Dormir siesta todos los días puede mejorar la atención y recuperar energía, pero su duración y horario son determinantes. Los especialistas explicaron cuánto debería durar, cuál es el mejor momento y cuándo la necesidad de descansar durante el día puede ser una señal de alerta.
Dormir siesta todos los días puede contribuir a recuperar energía, mejorar temporalmente la atención y aliviar el cansancio, aunque los especialistas advirtieron que sus efectos dependen principalmente de cuánto dure el descanso y a qué hora se realice. Una pausa breve durante las primeras horas de la tarde puede resultar beneficiosa, mientras que extenderla demasiado o dormir cerca de la noche podría alterar el descanso nocturno.
El sueño suficiente y de buena calidad constituye uno de los pilares para conservar la salud. En ese contexto, la siesta puede funcionar como un complemento para quienes atraviesan una jornada extensa o tuvieron ocasionalmente una noche de descanso insuficiente. Sin embargo, los especialistas remarcaron que no debería utilizarse sistemáticamente para reemplazar las horas de sueño perdidas.
La somnolencia que aparece después del mediodía tampoco es necesariamente una señal de que una persona duerme mal. Especialistas en sueño explicaron que durante las primeras horas de la tarde se produce un descenso natural del estado de alerta, relacionado con el funcionamiento del reloj biológico. Por esa razón, muchas personas experimentan cansancio incluso después de haber dormido adecuadamente durante la noche.
Cuánto debería durar una siesta para obtener beneficios
La Sleep Foundation indicó que las siestas de aproximadamente 10 a 20 minutos suelen relacionarse con una mejora de la atención y una sensación de recuperación rápida. La clave está en interrumpir el descanso antes de ingresar en etapas más profundas del sueño, que pueden hacer que despertarse resulte más difícil.
Una pausa de pocos minutos puede ser suficiente para reducir la sensación de fatiga y recuperar concentración para continuar con las actividades cotidianas. El beneficio resulta particularmente relevante cuando el cansancio fue ocasional y no responde a una privación de sueño sostenida durante varios días.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) también señalaron que dormir menos de lo necesario puede afectar la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento cotidiano. Una siesta breve puede proporcionar alivio ante el cansancio circunstancial, pero no sustituye una rutina nocturna adecuada.
Qué ocurre cuando la siesta se extiende demasiado
Uno de los principales inconvenientes aparece cuando el descanso diurno se prolonga. Los especialistas explicaron que, al ingresar en fases más profundas del sueño, aumenta la posibilidad de experimentar la denominada inercia del sueño al despertar.
Ese estado puede generar aturdimiento, lentitud, desorientación y dificultades momentáneas para pensar con claridad. De esa manera, una siesta pensada inicialmente para recuperar energía podría producir el efecto contrario durante los minutos posteriores al despertar.
La American Academy of Sleep Medicine (AASM) también advirtió que la somnolencia diurna persistente o la necesidad cotidiana de dormir durante el día pueden ser indicios de un descanso nocturno insuficiente o, en determinados casos, de un trastorno del sueño. Por esa razón, necesitar una siesta diariamente para poder desarrollar actividades habituales no debería ser ignorado si ocurre de manera sostenida.
El horario también resulta determinante
No solamente importa cuánto tiempo se duerme, sino también a qué hora se realiza la siesta. Las recomendaciones de especialistas apuntan a evitar los descansos demasiado avanzados durante la tarde porque pueden disminuir la presión natural de sueño que el organismo acumula progresivamente hacia la noche.
Cuando una persona duerme durante mucho tiempo cerca del final de la tarde, puede llegar a la noche con menos sueño. Esto podría retrasar el momento de conciliarlo o favorecer interrupciones, especialmente en quienes ya tienen dificultades para mantener una rutina estable.
Las siestas extensas o realizadas en horarios diferentes cada día también pueden afectar la regularidad del reloj biológico. Por ese motivo, las recomendaciones vinculadas con la higiene del sueño insisten en conservar, dentro de lo posible, horarios relativamente estables para acostarse y levantarse.
Antes de las 14 o 15, el momento más aconsejado
Para la mayoría de los adultos que deciden incorporar una siesta, las recomendaciones difundidas por especialistas sugieren realizarla antes de las 14 o 15 horas. De esa forma, se puede aprovechar el descenso natural de alerta que ocurre después del mediodía sin acercar demasiado el descanso a la noche.
También resulta fundamental analizar cuánto se duerme durante la noche. Las recomendaciones sanitarias para adultos establecen como referencia general al menos siete horas de sueño por noche de manera regular. Por eso, frente a un cansancio recurrente, la prioridad debería ser revisar la cantidad y calidad del descanso nocturno antes que intentar compensarlo con siestas prolongadas.
Los especialistas recomendaron consultar con un profesional cuando una persona necesita dormir durante el día para poder funcionar normalmente, ronca habitualmente, se despierta sin sentirse descansada o atraviesa episodios frecuentes de somnolencia. Esos síntomas pueden estar relacionados, entre otras causas, con apnea del sueño, insomnio u otras alteraciones que requieren una evaluación específica.
Cómo dormir la siesta sin perjudicar el descanso nocturno
Para quienes disfrutan de descansar algunos minutos después del mediodía, los expertos aconsejaron generar condiciones que faciliten una pausa breve: buscar un ambiente silencioso, con poca luz y una temperatura confortable, además de utilizar una alarma para evitar que el sueño se prolongue, publicó Infobae.
El objetivo de la siesta no debería ser recuperar en una tarde todas las horas perdidas durante la noche. En cambio, puede utilizarse como una herramienta de recuperación puntual que permita mejorar temporalmente el estado de alerta sin modificar el horario habitual del sueño nocturno.
En definitiva, dormir siesta todos los días no es necesariamente perjudicial. Si se trata de un descanso corto, temprano y que no dificulta dormir posteriormente, puede integrarse a una rutina saludable.
En cambio, cuando provoca aturdimiento, insomnio o se vuelve imprescindible para atravesar la jornada, los especialistas aconsejaron revisar los hábitos de descanso y, si la situación persiste, realizar una consulta profesional.