REDACCIÓN ELONCE
Carne de burro surge como una alternativa productiva en la Patagonia ante la crisis ovina, con buenos resultados comerciales y expectativas de expansión.
La carne de burro comienza a posicionarse como una opción innovadora en el sur argentino. En este contexto, se presenta como una respuesta concreta a las dificultades productivas que atraviesan algunas regiones de la Patagonia, especialmente aquellas afectadas por la caída de la actividad ovina. Desde Trelew, el productor Julio Cittadini impulsa este proyecto que ya muestra resultados alentadores.
“Nosotros acá tenemos un problema productivo. En la Patagonia, hay campos que se usaron muchos años para la oveja y por razones de los depredadores y con el puma a la cabeza, han dejado de ser útiles. Esos campos no son aptos para vacas en la mayoría de los casos y es ahí donde surge la posibilidad del burro como un comodín productivo. Lo recalco porque se ha corrido la voz que el burro aparece en el mercado por la situación difícil que existe”, explicó en el programa "Moviendo el Avispero", que se emite por Elonce Radio & Streaming FM 98.7.
“Esto es un proyecto productivo que responde a una zona determinada y por eso surge la producción de la carne de burro”, agregó, dejando en claro que no se trata de una solución improvisada, sino de una estrategia adaptada a las condiciones del territorio.
Una respuesta a la crisis ganadera
El proyecto tiene apenas dos años de desarrollo formal, aunque su impulsor ya contaba con experiencia previa en la cría de estos animales. La decisión de avanzar de manera decidida surgió a partir del deterioro de la actividad ovina.
“El proyecto tiene dos años de existencia. Aunque ya tenía experiencia con burros de años anteriores. Cuando se me presentó el problema con los ovinos, fue cuando decidí agarrar esto en forma coherente y en serio. Ahí surgió todo este tema”, relató Cittadini.
En ese sentido, la carne de burro no solo aparece como una alternativa productiva, sino también como una forma de reconvertir sistemas agropecuarios que han quedado obsoletos o inviables en determinadas zonas.
“La carne de burro es muy similar a la de vaca, tanto en aspecto como en gusto. Te puedo asegurar que en una góndola si no estuvieran discriminadas una u otra, la confundirías fácilmente. En cuanto al gusto, pasa exactamente lo mismo y tiene las cualidades nutritivas similares a las de la vaca y en algunos puntos, mejor todavía”, aseguró.
Características y calidad del producto
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la calidad del producto final. Según explicó el productor, la carne presenta características muy similares a las del ganado vacuno, lo que facilita su aceptación en el mercado.
“La terneza está dada por la calidad de los animales y por el manejo que hayan tenido. Acá en la prueba piloto que hemos tenido, nos mandaron animales de dos años y medio y la idea es que cuando tengamos el permiso definitivo manejarnos entre año y medio y dos años y medio. En cuanto a los cortes, son exactamente lo mismo que los de la vaca. Tal vez un poco de menor tamaño porque el animal es de menor tamaño, pero son los mismos cortes. La preparación puede ser igual”, comunicó.
Además, destacó que la alimentación natural de los animales permite ofrecer un producto ecológico, un valor agregado cada vez más demandado por los consumidores: “La alimentación es natural por lo que podemos asegurar que es un producto ecológico”.
Etapas de prueba y resultados positivos
El camino hacia la consolidación del proyecto incluyó una serie de pruebas piloto que arrojaron resultados altamente positivos. Estas experiencias fueron clave para avanzar en la habilitación oficial.
“Nosotros pedimos la habilitación de un matadero local. Tanto el Ministerio de la Producción provincial y Senasa hicieron una prueba piloto sobre cómo funcionaba la línea de matadero. Aprovechando este faenamiento, nos autorizaron a una venta en carnicerías y hacer la degustación. Las tres etapas (matadero, carnicería y degustación) fue un éxito rotundo”, amplió.
“Estamos esperando que en los próximos días salga la autorización definitiva”, indicó, mostrando optimismo respecto a la formalización del circuito productivo.
En cuanto a los parámetros de producción, detalló aspectos técnicos relevantes para entender el funcionamiento del sistema.
“La faena, una vez que tengamos los permisos definitivos, va a oscilar entre el año y medio y dos años y medio. Esto se debe a que en los burros hay distintos tamaños y tenemos que jugar un poco entre la edad y el tamaño”, aclaró.
Rendimiento y rentabilidad
El rendimiento de la carne de burro es otro de los puntos que llaman la atención dentro del sector agropecuario. Según Cittadini, los números son competitivos frente a otras producciones tradicionales.
“El burro va a andar entre 120 y 150 kilos, va a depender del tamaño. Ese va a hacer el peso del animal limpio”, sostuvo, a la vez que “el kilo en pie el rendimiento del animal vivo al gancho anda en el 57%. Es un rendimiento mayor que el vacuno”.
Además, subrayó que la rentabilidad está prácticamente asegurada en contextos donde otras actividades no son viables: “Al no poder tener ovejas y no poder hacer campos aptos para la vaca, la rentabilidad del burro siempre va a ser positiva porque no se puede hacer otra cosa. No tenemos bien determinado una comparación de lo que producía la oveja a lo que va a generar el burro. Supongo que los valores van a ser similares”.
También explicó las particularidades del sistema productivo en términos de superficie necesaria: “Se necesitan seis y siete hectáreas por burro. Acá la situación es distinta a la Pampa húmeda”.
Demanda, precios y proyección
Uno de los datos más llamativos del proyecto es la rápida aceptación por parte del público. La experiencia comercial inicial superó ampliamente las expectativas.
Además, detalló que se logró vender en un día y medio toda la carne de burro en la carnicería, cuando las expectativas eran quedarse sin stock en una semana. En la degustación, ocurrió un caso similar. “El éxito acá ha sido total. La resistencia de la gente es prácticamente nula. Todo el mundo está encantado con probarla, degustarla y el resultado que tuvo”, aseguró.
Sin embargo, el crecimiento del proyecto será gradual y dependerá de la capacidad de aumentar la producción. Por el momento, descartó el traslado a góndolas de otras provincias: “Tenemos que acrecentar la producción y una serie de cosas más. Al hablar de pasar a otras provincias, necesitamos tráfico federal, que no es lo que estamos solicitando en estos momentos”.
En cuanto al precio, actualmente se ubica en un valor competitivo dentro del mercado cárnico. El precio está a $7.500 pesos, pero se prevé que no sea el valor definitivo. “Nunca va a superar el 50% de lo que vale la carne de vaca”, señaló.