “Pensé que se había caído un portón, pero después se escucharon más disparos y salimos corriendo”. La joven logró resguardarse a una cuadra de su casa, aún con miedo por lo ocurrido.
En este contexto, surge una preocupación compartida: cómo retomar la vida escolar tras una experiencia tan traumática. El aula, espacio cotidiano de aprendizaje, quedó atravesado por el impacto de la violencia.
Una despedida en silencio
Con el correr de las horas, la concentración frente a la escuela creció y reunió a cientos de personas. Muchos llevaron velas, otros globos blancos y algunos carteles con pedidos de justicia.
El momento más significativo se dio cuando los presentes comenzaron a dejar las velas encendidas en la puerta del establecimiento, formando una línea de luz como símbolo de despedida. Luego, repitieron el gesto en otro sector del edificio.
Así, el dolor en San Cristóbal encontró una forma de expresión colectiva, donde el silencio, la luz de las velas y la presencia de la comunidad se convirtieron en un homenaje a Ian y en un pedido implícito de que hechos como este no vuelvan a repetirse.