El programa Ecoinsulina incorporó al Círculo Médico Departamento Paraná como punto de recepción de lapiceras de insulina usadas. Se estima que en la zona se desechan más de 510.000 dispositivos al año, equivalentes a unas 10 toneladas de plástico.
El programa Ecoinsulina incorporó al Círculo Médico Departamento Paraná como nuevo punto de recepción de lapiceras de insulina utilizadas, con el objetivo de recuperar los componentes reciclables de estos dispositivos y garantizar un tratamiento más seguro de los residuos sanitarios.
Las personas que utilizan insulina podrán acercar las lapiceras a la sede de la entidad de lunes a viernes, de 8 a 13 horas.
na condición fundamental es retirar previamente las agujas, que deben descartarse por separado para evitar riesgos durante la manipulación del material.
La incorporación se produjo en el marco de una iniciativa impulsada por el Hospital San Martín y la Municipalidad de Paraná. Según las estimaciones difundidas por sus responsables, en la ciudad y su área de influencia se descartan aproximadamente 510.288 lapiceras de insulina por año, que representan alrededor de 10 toneladas de residuos plásticos.
Un residuo con gran potencial de recuperación
Cerca del 80% de los componentes de las lapiceras son reciclables, por lo que desde el programa remarcaron la importancia de separar correctamente los dispositivos y evitar que terminen mezclados con los residuos domiciliarios habituales.
La iniciativa pretende recuperar más de 10 toneladas anuales de plástico proveniente de elementos utilizados por personas con diabetes. Paralelamente, busca generar conciencia sobre la gestión responsable de este tipo de materiales y establecer un circuito seguro para su procesamiento.
El impulsor del proyecto, Fabián Tedesco, jefe de Endocrinología del Hospital San Martín, explicó que la propuesta surgió a partir de una inquietud concreta planteada por una paciente durante una consulta: qué debía hacer con las lapiceras una vez terminada la insulina.
Cómo nació el programa Ecoinsulina
“Estas lapiceras son de un material plástico reciclable. La idea del proyecto es que todas aquellas personas que utilicen insulina las junten y las lleven a alguno de los puntos de recolección”, explicó Tedesco.
A partir de esa consulta comenzó a desarrollarse un mecanismo específico de recuperación. El proyecto puso el foco no solamente en el potencial de reciclaje del plástico, sino también en las condiciones de seguridad necesarias para que quienes reciben y procesan los dispositivos no estén expuestos a elementos cortopunzantes.
Por esa razón, una de las principales recomendaciones es no colocar las lapiceras con sus agujas en los cestos habilitados. Los elementos punzantes requieren un tratamiento diferente y deben mantenerse separados del material destinado al reciclaje.
Qué hacer con las agujas usadas
“Tenemos que tener el cuidado de llevar las lapiceras sin las agujas. Este es uno de los puntos más importantes para poder proteger a aquellas personas que van a procesarlas en los puntos de recolección”, remarcó el jefe de Endocrinología del Hospital San Martín.
Las agujas deben colocarse en un recipiente plástico rígido, como puede ser una botella de agua mineral o de gaseosa. De esta manera permanecen aisladas y se reducen los riesgos de pinchazos accidentales durante su manipulación.
La recomendación forma parte de las medidas de seguridad del programa y resulta indispensable para que las lapiceras puedan ingresar al circuito de recuperación sin representar un peligro para trabajadores y personas encargadas de clasificarlas.
Más de medio millón de lapiceras cada año
Las dimensiones del problema surgieron de las estimaciones realizadas por el equipo que impulsa Ecoinsulina. En la región habría alrededor de 10.500 personas que utilizan insulina de manera habitual.
“Esto genera más de medio millón de lapiceras anuales, lo que sería equivalente a 10,5 toneladas”, precisó Tedesco. La cantidad de plástico generada explica la decisión de ampliar progresivamente la cantidad de sitios habilitados para recibir los dispositivos.
El volumen anual también muestra el potencial ambiental de la iniciativa. Al tratarse de elementos cuyo contenido plástico es mayoritariamente recuperable, la separación en origen permite evitar que toneladas de material susceptible de reciclaje terminen dentro del circuito convencional de residuos.
Dónde se pueden entregar las lapiceras
Además del nuevo espacio habilitado en el Círculo Médico Departamento Paraná, el programa cuenta con cestos especiales de recuperación distribuidos en diferentes Centros de Salud de la capital entrerriana.
Los dispositivos pueden llevarse al Centro de Salud Padre Kentenich, en 1° Congreso Mariano Nacional 3057; San Martín, ubicado en Ameghino al final; Papa Francisco, en El Aguaribay y Afroentrerrianos/as; Toma Nueva, en Rondeau y El Viraró; Illia, en Provincias Unidas 345; y La Milagrosa, en Francia y Las Magnolias.
La ampliación de los lugares de recepción busca facilitar que las personas que utilizan estos tratamientos puedan conservar las lapiceras después de su uso y entregarlas posteriormente en un espacio cercano habilitado para su recuperación.
Una propuesta ambiental surgida desde la salud
Con la incorporación del Círculo Médico, Ecoinsulina amplió así la red disponible para gestionar un residuo generado cotidianamente por miles de pacientes. La iniciativa combina una problemática vinculada con el tratamiento de la diabetes con una estrategia de recuperación de materiales reciclables.
Desde el proyecto remarcaron que el objetivo es instalar progresivamente una práctica sencilla: separar las agujas, conservar las lapiceras y acercarlas a los puntos habilitados, en lugar de desecharlas junto con la basura domiciliaria.
De esta manera, el programa apunta a recuperar las más de 10 toneladas de plástico que se estima generan anualmente estos dispositivos en Paraná y su área de influencia, mientras promueve una gestión segura de los residuos sanitarios y disminuye su impacto sobre el ambiente.