REDACCIÓN ELONCE
Tras el hallazgo de fósiles en la zona oeste, dos investigadores explicaron a Elonce que las barrancas de Paraná conservan rastros de un antiguo mar cálido. Ballenas, ostras y vestigios de manglares ayudan a reconstruir aquel paisaje.
La Formación Paraná conserva evidencias de un mar que cubrió parte de Entre Ríos hace millones de años. El reciente hallazgo de fósiles por parte de un vecino que realizaba tareas de nivelación en la zona oeste de Paraná volvió a poner la atención sobre ese pasado. En diálogo con Elonce, los investigadores Eliana Moya y Jorge Ignacio Noriega, del Conicet y docentes de la Facultad de Ciencia y Tecnología de UADER, explicaron qué revelan los restos de animales, plantas y sedimentos.
Noriega señaló que el mar paranaense ingresó en una extensa región de Sudamérica hace aproximadamente 15 a 14 millones de años. Las capas que hoy afloran en distintos puntos de Entre Ríos corresponden principalmente a una etapa posterior, cuando el mar comenzó a retirarse, entre 9 y 6,6 millones de años atrás.
“Toda la barranca del Parque Urquiza es la Formación Paraná”, destacó el paleontólogo. Explicó que esos sedimentos forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad, aunque su origen pase inadvertido para quienes recorren la costanera. También mencionó afloramientos cerca del acceso al Túnel Subfluvial, en Diamante y al sur de Victoria. Estudios publicados sobre la formación confirman la presencia de sedimentos marinos y fósiles en barrancas entrerrianas.
Un mar cálido con distintos ambientes
Moya describió un ambiente tropical o subtropical, con temperaturas cálidas y zonas costeras en las que podrían haber existido manglares. Se trata de árboles adaptados a suelos salinos y a la transición entre el agua y la tierra.
Según explicó, los investigadores no reconstruyen ese paisaje únicamente a partir de restos visibles. También estudian maderas fósiles, moldes de raíces y partículas microscópicas que las plantas dejaron en los sedimentos, conocidas como fitolitos. Esas evidencias aportan indicios de la presencia de palmeras, bambúes y gramíneas.
“Tenemos registros no solamente a partir de los fósiles, porque tenemos leños fósiles y estructuras de moldes de las raíces”, detalló la investigadora. Cada indicio permite precisar cómo era la vegetación en los sectores próximos a la costa de aquel mar.
Los animales, en tanto, muestran que no todos los puntos tenían las mismas condiciones. Noriega explicó que se encontraron restos de ballenas, delfines, focas y sirenios, un grupo que incluye a los dugongos. También aparecieron animales terrestres en depósitos vinculados con ambientes costeros. Investigaciones del Conicet registraron esa combinación de fauna marina y continental en la Formación Paraná.
Ostras, ballenas y la edad de los sedimentos
Entre los ejemplos que presentó, Noriega mencionó un sitio cercano a Victoria donde el agua cae sobre un antiguo banco de ostras. Ese conjunto de fósiles aporta pistas sobre las condiciones del mar y la ubicación que tenía aquel ambiente respecto de la costa.
El investigador también se refirió a una vértebra de gran tamaño exhibida durante la entrevista. Por sus dimensiones, planteó que podría pertenecer a una ballena de gran porte.
En cuanto a la antigüedad, Noriega indicó que dataciones realizadas sobre ostras sitúan algunos de los registros más recientes en torno a los 6,6 millones de años. Otras mediciones sobre muestras de la zona de Punta Gorda, en Diamante, arrojaron aproximadamente 7,7 millones de años. Explicó que esas diferencias se examinan a medida que aparecen nuevos datos y se ajustan las hipótesis de investigación.
Qué hacer ante el hallazgo de un fósil
Los especialistas pidieron que quienes encuentren posibles restos fósiles den aviso al Museo Provincial de Ciencias Naturales y Antropológicas “Profesor Antonio Serrano”, en Paraná. El organismo interviene en la protección y el registro del patrimonio paleontológico entrerriano, de acuerdo con la Ley Provincial 9686.
Moya señaló que también pueden comunicarse con el Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción (CICYTTP), con sede en Diamante, cuyos equipos estudian los materiales en colaboración con el museo. “Todo lo que encuentran es un conocimiento que está ahí, que está bueno para reconocer y, sobre todo, porque es un patrimonio de todos”, concluyó.