REDACCIÓN ELONCE
La historia de Omar Godoy excombatiente de Malvinas refleja una vida atravesada por la guerra, las secuelas físicas y emocionales, y una resiliencia que lo llevó a reinventarse en el deporte y alcanzar el Aconcagua como símbolo de superación.
La historia de Omar Godoy excombatiente de Malvinas es el relato de un sobreviviente que transformó el dolor en impulso vital. A sus 66 años, el entrerriano continúa desafiando sus propios límites físicos mientras carga con las huellas imborrables de la guerra y participó de la Maratón "Malvinas No Olvidar". “Porque los años van pasando y no pasan solo, nos van dejando secuelas en los huesos”, expresó con crudeza.
Lejos de detenerse, Godoy eligió el movimiento como forma de vida. Participa en competencias deportivas y mantiene una rutina exigente. “Hasta ahora voy a ir a correr el día sábado a Viale que se corre un duatlón”, contó, dejando en claro que la actividad física es parte de su identidad.
Esa energía lo llevó incluso a enfrentar uno de los mayores desafíos del montañismo: el Aconcagua. Su participación formó parte de la expedición “Cumbre por la Paz”, una iniciativa que reunió a excombatientes argentinos y británicos con un fuerte mensaje de reconciliación y memoria.
De la guerra al deporte extremo
El vínculo de Godoy con la actividad física no es casual. Su formación como suboficial de la Fuerza Aérea y su experiencia como paracaidista y rescatista en montaña marcaron su camino. “Yo vengo haciendo paracaidismo de 1978”, relató, recordando sus inicios en una carrera ligada al riesgo y la disciplina.
Esa preparación fue clave para afrontar la travesía en la cordillera. Sin embargo, las condiciones extremas no dieron tregua. “Nosotros llegamos el 6 de enero y estaba nevando y lloviendo”, recordó. A ello se sumaron temperaturas que descendían drásticamente: “Todos los días 5 de la tarde ya comenzaban los 10 grados bajo cero”.
A pesar de las dificultades, logró cumplir el objetivo. La expedición alcanzó la cumbre del Aconcagua, a casi 7.000 metros de altura, llevando consigo un mensaje de paz y reconocimiento a los veteranos de guerra.
Malvinas: recuerdos que no se apagan
Pero detrás del presente activo hay una historia marcada por el conflicto bélico. Godoy participó en la Guerra de Malvinas desde el primer día. “Nosotros llegamos el día 2 de abril con la recuperación de las Islas Malvinas”, recordó.
Durante el conflicto cumplió múltiples funciones: desde tareas logísticas hasta misiones especiales detrás de líneas enemigas. Uno de los episodios más impactantes de su relato refleja lo cerca que estuvo de morir: “fue el helicóptero que voltearon de un misilazo, a escasos 12 km de donde estábamos nosotros”.
Tras la rendición, fue tomado prisionero junto a cientos de soldados argentinos. “Éramos 593 prisioneros”, contó, al describir el duro regreso al continente y las condiciones en las que fueron retenidos.
Vivir con las secuelas, sin detenerse
La guerra no terminó en 1982 para Godoy. Sus efectos persisten en la memoria y en el cuerpo. “Yo la recuerdo todos los días, no solamente el 2 de abril”, afirmó, dejando en claro que el paso del tiempo no borra las experiencias vividas.
Los recuerdos aparecen con intensidad: “los bombazos, los bombardeos aéreos, miles de cosas”. Son imágenes que lo acompañan permanentemente y que forman parte de su historia personal.
Sin embargo, lejos de paralizarlo, esas vivencias se convirtieron en motor. “Me motivo a no quedarme quieto”, explicó. Esa filosofía lo impulsa a seguir proyectando nuevos desafíos, incluso a futuro: “Hasta los 105 no voy a parar”.
La historia de Omar Godoy excombatiente de Malvinas es, en definitiva, un testimonio de resistencia. Una vida atravesada por la guerra, pero también por la capacidad de reinventarse, mantenerse en movimiento y transformar el pasado en un mensaje de superación y paz.