Cada año, más de 4.600 mujeres en Argentina reciben un diagnóstico de cáncer de cuello uterino, y los expertos insisten en la importancia de la prevención y los controles tempranos.
Cada año, en Argentina, más de 4.600 mujeres reciben un diagnóstico de cáncer de cuello uterino y más de 2.200 mueren por esta causa. Las cifras persisten, incluso cuando la medicina cuenta con herramientas concretas para evitarlo. Mañana se conmemora el Día Mundial de Prevención, y el foco vuelve a ponerse en una enfermedad que sigue siendo un problema de salud pública, no por falta de conocimiento, sino por la dificultad de acceso a controles y prevención.
El punto clave es que se trata de un cáncer prevenible. La vacunación contra el VPH y los controles ginecológicos permiten detectar lesiones antes de que avancen. Sin embargo, todavía vemos muchos diagnósticos en etapas tardías, según advierten especialistas.
Argentina “entre los países de mayor carga en Latinoamérica y dentro del segundo grupo a nivel mundial”.
Detección temprana: la clave para salvar vidas
Uno de los mayores desafíos del cáncer de cuello uterino es su carácter silencioso. En las etapas iniciales no presenta síntomas, lo que retrasa la consulta. Cuando aparecen señales, la enfermedad suele estar más avanzada, y se manifiesta con sangrados fuera del ciclo menstrual, dolor pélvico, flujo con mal olor o sangrado durante las relaciones sexuales.
El Papanicolaou y el test de VPH permiten detectar lesiones precancerosas cuando todavía son tratables.
A diferencia de otros tumores, el cáncer de cuello uterino tiene una evolución lenta, que puede extenderse entre 10 y 20 años. Ese margen de tiempo representa una oportunidad: detectar a tiempo puede evitar su desarrollo.
Vacunación y educación: pilares de la prevención
La vacunación juega un rol central en la prevención. En Argentina, la vacuna contra el VPH está incluida en el calendario nacional y es gratuita para niñas y niños a partir de los 11 años. Aplicada antes del inicio de la vida sexual, ofrece la máxima protección contra los tipos de virus de alto riesgo.
Pero la prevención no se agota allí. El uso de preservativo sigue siendo clave para reducir el riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual, aunque en el caso del VPH no garantiza protección total.