REDACCIÓN ELONCE
La crisis de Granja Tres Arroyos continúa generando consecuencias en toda la cadena avícola. Productores integrados denuncian deudas por crianzas impagas, caída en los valores de producción y dificultades para recuperar la actividad, mientras crece la incertidumbre sobre el futuro de la empresa.
La situación de Granja Tres Arroyos, una de las compañías avícolas más importantes de la Argentina, sigue generando preocupación no sólo entre los trabajadores de sus plantas industriales, sino también entre los productores integrados que históricamente abastecieron de pollos a la empresa. El impacto de la crisis se extiende a toda la cadena productiva y pone en evidencia las dificultades que enfrenta actualmente el sector en la costa del Uruguay.
Durante una entrevista brindada al programa "Moviendo el Avispero", que se emite por Elonce Radio & Streaming FM 98.7, Ricardo Unrein, referente de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos, describió el complejo escenario que atraviesan los criadores vinculados a la firma. Según explicó, muchos productores lograron mantener la actividad gracias a acuerdos con otros frigoríficos de la región, aunque en condiciones económicas considerablemente menos favorables.
“Sí, está complicado, si bien ellos continúan trabajando porque los han absorbido otros frigoríficos de aquella zona, pero lo lamentable es, al haber mayor oferta de galpones, el precio de lo que se paga por pollo terminado es menor”, afirmó Unrein al referirse al presente de quienes dependían de la empresa.
Deudas impagas y pérdidas acumuladas
Uno de los puntos más sensibles de la crisis tiene que ver con las obligaciones pendientes que la compañía dejó con numerosos productores. De acuerdo con el dirigente, la mayoría de los integrados quedaron con importantes acreencias sin cobrar antes de migrar hacia otras empresas para continuar trabajando. “A los productores les quedaron debiendo más o menos dos crianzas, prácticamente a todos. Esa gente resignó dichos cobros y se pasó a otra empresa”, sostuvo. La magnitud económica de esas deudas varía según el tamaño de cada establecimiento, aunque reconoció que se trata de montos significativos.
A la situación financiera se sumaron los problemas operativos que comenzaron a evidenciarse meses antes de la paralización de la actividad. Unrein recordó que durante el último semestre se registraron reiterados inconvenientes en el suministro de alimento para las aves, situación que generó importantes pérdidas productivas.
“En los últimos 6 meses empezó a haber faltantes de alimento, en mayor o menor dimensión. Fue todo por etapas. Hay días que mandaban alimentos, hay días que no te mandaban alimentos. Fue todo un desastre. La empresa empezó a ir quebrándose de a poco”, expresó.
El impacto de las medidas de fuerza
El referente de los productores también se refirió al efecto que tuvieron las medidas gremiales desarrolladas durante los meses previos al agravamiento de la crisis. Según indicó, las interrupciones en la faena provocaron pérdidas adicionales para la compañía debido a la mortandad de aves que permanecían cargadas en los camiones a la espera de ser procesadas. “Las medidas que el sindicato aplicaba fueron muy contraproducentes”, señaló Unrein.
En ese sentido, explicó que cuando se suspendían tareas quedaban camiones completos con pollos esperando hasta el día siguiente, generando una elevada mortandad. “Al otro día iban para arrancar la faena y el 50% de ese pollo estaba muerto porque no soporta tantas horas el animal dentro de la jaula”, aseguró.
El dirigente remarcó que esos animales ya habían sido retirados de las granjas y pesados, por lo que la pérdida económica recaía directamente sobre la empresa frigorífica.
Las dificultades para una eventual reactivación
Respecto de las posibilidades de recuperación de Granja Tres Arroyos, Unrein se mostró cauteloso. Si bien trascendieron versiones sobre la búsqueda de inversores y la necesidad de fondos millonarios para volver a operar, consideró que la reconstrucción de la confianza con los productores demandará más tiempo que la simple reactivación industrial.
“Ellos van a tener que salir a conquistar nuevamente a los creadores con un muy buen precio y me animo a decirte hasta con crianzas pagadas por adelantado”, manifestó.
El dirigente consideró que muchos productores difícilmente vuelvan a trabajar con una empresa que dejó obligaciones pendientes. “De una empresa que los dejó con una deuda, no veo la posibilidad de que muchos integrados quieran volver a criar con ellos nuevamente”, agregó. Además, recordó que si bien la compañía posee granjas propias, ese volumen no alcanzaría para sostener los niveles históricos de faena que caracterizaron a la firma en los últimos años.
Dos realidades distintas en la producción avícola
La crisis también profundizó las diferencias entre distintas regiones productivas de Entre Ríos. Mientras la costa del Paraná muestra algunos indicadores de recuperación respecto del año pasado, la costa del Uruguay continúa sintiendo con fuerza el impacto del cierre de una de sus principales industrias.
“En la costa del Paraná se puede decir que estamos en una etapa algo mejor que el año pasado. Se está pagando mejor, se está pagando en término, hay demanda de galpones y por ese motivo ha mejorado”, explicó.
Sin embargo, la realidad es diferente en las localidades vinculadas históricamente a la planta de Concepción del Uruguay. “La costa del Uruguay está muy mal”, resumió Unrein. Según detalló, la desaparición de una demanda superior a los 200.000 pollos diarios generó un excedente de infraestructura productiva que presiona a la baja los valores que reciben los productores.
A este panorama se suman las dificultades para el ingreso de nuevos actores al negocio. La exigencia de galpones de última generación, los altos costos de inversión, las restricciones energéticas y ambientales, y los requisitos sanitarios representan barreras cada vez más complejas para quienes desean incorporarse a la actividad.
“Hoy para ingresar en el circuito, ya la industria frigorífica está pidiendo los galpones de última generación y un galpón hoy de ese tipo está entre los 400 y 450.000 dólares cada uno”, indicó.
Mientras tanto, los productores que ya se encuentran en actividad logran sostener sus establecimientos, aunque con escaso margen para modernizar instalaciones o realizar nuevas inversiones. Según explicó Unrein, la estabilidad reciente del precio del pollo contribuyó a mantener el funcionamiento del sistema, pero todavía no alcanza para impulsar una renovación tecnológica profunda en las granjas.