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Sociedad Un oficio milenario

El uso del piercing, cada vez más extendido en la sociedad

Perforarse el cuerpo puede ser doloroso y gratificante a la vez. El ser humano ha modificado su imagen desde tiempos ancestrales desarrollando un arte milenario que supo mantenerse en el tiempo y perdurar en las sociedades contemporáneas.

8 de Junio de 2014

Perforarse el cuerpo puede ser doloroso y gratificante a la vez. El ser humano ha modificado su imagen desde tiempos ancestrales desarrollando un arte milenario que supo mantenerse en el tiempo y perdurar en las sociedades contemporáneas.

Si usted es impresionable, no lea esta nota. Piercing es un gerundio del verbo inglés “to pierce”, que significa atravesar, punzar o agujerear. Es el nombre que se le da a la práctica y también al elemento decorativo que cada vez más personas deciden incorporar en los lugares habituales o “extremos” de sus cuerpos. Los más usados son los pequeños aros rematados con una esfera, aunque en los últimos tiempos se ha ampliado la oferta de tamaño, forma y material utilizado. Para la colocación, existen diferentes medidas de agujas o catéter, para los distintos tamaños de piercings.

 

ESTÉTICAS. Púa, estudiante universitario de 31 años, luce uno en el labio inferior desde los 24. “Para mí, es la estética del amor: cada una de las marcas que tengo en el cuerpo tienen que ver con alguna relación que viví. Es para no olvidar”, cuenta. Antes, tuvo en la ceja y también en la oreja; y además tiene un tatuaje en la espalda, como “otras cicatrices” de su vida. No le molesta, dice, aunque le dolió en su momento. “Limpiarla causa una mezcla de placer y un poco de dolor a la vez”, reconoce. Si bien con el tiempo el piercing se invisibiliza, pasando a formar parte habitual de la imagen del portador, Púa declara que “cuando te mirás al espejo te ves la marca, el piercing, y te acordás…”.

Mariana Julia, peluquera de 26 años, usa piercing desde los 17 “porque mi mamá no me hizo ningún agujero de chiquita, y me lo quise hacer yo”. Lo lleva por estética, porque le gusta. Muestra uno en la ceja y otro en la lengua, antes también tuvo en la nariz.

 

OFICIO. Adrián Ruhl es colocador y tatuador profesional, y él también tuvo distintos piercings que se fue quitando con el tiempo; hoy sólo conserva uno en un pezón (el más doloroso a la hora de agujerearse, al igual que el cartílago de la oreja, aunque no así la lengua que es “cómo atravesar un jamón”). “El de la lengua lo tuve 14 años y me lo saqué, porque es un aro estúpido que no lo lucís, y te rompe los dientes”, advierte. En Maite Tattoo, su local de Urquiza al 400, conversa con El Diario mientras da turnos para tatuajes y perforaciones. Para trabajar de esto no hay academias oficiales; se aprende en seminarios, charlas y con la práctica. En general, estos seminarios se dan en Buenos Aires, Rosario o Santa Fe. Se trata de un oficio que se transmite casi artesanalmente, como de maestro a aprendiz.

Adrián sostiene que la gente que se acerca a perforarse viene en aumento, aunque se ve más en verano porque la mayoría lo hace por moda, “lo cual es una equivocación, porque el piercing de ombligo, por ejemplo, tarda seis meses en curarse adecuadamente”. Trabaja con acero quirúrgico y con titanio, que es un poco más caro pero sirve para aquellos cuerpos que rechazan el acero. Asegura que es importante contar con material confiable, saber a quién se le compran los insumos. En su caso, decide no colocar en ciertas partes del cuerpo: testículos, por ejemplo, o surface (nuca). El del ombligo es el más común, también el de cejas, el de nariz, el trabus (oreja) y labret (labio). En sus cuatro años al frente del local, una sola vez le pidieron un piercing de vagina. “Los clientes ahora son de clase media para arriba, y ya no hay edades: desde los ocho o nueve años hasta una señora de setenta largos que nunca se había agujereado y quería ponerse algo”, detalla.

En 2013, calcula haber realizado unos 1500 tatuajes, y en cuanto a piercing su promedio es de 4 por día. Si el que se acerca es menor de 18 años, tiene que llevar DNI y una autorización firmada de los padres, que también debe indicar en qué lugar permiten la perforación. “Tinelli (con sus tatuajes) ayudó mucho a esto. Ahora vienen médicos, odontólogos, enfermeros, gente que antes no se hubiese tatuado o perforado, porque hace diez años atrás era considerado como algo marginal”, reflexiona Adrián. Además de los piercing, comenta que los “cuernitos” y “túneles” también están en crecimiento. Los túneles son agujeros en los lóbulos de las orejas, “que viene de los indios”, aclara. Estos se realizan con expansores de distintos tamaños que van ampliando el orificio hasta que entra el aro, que deja una abertura en el medio del lóbulo.

 

Cuidados. Carla Collante, del servicio de Odontología del Hospital San Roque, coincide en que se ven cada vez más los piercings entre adolescentes que acuden a las consultas. “En carrillo, labios, frenillos, úvula y lengua”, detalla. “Se debe tener mucho cuidado, ya que esos son lugares donde pasan paquetes vásculo-nervioso y se corre riesgo de lastimarlos, perdiendo sensibilidad y hasta motricidad. Si uno no tiene los cuidados necesarios –sacarlos y limpiarlos con una gasa antiséptica con cada cepillado, o sea tres veces por día- se pueden producir infecciones”, precisa la doctora. “La lengua es una zona muy complicada, que de inflamarse puede obstruir el paso de aire a los pulmones produciendo, en caso extremo, asfixia. No recomendaríamos a nadie hacerse un piercing, y en caso de decidirlo, hay que ir a un profesional para evitar complicaciones”, concluye. Las casas especializadas en la materia suelen dar indicaciones por escrito con las curaciones necesarias, consejos de higiene y cuidado (que varían en intensidad y duración) para cada tipo de perforación.

Es probable que en los últimos tiempos exista una mayor apertura social hacia las personas con su cuerpo intervenido, y que en esto hayan influido algunos famosos con sus iniciativas. La moda, la estética y la belleza parecen haber desplazado al sentido de pertenencia y la identidad grupal de quienes usan tatuajes, piercings y túneles. Lejos quedó el ritual sagrado que incluía el uso de estos elementos decorativos con los que algunos seres humanos deciden adornarse el cuerpo.

 

El hombre de las tres bocas

Hace algunos días, la imagen de Joel Miggler recorrió las redes sociales por su apariencia extrema: Joel, un alemán de 23 años, se colocó túneles en ambas mejillas, por lo que pueden verse sus dientes, encías y lengua a través de ambos agujeros que tienen casi 4 centímetros de diámetro. También se bifurcó la lengua, tiene dos “T” clavadas en el pecho y dos agujeros más en la nariz. El joven comenzó estas prácticas a los 13 años, y se define como “artista de su cuerpo”. Además de esos expansores, lleva 25 piercings y otros tantos tatuajes distribuidos en toda su humanidad.

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