El proyecto Sea Lion avanza sobre aguas circundantes a las Islas Malvinas con una inversión inicial de US$1.800 millones. Navitas y Rockhopper proyectan comenzar a producir petróleo en 2028, mientras Argentina rechaza las licencias otorgadas unilateralmente.
El proyecto Sea Lion busca avanzar con la explotación petrolera en aguas circundantes a las Islas Malvinas, cuya soberanía es reclamada por la Argentina. La iniciativa es encabezada por la compañía israelí Navitas Petroleum, que posee el 65% del emprendimiento, mientras que la británica Rockhopper Exploration conserva el 35%. Las compañías apuntan a obtener el primer petróleo durante 2028, pese al rechazo argentino.
El yacimiento se encuentra en la Cuenca Malvinas Norte, aproximadamente 220 kilómetros al norte del archipiélago. El desarrollo comprende las licencias PL032 y PL004b y la primera fase contempla una inversión de unos US$1.800 millones hasta alcanzar la producción inicial.
Las dos petroleras tomaron en diciembre de 2025 la decisión final de inversión para la primera fase, uno de los pasos centrales para transformar el descubrimiento en un proyecto productivo. El financiamiento contempla alrededor de US$1.000 millones de deuda, mientras que las obras de desarrollo ya comenzaron y las perforaciones están previstas para 2027.
Cómo es el proyecto Sea Lion
El plan inicial contempla la perforación de 11 pozos submarinos, que estarán conectados a una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de petróleo, conocida en la industria como FPSO. Para esa etapa será utilizada la embarcación Aoka Mizu, que debe atravesar un proceso de modernización en Asia antes de ser destinada al yacimiento.
La producción de la primera fase está proyectada en torno a los 50.000 a 55.000 barriles diarios y el objetivo empresarial es obtener el primer crudo durante el primer trimestre de 2028. Documentación reciente ubica concretamente esa meta en marzo de ese año.
Las cifras sobre los recursos fueron actualizándose a medida que avanzaron los estudios. Información difundida en 2026 indica que, al 31 de julio, Sea Lion contaba con reservas probadas y probables estimadas en 314 millones de barriles de petróleo. El potencial del área explica la magnitud de las inversiones proyectadas para las siguientes etapas.
Un segundo buque para acelerar la producción
El desarrollo, además, podría adquirir una escala considerablemente mayor a la contemplada inicialmente. Navitas ejerció en agosto una opción para adquirir por aproximadamente US$125 millones el FPSO OSX-1, que sería utilizado para acelerar futuras fases de explotación.
De acuerdo con la última actualización de Rockhopper, incorporar una segunda unidad flotante podría sumar una capacidad adicional de 125.000 barriles diarios. El objetivo es acelerar el desarrollo del Área Central de Sea Lion, más allá de la primera fase prevista para la zona norte.
El esquema ampliado podría llevar la capacidad total de producción hacia niveles cercanos a los 180.000 barriles diarios para fines de 2030, aunque esas etapas posteriores todavía dependen de nuevas decisiones de inversión, financiamiento y desarrollo.
Quiénes están detrás de la explotación
Navitas Petroleum es actualmente la operadora del proyecto Sea Lion y posee una participación del 65%. La compañía israelí ingresó al emprendimiento después de que Harbour Energy decidiera retirarse del proyecto y transfiriera su participación.
Rockhopper Exploration mantiene el 35% restante y está vinculada con la exploración petrolera alrededor de las islas desde hace más de dos décadas. Ambas compañías son considerablemente menores en tamaño que los gigantes internacionales del negocio energético.
La ausencia de grandes petroleras internacionales no es un dato menor. El conflicto de soberanía y la legislación argentina generan un riesgo jurídico y comercial para empresas que, al mismo tiempo, poseen inversiones, activos o contratos dentro del territorio nacional.
Por qué Argentina rechaza el proyecto Sea Lion
Argentina considera ilegítimas las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos realizadas en el área sin autorización nacional. El argumento se inscribe en el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes, mientras las compañías avanzan con autorizaciones concedidas por las autoridades isleñas.
Uno de los instrumentos utilizados por el Estado argentino es la Ley 26.659, que establece sanciones para las personas físicas o jurídicas que desarrollen actividades hidrocarburíferas en la plataforma continental argentina sin autorización. Las consecuencias pueden alcanzar también a empresas relacionadas con esos emprendimientos.
En 2022, la Secretaría de Energía argentina declaró ilegales las actividades de Navitas relacionadas con la explotación hidrocarburífera en Malvinas y dispuso su inhabilitación durante 20 años para desarrollar actividades en el país. Ese marco representa un condicionamiento para proveedores internacionales que poseen otros negocios dentro de Argentina.