La camionera entrerriana Marisel Reynoso tiene 24 años, conduce un Mercedes Benz 1114 en Entre Ríos y construye su futuro entre rutas, sacrificios y el anhelo de tener una casa propia y su propio camión.
La camionera entrerriana Marisel Reynoso convirtió una pasión de la infancia en una forma de vida. A los 24 años, la joven radicada en Gualeguay, Entre Ríos, se desempeña en el transporte de granos a bordo de un Mercedes Benz 1114 modelo 1978, una tarea que considera el trabajo de sus sueños y que hoy representa una herramienta fundamental para alcanzar nuevas metas personales y familiares.
Su llegada al sector del transporte pesado no fue casualidad. Desde muy pequeña estuvo vinculada al mundo de la mecánica y las máquinas gracias a la influencia de su padre, Juan Carlos Reynoso. A los 11 años comenzó a acompañarlo en el taller, donde aprendió conceptos básicos de reparación y mantenimiento que con el tiempo se transformaron en habilidades concretas para desenvolverse en el rubro.
“Me gustan los fierros y me gustan las máquinas. Y siempre decía de chica: ‘Voy a ser camionera, sí quiero camiones y quiero ser camionera’. Y luego me puse y lo logré”, relató emocionada al recordar cómo nació una vocación que la acompañó durante toda su vida.
Una pasión que nació en el taller familiar
Criada en la localidad santafesina de Maggiolo, Marisel encontró en el taller de su padre un espacio de aprendizaje permanente. Allí comenzó alcanzando herramientas y observando tareas mecánicas, hasta involucrarse directamente en reparaciones más complejas vinculadas al tren trasero de los vehículos.
“Lo hizo metiéndome, preguntando, alcanzando las llaves en el taller y así”, recordó sobre la metodología que utilizó su padre para enseñarle el oficio. Con el paso de los años logró adquirir conocimientos sobre diferenciales, ruedas y palieres, aunque reconoce que las tareas vinculadas al motor requieren una especialización diferente.
Su primera experiencia manejando un camión también llegó a una edad temprana. Durante la preadolescencia tuvo la oportunidad de conducir un camión volcador 1114 cargado con estiércol, una experiencia que confirmó definitivamente que su futuro estaría ligado al transporte.
Los primeros kilómetros y el desafío de hacerse un lugar
Una vez más cerca del mundo profesional del transporte, encontró apoyo en Conrado Verón, a quien define como su mejor amigo. Fue él quien le prestó un Scania 112 y le enseñó los primeros pasos para manejar una unidad de gran porte con acoplado y carga.
“Me tenía paciencia, me explicó todo cómo tenía que ser. Todo ya con acoplado y carga. O sea, empecé de una a lo grande”, recordó. Gracias a esa experiencia pudo realizar posteriormente su viaje más largo hasta el puerto de Louis Dreyfus Company (LDC), en General Lagos.
“Fue lo mejor. Aprender todo, escuchar los consejos que te dan y hacerse respetar para que a uno lo respeten”, afirmó a La Nación sobre una experiencia que considera clave en su formación profesional.
Actualmente realiza trayectos cortos dentro de Entre Ríos mientras aguarda que el vehículo para el que trabaja complete trámites técnicos que le permitan operar fuera de la provincia. Sus ingresos dependen de la cantidad de viajes realizados y de las tarifas vigentes por kilómetro recorrido.
Trabajo, maternidad y esfuerzo diario
Además de conducir, Marisel también se encarga de resolver inconvenientes mecánicos cuando aparecen en medio de los caminos rurales. “Ayer, estuve todita la mañana arreglando el camión porque saliendo de un campo se me rompió, así que también hago mecánica”, comentó.
Antes de dedicarse al transporte de granos, trabajó en un tambo en Cañuelas, provincia de Buenos Aires. Allí enfrentó jornadas extenuantes incluso durante su embarazo. “Trabajé en un tambo, embarazada hasta los ocho meses del más grande; después lo tuve y, antes de cumplir el mes, ya trabajaba de nuevo en el tambo”, relató.
Durante aquella etapa también complementaba sus ingresos realizando tareas de limpieza. “Trabajaba ahí y cuando salía del tambo me iba a trabajar a Cañuelas. Me hacía 17 kilómetros en bicicleta para agarrar el tren y me iba a limpiar una casa a Cañuelas. Y ahí a la noche volvía”, recordó.
Sueños sobre ruedas
Madre de dos hijos, de cuatro y dos años, enfrenta diariamente el desafío de compatibilizar la crianza con un trabajo que exige largas jornadas y horarios variables. Para ella, el esfuerzo tiene un objetivo claro.
“Esto es por el futuro. Sí, era un sueño mío de chica, pero lo hago por ellos”, aseguró.
A mediano plazo, aspira a especializarse en el transporte de hacienda, aunque reconoce que todavía existen dificultades para que las mujeres accedan a esos puestos en la región. Mientras tanto, continúa sumando experiencia al volante y proyectando nuevas metas.
“Mi sueño más grande es comprarle una casa a mis hijos o un terreno, ir pensando en hacer la casa, y algún día poder lograr llegar a comprarme mi camión, así sea un 1114, un Ford o un 600, lo que sea. Pero que algo sea mío”, concluyó.