REDACCIÓN ELONCE
En diálogo con Elonce, la licenciada Ana Carina Bradanini explicó la llegada de la festividad a la Argentina, cómo tomó forma en Entre Ríos y por qué la provincia se convirtió en uno de los territorios donde más se celebra y se entiende esta tradición.
El carnaval forma parte del calendario cultural de Entre Ríos y está asociado a alegría, disfrute y disfraces. Sin embargo, su presencia en la región es el resultado de procesos históricos que comenzaron hace siglos.
“Uno se queda con el show del carnaval, que está buenísimo, pero el trasfondo artístico y la historia quedan un poco diluidos”, explicó Ana Carina Bradanini, licenciada en Comunicación Social y especialista en la temática, en diálogo con Elonce.
De las fiestas ancestrales a la tradición popular argentina
Según detalló Bradanini, la raíz antecede incluso al cristianismo. “Las bacanales, las fiestas dionisíacas y las fiestas de Isis son de alguna forma los antecedentes del carnaval”, señaló. Posteriormente, el calendario religioso lo integró a su estructura ceremonial al permitir excesos y celebraciones en los días previos a la cuaresma.
Ese fenómeno llegó a América con los conquistadores españoles y portugueses y, con el paso de los siglos, se fusionó con tradiciones afrodescendientes, europeas e indígenas. “El carnaval está atravesado por la negritud, por las fiestas de los pueblos originarios y por una cultura del exceso: brillo, pluma, baile y participación popular”, indicó.
La llegada del carnaval a Entre Ríos y la influencia regional
La especialista explicó que la forma más extendida en Entre Ríos es el denominado “carnaval comparsa”, inspirado en el de Río de Janeiro, que luego migró hacia Uruguayana y Paso de los Libres. “De ahí nosotros empezamos a copiar. Nos pareció lindo porque en los 60 y 70 salía por todos lados”, afirmó.
Esa matriz se consolidó con el tiempo y permitió la conformación de estilos diferenciados en distintas localidades entrerrianas. En Gualeguaychú, actual Fiesta Nacional del Carnaval del país, la impronta está marcada por las escenografías móviles y las megacarrosas, mientras que en la zona norte las comparsas se asemejan más al formato correntino. “Nos ponemos todo: brillo, brillo, brillo”, sintetizó entre risas.
Una forma de expresión artística y social
Para Bradanini, el carnaval comparsa puede pensarse como “una suerte de ópera popular”, en la que una temática se desarrolla a través de música, vestuario, argumentación y escenografía. Esa construcción no depende de artistas profesionales, sino de comunidades que sostienen el trabajo con esfuerzo y dedicación. “En amplísima mayoría son vecinos que componen, cosen, tocan percusión o diseñan sus propios trajes”, describió.
El formato, además, habilita la diversidad. No solo en términos corporales o identitarios, sino también en temáticas y lecturas sociales. “El espíritu del carnaval es integrar lo diverso”, señaló. También destacó que el relato de las comparsas permite transmitir historias locales, memorias y miradas sobre el presente.
La especialista remarcó que el carnaval forma parte de la identidad entrerriana y que su vigencia se sostiene por el entramado comunitario. “Yo termino mis contenidos diciendo: que Momo nos amontone. Esa es la idea: que nos junte, que nos haga sentir bien y que nos divierta”, expresó.