En las sierras de Córdoba, donde las tradiciones textiles se transmiten de generación en generación, un artesano indígena dedicó ocho meses de trabajo a confeccionar un poncho destinado al papa León XIV. La prenda fue elaborada íntegramente a mano y representa los paisajes de su provincia, pero también lleva consigo una historia familiar y un pedido de reconocimiento a los pueblos originarios.
El protagonista es Erick, integrante de la comunidad indígena Unión, quien recibió el encargo de realizar una pieza que reflejara la identidad cordobesa y pudiera ser entregada al pontífice ante una eventual visita a la provincia.
“Representé la sierra y los ríos de Córdoba”, contó el artesano durante una entrevista con Infobae Al Amanecer, al explicar los motivos que eligió incorporar al tejido.
Ocho meses de trabajo, desde la lana hasta el telar
La elaboración del poncho comenzó mucho antes de sentarse frente al telar. Erick cría ovejas y llamas, de las cuales obtiene la fibra que utiliza para confeccionar sus prendas.
“Yo hago todo el proceso”, explicó al describir una actividad que incluye el cuidado de los animales, la esquila, la preparación de la lana, el hilado, el teñido y finalmente el tejido.
La esquila se realiza entre septiembre y diciembre, siguiendo los ciclos naturales de los animales. Una vez obtenida la lana, el artesano prepara los hilos y comienza el proceso de teñido mediante técnicas tradicionales.
“El teñido me lleva más o menos tres días”, relató. Para conseguir los colores utiliza ollas colocadas sobre fuego al aire libre, por lo que debe prestar especial atención a las condiciones climáticas.
El viento puede dificultar el procedimiento, ya que las ráfagas representan un riesgo para la lana que se encuentra cerca de las llamas. Por ese motivo, Erick debe elegir cuidadosamente las jornadas de trabajo.
Cada una de estas etapas formó parte de los ocho meses que necesitó para completar el poncho destinado al Vaticano.
Las sierras y los ríos de Córdoba, presentes en el tejido
El diseño de la prenda también tuvo un significado especial. Erick incorporó en la guarda referencias a las sierras y los ríos cordobeses, con la intención de representar el territorio donde vive y trabaja.
La elección respondió al pedido de elaborar una pieza que expresara la identidad de la provincia y pudiera convertirse en un regalo para León XIV.
De esta manera, el poncho reunió materiales obtenidos de sus propios animales, técnicas tradicionales y elementos del paisaje cordobés.
Para el artesano, cada detalle del tejido tiene una relación directa con su territorio y con los conocimientos transmitidos dentro de su comunidad.
Una tradición familiar que se mantiene desde hace 500 años
La historia de Erick también está vinculada con los saberes que recibió de su madre, su abuela y sus tíos, quienes conservaron las prácticas artesanales que él continúa utilizando.
“Repetimos actos que mis antepasados han hecho”, expresó al referirse a una tradición que, según explicó, se transmite desde hace más de 500 años.
El artesano destacó que su trabajo no consiste únicamente en producir prendas, sino también en preservar conocimientos heredados de sus antepasados.
“Yo reivindico a mis ancestros”, afirmó al describir la importancia que tiene para él mantener las técnicas de crianza, hilado, teñido y tejido.
También explicó que el vínculo cotidiano con sus ovejas y llamas forma parte de esa herencia. Conocer a los animales, cuidar su alimentación y observar su comportamiento son tareas que considera inseparables de su oficio.
El antecedente de un poncho que llegó al papa Francisco
La confección de una prenda destinada a León XIV no fue la primera experiencia de Erick relacionada con el Vaticano.
Anteriormente, el artesano había participado junto con otros artistas argentinos en la elaboración de un poncho colectivo que fue entregado al papa Francisco.
Tiempo después, pudo ver una fotografía del pontífice argentino con aquella creación, una imagen que conservó como recuerdo de esa experiencia.
Ahora, con el nuevo poncho terminado, espera que pueda repetirse una situación similar y que León XIV llegue a utilizar la prenda.
La posibilidad de que el regalo llegue al Vaticano también generó expectativas entre sus familiares, vecinos e integrantes de la comunidad indígena Unión.
Un pedido de reconocimiento para los pueblos indígenas
Detrás del regalo, Erick también expresó un mensaje relacionado con la historia y la situación actual de las comunidades originarias.
El artesano manifestó su expectativa de que León XIV, quien tuvo contacto con comunidades indígenas durante su trayectoria religiosa en Perú, pueda comprender el significado cultural del trabajo artesanal.
“Nosotros no pedimos más nada. Sino que se reconozca”, sostuvo al referirse a la necesidad de visibilizar la historia y los derechos de los pueblos indígenas.
En ese sentido, recordó los procesos históricos que atravesaron las comunidades originarias durante los últimos cinco siglos y mencionó el papel que tuvieron la corona y la Iglesia católica.
“La memoria es importantísima para el pueblo”, expresó.
Erick también cuestionó lo que considera una falta de participación de las comunidades indígenas en las decisiones políticas nacionales que las afectan.
“No hay ese escucha y no hay ese acompañamiento”, señaló al reclamar mayor atención a las necesidades y propuestas de los pueblos originarios.
Un regalo que lleva mucho más que lana
El poncho destinado a León XIV reunió ocho meses de trabajo, conocimientos familiares y materiales obtenidos de los animales que Erick cría en las sierras cordobesas.
Desde la esquila hasta el último tramo del tejido, cada etapa fue realizada mediante procedimientos artesanales que forman parte de la identidad de su comunidad.
La prenda espera convertirse en un obsequio para el pontífice ante una eventual visita a Córdoba. Sin embargo, para su creador, el significado del regalo va más allá de esa posibilidad.
En sus guardas quedaron representados los paisajes de Córdoba y, en cada hilo, una tradición que Erick busca preservar para las próximas generaciones.